El Domingo pasado se cumplieron 52 años, más de medio siglo del primer asesinato de ETA. El 7 de junio de 1968 el guardia civil José Antonio Pardines, de 25 años, hijo y nieto de guardias civiles, fue tiroteado hasta la muerte por los terroristas Txabi Echebarrieta e Iñaki Sarasketa tras solicitarles la documentación. Ocurrió en la localidad guipuzcoana de Villabona.

La Guardia Civil ha conmemorado un emotivo homenaje del asesinato de su compañero Pardines. Ver vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=-AZN3SOkvQs&feature=emb_title

Esta efeméride nos sirve para narrar algunos datos del macabro historial de la organización terrorista. Desde el 31 de julio de 1959 que un grupo de disidentes del colectivo EKIN deciden fundar ETA, la banda de asesinos ha dejado un rastro de terror: 853 víctimas mortales desde 1960 y 77 secuestros. Más miles de heridos y familias destrozadas para siempre.

7 de mayo de 1981: Atentado contra el Teniente general Valenzuela

Era temprano, una mañana cualquiera en la que madrugamos para ir al colegio. Todo normal pero no fue cualquier día. Teníamos que hacer a pie el trayecto desde la calle Claudio Coello hasta Conde de Peñalver. Allí cogíamos el bus para llegar al colegio. La parada estaba llena de policías, ambulancias, coches parados, gente aglomerada en la acera. Sangre en el suelo, cuerpos tapados, restos de coche destrozado, …

Fue el 7 de mayo de 1981, ETA realizó un atentado contra el teniente general Valenzuela, jefe del Cuartel del Rey, en la calle del Conde de Peñalver. La colocación de una bomba desde una moto en el coche oficial causó la muerte a un sargento y un soldado y heridas graves al teniente general.

25 de abril de 1986: Coche bomba asesina a 5 guardias civiles

Nuestro día más feliz fue el nacimiento de nuestro primer hijo, con tanta ilusión esperamos el día del parto y tan eufórico fue ese día … Aunque también cansado y extenuante, así que esa noche el bebé durmió en el nido. Estábamos en el Sanatorio de la Virgen del Rosario de la calle Juan Bravo en Madrid. Fue el 25 de abril de 1986, ETA mató a cinco guardias civiles e hirió a otros cuatro con un coche bomba con 20 kilos de Goma 2 en la esquina de las calles de Juan Bravo y de Príncipe de Vergara, justo donde está el Sanatorio.

17 diciembre de 2002: Guardia Civil Antonio Molina

Volvíamos de Madrid, de casa de los abuelos. Era el 17 de diciembre de 2002. El coche lleno de niños pequeños. Por la carretera de La Coruña. De pronto un atasco, en el kilómetro 33. Más de tres horas. Oímos lo que pasaba en la radio. Rezamos.

La carretera de La Coruña se había convertido en una trampa para los conductores que circulaban por la misma. Los explosivos que transportaban los etarras Gotzon Aramburu Sudupe y Jesús María Etxebarria Garaikoetxea, iban a ser utilizados para cometer una serie de atentados escalonados en varios centros comerciales de Madrid el 31 de diciembre.

El Guardia Civil Antonio Molina que les dio el alto, porque le pareció un coche sospechoso, murió en el acto tras recibir tres disparos a bocajarro. El atasco de la carretera fue porque se tuvo que explosionar de forma controlada el coche de los terroristas con los 130 kilos de explosivos que transportaban. Además, el vehículo de los etarras quedó parado al lado de una gasolinera.

19 de junio de 1987: Atentado de Hipercor

Empiezan las vacaciones escolares de verano. Buen tiempo y mucho bullicio en las calles. Mucha gente en las tiendas y centros comerciales, paseando por las calles y disfrutando del inicio del estío. El atentado de Hipercor fue perpetrado por la organización terrorista ETA el 19 de junio de 1987 en la ciudad de Barcelona (España) en un centro comercial de la empresa Hipercor ubicado en la avenida Meridiana de dicha ciudad. Fue el mayor atentado de la historia de la banda terrorista en la capital catalana. Fueron asesinadas 21 personas, entre ellas varios niños.

El atentado se realizó con un coche bomba cargado con 30 kg de amonal, 100 litros de gasolina, escamas de jabón y pegamento hasta sumar 200 kg de carga explosiva. Los miembros del Comando «Barcelona» Josefa Ernaga, Domingo Troitiño y Rafael Caride Simón depositaron el explosivo en el maletero de un Ford Sierra robado que aparcaron en el estacionamiento del hipermercado Hipercor.

Otegui

Otegui al hablar del atentado de Hipercor quiso destacar que ETA dio tres avisos a la Policía de que iba a explotar un coche bomba, que es lo mismo que sugerir que la culpa de los muertos fue de la Policía y no de la banda terrorista. Lo mismo que indicar que ETA también había pedido en diversas ocasiones a la Guardia Civil que en sus casas cuarteles no vivieran las mujeres ni los hijos de los guardias, para no ponerles de esa forma en riesgo ante posibles atentados, como los que se registraron en Vich y Zaragoza. ¿Cabe mayor vileza?

Otegui, ese “hombre de paz”, tal y como lo definió Zapatero, ¡tela!, candidato a las elecciones por Bildu, marca blanca de ETA, y al que miles de vascos le han votado.

Ese con el que ha pactado Pedro Sánchez las últimas prórrogas del estado de alarma por la pandemia del covid en 2020. Aunque las justificaciones del estado de alarma y del pacto con los etarras no tienen como base la seguridad sanitaria, sino los intereses políticos particulares de personajes como Otegui, Sánchez, Iglesias, …¡Y Marlaska, que no se nos olvide Marlaska!. Ese juez transformado en ministro que está consiguiendo el descabezamiento de la cúpula del Instituto Armado, de la Guardia Civil, al completo, incluso que ha apoyado el acercamiento de presos etarras, entre ellos uno de los que participó en el secuestro de Ortega Lara, funcionario de prisiones en Burgos.

Secuestro de Ortega Lara

Fue una de las acciones más despiadadas de ETA. La Guardia Civil logró detener a los miembros del comando terrorista y con uno de ellos, Bolinaga, fueron a la nave donde se supone que tenían secuestrado a Ortega Lara. No se veía el zulo, la trampilla estaba debajo de una pesada máquina. Bolinaga se negó a mostrar el lugar donde estaba el zulo. Pensaban dejar a Ortega Lara enterrado en vida.

532 días, 76 semanas, 18 meses, 1 año y medio. En un zulo de 3 metros de largo por 2,5 de ancho y 1,8 m de altura interior. Ortega Lara sólo podía dar tres pasos en él. Era un amplio ataúd.

Dicen los responsables de la lucha antiterrorista de la Guardia Civil que la liberación del funcionario de Prisiones, obra del instituto armado y, en especial, de los agentes de Intxaurrondo, no deja de ser un ejemplo del trabajo de esta fuerza de seguridad, de sus señas de identidad.

La perseverancia, no caer en el desaliento, la capacidad de resiliencia, su adaptación a las circunstancias… Son valores que la Guardia Civil llevó hasta el máximo exponente en su investigación del secuestro, que no fue nada fácil porque, en principio, «no había elementos tangibles» que permitieran vislumbrar una resolución rápida del caso.

«Fue un pulso a nosotros y al Estado, convencida de que iba a ganarlo», añaden responsables del instituto armado.

Sin embargo, ETA perdió esa batalla, en un «mazazo» que la Guardia Civil asegura estuvo a la altura de las desarticulaciones de las cúpulas de ETA. «La organización y sus simpatizantes comprueban en ese momento que van a perder irremediablemente su causa», resaltan los expertos.

Tras la liberación de Ortega Lara y viendo ETA truncados sus planes de extorsionar al gobierno, se produce el secuestro del concejal de Ermua, Miguel Ángel Blanco.

12 de julio de 1997: Asesinato de Miguel Ángel Blanco

Era el 12 de julio de 1997 y expiraba el ultimátum de ETA al gobierno para acercar presos a Vascongadas. Si no mataría a Miguel Ángel Blanco, concejal del PP en Ermua, secuestrado unos días antes. Toda España en vilo mientras el gobierno de Aznar se mantuvo firme para no conceder las peticiones a terroristas. ETA cumplió su palabra asesinando a Miguel Ángel Blanco. Comenzó la reacción social de las manos blancas, el llamado “Espíritu de Ermua”.

Todos los ciudadanos españoles con uso de razón recuerdan dónde estaban, qué hacían, cómo esperaron impacientes y, muchos, esperanzadamente el desenlace del secuestro de Miguel Ángel Blanco. Los días 10, 11 y 12 de julio de 1997 han pasado a la historia de nuestro país en lo que se ha denominado la revolución democrática del Espíritu de Ermua.

En aquellos días algo cambió respecto a la percepción del terrorismo, algo empezó a cuajar en la conciencia y la movilización contra ETA.

Aunque contra esto seguimos luchando. ETA no ha terminado. Solo está descansando, saboreando el triunfo en los sillones del poder.

Aunque todos los que han formado parte de ETA y los que la han defendido, amparado y estimulado, deberían estar inhabilitados de por vida para ser representantes públicos por el hecho de haber utilizado o apoyado el uso de la violencia para conseguir fines políticos, a través de ETA, sembrando durante más de cincuenta años mucho dolor, muerte y destrucción.

Asesinato de Carrero Blanco

Incluso los que se aprovecharon de ETA para finiquitar el gobierno de Franco y manipular a su conveniencia los inicios de la democracia. El atentado en el murió el Almirante Carrero Blanco, el sucesor que tenía preparado Francisco Franco, condicionó los últimos años del franquismo y también a la misma transición a la democracia.

Así ocurrió en la mañana del 20 de diciembre de 1973. No fue un terremoto, aunque se sintió como si lo hubiera sido.

Un comando de ETA perpetraba un atentado que le costó la vida al almirante Luis Carrero Blanco, persona de absoluta confianza de Franco y que ocupaba la presidencia del gobierno desde el mes de junio anterior.

Carrero acudía todas las mañanas a las nueve a Misa a la parroquia de San Francisco de Borja en Madrid, siendo a continuación recogido por un chófer que le llevaba a Presidencia del Gobierno. Los terroristas aprovecharon para arrendar un semisótano y excavar una galería hasta el centro de la calle Claudio Coello, donde colocaron la carga explosiva que hicieron explotar al paso del coche oficial. Más de 100 kilos de goma 2.

La fuerza de la explosión fue tal que el vehículo saltó por los aires, sobrevolando el edificio religioso, más de 20 metros de altura y yendo a caer en una cornisa interior del mismo. El agujero que quedó en el suelo, un enorme cráter que ocupaba toda la calle.

Fueron acusados de aquel asesinato los etarras José Ignacio Abaitua Gomeza «Marquín», José Miguel Beñarán Ordeñara «Argala», Pedro Ignacio Pérez Beotegui «Wilson», Javier María Larreategui Cuadra «Atxulo», José Antonio Urruticoechea Bengoechea «Josu» y Juan Bautista Eizaguirre Santiesteban «Zigor», todos ellos refugiados en Francia y, en aquella época, protegidos por este país.

En aquella ocasión los terroristas de ETA aseguraron que la muerte del Almirante Carrero Blanco, y también las de las otras dos personas inocentes, eran necesarias para conseguir la democracia. Lo curioso fue que los terroristas «sólo» asesinaron a 45 personas durante la dictadura y, hasta el momento, a más de 800 personas durante la democracia…

Aquel 10 de junio de 1968, hace ya 52 años, al llegar al cementerio para el entierro del guardia civil Pardines, el Teniente General Angosto dijo: La fuerza armada representa la seguridad de la Patria y la defensa de la unidad de los valores sagrados, misión nobilísima contra nuestros enemigos exteriores e interiores, porque atentan más alevosamente contra nuestra unidad”.

En 2018, cuando se cumplieron los 50 años del primer asesinato de ETA, el lugar donde fue asesinado Pardines “pasa hoy desapercibido”. “Por contra el lugar en el que murió su asesino ha recibido todo tipo de homenajes”.

La lucha contra ETA todavía no ha terminado. Los enemigos de España siguen planeando su destrucción y para ello venden su alma al diablo, que antes se llamó ETA y ahora se llama Bildu, Podemos y Sánchez.

Por Redaccion

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