La crisis de microchips azota al sector del automóvil en España

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Peligran más de 200.000 puestos de trabajo en España. Seat ha sido la última marca en anunciar un expediente de regulación de empleo para 11.800 trabajadores que se extenderá hasta el verano próximo

Pocas veces una cosa tan pequeña ha causado un problema tan grande. Y la sequía global de chips semiconductores sigue causando quebraderos de cabeza. En España su impacto, junto con la debilidad de la demanda por la pandemia, se ha traducido en el segundo trimestre en un recorte en la fabricación de vehículos del 21,6% en comparación con 2019, último año sin pandemia. En estos seis primeros meses se han fabricado casi un millón menos de vehículos que en el periodo citado.

ERTE en compañía de automóviles

En todo el sector automovilístico español, hay más de 40.000 empleados, el 60% del total de los trabajadores que conforman las plantillas de las marcas que producen en España, que están afectados por un ERTE.

SEAT fue el primer fabricante en España en lanzar un aviso serio sobre la difícil situación del empleo en el sector por la crisis de los semiconductores. Inició un Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) para 11.800 empleados que, esta misma semana, se ha visto obligado a poner de nuevo en marcha. Hasta junio de 2022, todos sus trabajadores de las plantas en Cataluña, las zonas donde Seat acumula más fábricas en España, estarán en una situación de paro forzoso e indefinición de turnos. Estos 12.000 trabajadores de Seat no serán los únicos en estar pendientes del móvil para saber si deben ir a trabajar o no en función de la recepción de microchips.

La situación de inestabilidad y la imposibilidad de asegurarse el suministro es lo que ha motivado el aluvión de expedientes, aunque se trata de propuestas de máximos, que no tienen por qué llegar a afectar al total del personal incluido.

Origen del problema. Las tecnológicas se hacen con los chips

El problema se originó cuando la pandemia obligó, el año pasado, a paralizar las factorías. El sector tecnológico se hizo con los chips no retirados por las automovilísticas, y se inició un desequilibrio que todavía no se ha logrado compensar. En las últimas semanas no solo no se han resuelto las causas originarias, sino que se han sumado otras nuevas. Factores tan diversos como el incendio de un gran proveedor, Renesas, en Japón; la sequía que afecta a Taiwán -la taiwanesa TSMC copa el 40% de la producción de este componente clave- o el inusitado temporal de frío que sufrió Texas (un apagón obligó a parar la planta de Samsung Foundry en febrero) solo han servido para agravar los dolores de cabeza tanto del sector automovilístico como de las tecnológicas con las que tienen que competir. Lo llamativo es que se trata de una pieza que cuesta “pocos euros”. Su rentabilidad, dice, procede del volumen. Un volumen que ahora mismo, explica, garantizan las tecnológicas más que las automovilísticas.