La intervención de Estados Unidos en Venezuela confirma un giro geopolítico histórico que redefine el equilibrio de poder global.
Venezuela como epicentro del nuevo orden
El 3 de enero de 2026 marcó un punto de ruptura. Estados Unidos ejecutó una operación militar directa en Venezuela y capturó a Nicolás Maduro y a Cilia Flores, quienes gobernaban el país desde 2013.
Las fuerzas estadounidenses trasladaron a la pareja a Nueva Yor. El presidente Donald Trump confirmó los hechos en un discurso en Mar-a-Lago. Anunció procesos judiciales por narcoterrorismo, tráfico internacional de cocaína, posesión de armas automáticas y conspiración armada.
Este movimiento no solo derribó un régimen socialista criminal. También abrió el debate central de nuestro tiempo: si el mundo entra en una fase abierta de reparto geopolítico por esferas de influencia.
Estados Unidos toma el control de Venezuela
Trump definió su plan para una Venezuela post-Maduro con una expresión clara: una “transición segura, adecuada y prudente”. En la práctica, eso significa control directo de Estados Unidos sobre el país. El presidente justificó la presencia militar para evitar el retorno del caos. Sin embargo, Venezuela muestra que la prioridad real de EEUU reside en el dominio total en el hemisferio occidental.
Durante décadas, Estados Unidos centró su estrategia en Oriente Medio. Trump rompió esa lógica. Su mensaje resulta directo: lo cercano importa más que lo lejano. En otras palabras, para Trump, el orden de prioridades es el siguiente: lo que está más cerca de mí es más importante que lo que está lejos, hay que ocuparlo y dominarlo físicamente. Y por tanto, Europa, por ejemplo, es ya secundario.
En este contexto, Washington ya no disimula su ambición de dominio hemisférico. La Estrategia de Seguridad Nacional de 2025 refuerza ese objetivo.
2026: el año de la geopolítica hemisférica
La secuencia comenzó en 2025 con las declaraciones de Trump sobre Canadá y Groenlandia. En diciembre nombró un enviado especial para la isla ártica. El canal de Panamá también figura como objetivo estratégico. Trump considera esa infraestructura vital para Estados Unidos. Acusa a China de influir en su gestión.
Tras Caracas, la pregunta resulta inevitable: ¿cuál será el próximo movimiento? El gran reparto del mundo no constituye un hecho aislado ni acotado a un solo país. Desde Cuba hasta Panamá, los gobiernos del hemisferio occidental actúan ahora bajo presión directa de EEUU.
La intervención en Venezuela demuestra que Estados Unidos aplica un modelo replicable en otros escenarios considerados hostiles. Su plan no busca reconstruir la sociedad civil. Persigue una colonización económica y el acceso privilegiado a recursos.
El reparto cuatripolar global en torno a esferas de influencia
El gran reparto del mundo no termina con la captura de Maduro, ni mucho menos. Al revés, ese episodio abre la puerta a un rediseño completo del orden internacional. Trump ya no oculta su propósito. Aspira a liderar un nuevo sistema basado en poder, territorio y recursos, sin complejos ideológicos ni ataduras jurídicas. Es el mundo cuatripolar.
Trump concibe el mundo como un tablero de grandes potencias soberanas que negocian directamente sus áreas de influencia. Este planteamiento rompe con el multilateralismo surgido tras 1945.
En este nuevo escenario, la legitimidad deja paso a la eficacia. El derecho internacional pierde peso frente a la capacidad de imponer hechos consumados. Venezuela actúa como precedente y advertencia. Estados Unidos demuestra que puede intervenir, ocupar y administrar un país entero sin consenso previo.
Trump convocaría a China, Rusia e India como potencias globales. El mundo será cuatripolar o no lo será. También invitaría a actores regionales clave como Israel, Arabia Saudí, Turquía y Brasil.
Las conversaciones girarían en torno a esferas de influencia. Cada potencia definiría qué territorios considera vitales para su seguridad y prosperidad. A cambio, se comprometería a no interferir en las zonas asignadas a otros. Venezuela anticipa ese modelo sin disimulos. ¿Y cómo quedarían países como Ucrania, Taiwán o Irán? ¿Y los denominados países pequeños?
Ucrania
Ucrania aparece como el primer gran expediente. Trump habría pactado con Vladimir Putin un reparto funcional del país. Rusia controlaría el este. Estados Unidos gestionaría el resto mediante tutela financiera y política. Ucrania quedaría fuera de la OTAN de forma definitiva.
Este acuerdo dejaría a la Unión Europea paralizada. Bruselas carece de capacidad militar y voluntad política. El continente europeo asumiría decisiones tomadas por otros. El gran reparto del mundo confirma ese desplazamiento de poder. Europa ni está ni se le espera.
Taiwán
Taiwán representa el segundo gran punto de fricción. Pekín observa con atención la retirada parcial de Estados Unidos hacia su hemisferio. China podría exigir libertad de acción en Asia Oriental. A cambio, aceptaría el dominio estadounidense en América.
Este intercambio implicaría una cesión histórica. Washington mantendría la ambigüedad estratégica mientras Xi Jinping consolidaría su control regional. Venezuela muestra que este tipo de trueques ya no resultan impensables. China hará con Taiwán lo mismo que EEUU con Venezuela.
Irán
Irán constituye el tercer factor. Una caída del régimen de los ayatolás reconfiguraría Oriente Medio. Estados Unidos e Israel saldrían reforzados. Arabia Saudí y los Emiratos consolidarían su posición. Turquía ampliaría su margen de maniobra. En eso se está en la actualidad con las grandes manifestaciones.
Trump entiende la política internacional como una negociación entre soberanos fuertes. No cree en equilibrios morales ni en derechos universales abstractos. Cree en intereses nacionales claros. El gran reparto del mundo encaja en esa lógica sin ambigüedades.
Los países pequeños
Los países pequeños afrontan el mayor riesgo. Dinamarca ya sufre presión por Groenlandia. Panamá vive bajo amenaza por el canal. Guyana ajusta su política energética a los intereses estadounidenses.
En definitiva , la soberanía se vuelve condicional. Solo conservarán su integridad territorial quienes puedan defenderla. El resto negociará su supervivencia bajo tutela.
Venezuela marca el inicio visible de esta etapa. Venezuela fue el primer movimiento. No será el último, pero confirma el fin del orden posterior a 1945.




