La reactivación de la economía, en peligro

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Una vez concluida la primera ola de la pandemia —y una vez, por tanto, la economía había dejado de desmoronarse—, deberíamos haber experimentado lo que podríamos denominar “fase de reactivación”: aquella etapa de la recuperación en la que los negocios que han sobrevivido al cierre de la economía volvían a ponerse en funcionamiento. De ahí que el crecimiento económico del tercer trimestre de este año debería ser intenso y formidable: si el segundo registró el parón casi total de la economía, el tercero debería reflejar una puesta en marcha parcial que, por mero efecto rebote, se manifestara en tasas muy inusualmente altas de crecimiento. Y aunque probablemente termine siendo así, es verdad que hay algunas señales preliminares que preocupan.

En particular: la OCDE acaba de publicar su indicador compuesto de actividad para el mes de julio y, mientras el resto de países europeos muestran avances en su recuperación, en el caso de España presenciamos un estancamiento. Así, España ha obtenido una puntuación de 93,72 puntos: 0,63 menos que en el mes de julio. Por consiguiente, no sólo se trata de que sigamos apreciablemente por debajo de nuestra media histórica (100), sino que en julio hemos perdido fuelle con respecto a junio.

Este movimiento contrasta con el de otras economías desarrolladas: en el conjunto de la OCDE, el indicador ha aumentado en 0,98 puntos hasta los 97,88 y en la Eurozona ha crecido en 0,64 puntos hasta los 97,29. Vemos, pues, cómo en ambos casos no sólo están por encima de nuestro país, sino que la recuperación se acelera en lugar de frenarse. Las causas de este revés no asombrarán a nadie: España es muy dependiente del turismo, especialmente en los meses de verano, y el descontrol de la epidemia en algunas zonas del país ha terminado por hundir la temporada turística.

Por consiguiente, la reactivación será mucho más parcial y limitada de lo inicialmente esperado. Y la causa, insistimos, es que nuestras autoridades han sido incapaces de compatibilizar la reapertura económica con la seguridad sanitaria: no han sido capaces de coordinar los medios de diagnóstico y rastreo para minimizar la transmisión comunitaria. Por eso, durante el tercer trimestre, el PIB crecerá menos y crearemos menos empleo de lo que habríamos podido lograr con unos gobernantes más eficaces.

¿Cuál es la solución que ha planteado el Ejecutivo ante ese fracaso estatal? Pues esencialmente seguir tirando del endeudamiento público: prolongar los ERTE sine die hasta que toda la economía levante cabeza. Pero el endeudamiento presente, aun cuando pueda sostener la demanda agregada en el corto plazo, supone empobrecimiento futuro: que nuestros políticos nos estén ocultando debajo de la alfombra la miseria que su negligente actuación está generando no significa que esa miseria no exista.

(Juan Ramón Rallo. Diario La Razón)