¿Están nuestras libertades amenazadas? | Eusebio Alonso

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La libertad, junto con el derecho a la vida, la educación, la justicia y el derecho a la propiedad privada, son las bases fundamentales de cualquier sociedad civilizada. Cuando se limita alguno de estos derechos, se está hipotecando seriamente el futuro de esa sociedad.

Vivimos una época excepcional en la que se limitan las libertades abiertamente con el pretexto de “paliar” los efectos de la pandemia. Se limita la comunicación, especialmente aquella que es crítica contra el gobierno, bajo el pretexto de evitar la propagación de bulos. Se limita la libertad de circular exhibiendo una bandera de España en el coche. Se amenaza a los ciudadanos con perseguir la desafección con el Ejecutivo. Se permiten agresiones de la extrema izquierda a los que quieren expresar su descontento con el gobierno haciendo sonar una cacerola en la calle. Se acepta la prolongación ilegal del estado de alarma. Se estrangula la economía impidiendo el paso de fases de algunas comunidades como Madrid sin que los criterios de decisión sean transparentes…

Lo peor de todo esto es que muchos ciudadanos empiezan a aceptar la situación como algo natural, sin darse cuenta que la libertad se pierde muy rápido, pero se requiere mucho tiempo, voluntad y esfuerzo para volver a recuperarla. Muy posiblemente se requerirán años para recuperar el terreno perdido. Y eso siempre que no pocos ciudadanos salgan de su letargo.

A lo largo del siglo XXI la izquierda ideológica, ante la silente oposición de la derecha en España, ha ido invadiendo las parcelas de libertad del individuo con la estrategia coercitiva de aplicar calificativos descalificadores para estigmatizar al que discrepa. Tal vez, en un futuro no muy lejano, el proceso de intimidación se culminará prohibiendo por ley la discrepancia en temas sensibles, algo así como si se tratara de la negación del holocausto.

Se llama machista al que cuestiona la constitucionalidad de la ley de violencia de género, por el tratamiento diferencial que tiene un mismo delito si lo comete un hombre o una mujer. El mismo Alfonso Guerra reconoce abiertamente que esta ley ha sido una atrocidad. Esta ley justifica la creación de chiringuitos ideológicos opacos financiados por el dinero de los españoles cuya efectividad es nula a juzgar por la evolución de las estadísticas de violencia “machista”. Pero si asegura una nueva puerta giratoria para la izquierda.

Se crea un ministerio de igualdad para fomentar la discriminación positiva, discriminación al fin, en favor de las mujeres respecto de los hombres. Uno de sus grandes logros es la implantación del sistema de cuotas, garantizando así que no serán los más preparados, sean hombres o mujeres, los que consigan acceder a los puestos de más responsabilidad. De paso alimentan el viejo mantra de la izquierda de la lucha de clases, transformándolo ahora en lucha de géneros. El enfrentamiento social siempre les ha dado votos. Sin embargo, también se los dio a Hitler cuando hizo creer a la población alemana que los enemigos de Alemania eran los judíos. No cabe duda que la jugada es del todo magistral, pero moralmente impresentable ¿Qué ha hecho la derecha para oponerse a la ideología de género? Perdónenme, pero yo no lo recuerdo.

Se llama facha al que se declara en contra de la ley de memoria histórica. Ley que vuelve a resucitar el fantasma de las dos Españas y entierra el espíritu de la reconciliación que surgió de la transición. En una guerra no hay bando bueno. La historia nos habla de dos bandos alejados de la democracia y del respeto a las leyes. Uno de ellos, el que pretendía implantar en España una dictadura comunista satélite de la URSS, llegó a asesinar, tan solo en Paracuellos del Jarama, a más de 5000 civiles de todas las edades por tener costumbres tan poco de fiar como asistir a misa los domingos. Sorprendentemente, hay partidos que aún conservan las siglas que tenían en aquella época y no han tenido siquiera la decencia de pedir perdón por los excesos cometidos ¿Seguirán estando orgullosos de esa parte de su historia?

Me da envidia ver como Europa ha sido capaz de llegar a una reconciliación después de las dos grandes guerras mundiales y millones de muertos. ¿Qué ha hecho la derecha para oponerse a la ley de memoria histórica? Perdónenme, pero yo no lo recuerdo.

Se llama xenófobo al que está en contra de la inmigración ilegal. La inmigración es necesaria sobre todo en un país como el nuestro que ha decidido su suicidio demográfico, consecuencia de la falta de incentivos a la natalidad y de tener cifras récord en número de abortos en relación con la población en edad fértil. Pero esa inmigración, tan necesaria, debe ser legal porque es la única que un país puede asumir sin que se produzca problemas graves de seguridad y de presupuesto. Una inmigración ilegal es obviamente incontrolada, lo que hace que esos problemas de seguridad y presupuesto estén también fuera de todo control. ¿Qué ha hecho la derecha para oponerse a la inmigración ilegal y evitar el suicidio demográfico? Lo único que recuerdo es un recurso de inconstitucionalidad sobre la ley del aborto de Zapatero. Recurso que actualmente lleva 10 años dormido en un cajón del TC ante la complacencia de todos. ¿Alguien puede encontrar normal esta situación?

Se llama centralista al que se queja del sobrecoste del estado autonómico y de las prebendas de los políticos. En mi opinión las autonomías no solo han representado un sobrecoste perfectamente conocido, sin que eso haya justificado mejora alguna en el estado del bienestar, sino que también han ahondado en las diferencias y el enfrentamiento entre españoles convenientemente dirigidos por políticos con intereses estrictamente locales. Por otra parte, se da la paradoja, inconcebible en cualquier país del mundo, de que haya regiones en las que no se pueda escoger el idioma del país como lengua vehicular de la enseñanza. ¿Qué ha hecho la izquierda y la derecha para oponerse a esta deriva secesionista y que dilapida recursos de forma innecesaria? Perdónenme, pero yo no lo recuerdo.

Otro aspecto que cuestiona las libertades es la cruzada emprendida por la izquierda en favor de la enseñanza pública como única opción posible. Estoy convencido que la calidad surge de la competitividad y ésta solo es posible si hay libre elección. Tanto en la enseñanza como en cualquier otro ámbito. Nunca he entendido el lema de “escuela pública de todos y para todos”.

Yo no voy a hablar mal de la enseñanza pública. Sería tirar piedras a mi propio tejado, ya que los títulos que poseo me los he ganado en escuelas y universidades públicas. No obstante, creo que, para asegurar la libre elección no condicionada por el coste, y favorecer la competitividad de los centros públicos y privados de enseñanza, la solución más adecuada sería la implantación del cheque escolar y universitario. Así, si un padre quiere elegir un centro privado para su hijo, el Estado le sufragaría la misma cantidad que estaría dispuesto a gastarse en la educación de esa persona en un centro público.

El discurso de la izquierda respecto de la enseñanza, y en otras muchas cosas, choca con el comportamiento individual de muchos de sus líderes, que defienden la enseñanza pública como única alternativa para los demás, pero llevan a sus hijos a colegios y universidades privados. Si el cheque escolar fuese una realidad, los ciudadanos, a los que la izquierda dice representar, tendrían más fácil acceder a la educación que más les interese. Si hay que defender un lema en relación con la enseñanza, el mío sería “Libertad de elección educativa a un precio justo”.

Recientemente se ha puesto de moda el PIN parental contra el que la izquierda ha saltado con toda su artillería mediática. Se trata simplemente de reclamar el derecho de los padres a poder decidir sobre la educación de sus hijos y, más concretamente, sobre la asistencia o no de un hijo a enseñanzas no curriculares impartidas en el centro donde está escolarizado. La izquierda no tiene reparo en cuestionar abiertamente la declaración universal de los derechos humanos en la que se indica expresamente que “los padres tendrán derecho preferente a elegir el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos” Es lógico que así sea, porque una intervención del Estado sería una imposición totalitaria que ya “sabemos” que no ha sido nunca el objetivo de la izquierda. ¿Por qué llegar tan lejos en un tema aparentemente tan poco relevante? ¿Será, tal vez, porque supone una brecha en el modelo integral de adoctrinamiento diseñado para la escuela pública? No seré yo quien se atreva a afirmarlo. Dejo al lector que saque sus propias conclusiones.

Eusebio Alonso