En un giro diplomático que pasará a la historia como uno de los ejercicios de hipocresía más flagrantes de la política exterior española, el Gobierno de Pedro Sánchez ha decidido avalar la entrada de Irán en el Comité de Programación y Coordinación (CPC) del ECOSOC en las Naciones Unidas. Esta decisión no es un simple trámite burocrático; es una bofetada en el rostro de millones de mujeres que sufren bajo el yugo de un fanatismo islamista radical y una rendición incondicional de los supuestos «valores» que dicen representar ante el pragmatismo más oscuro.
La medida, aprobada en abril de 2026 por consenso dentro del ECOSOC, permite a Irán ocupar el cargo durante tres años. Esta decisión genera indignación porque el régimen islamista de los ayatolás acumula un historial de represión, especialmente contra mujeres. El movimiento revela un giro político que muchos consideran incoherente y peligroso.
De hecho, Estados Unidos ha rechazado la nominación y ha calificado a Irán como un actor no apto. Considera que el régimen vulnera derechos humanos de forma sistemática.
El contexto de Irán: represión
El historial de Irán en materia de derechos de la mujer resulta alarmante. Incluir a Irán en este espacio genera una contradicción evidente. Un régimen que limita libertades básicas ahora participa en decisiones sobre derechos fundamentales. Dar voz a quienes reprimen a las mujeres destruye la credibilidad internacional. Es otra prueba mas de la ideologización de la ONU.
Además, esta decisión sienta un precedente. Si organismos internacionales incluyen a regímenes represivos en puestos clave, la defensa de los derechos humanos pierde fuerza.
El mensaje resulta preocupante: la política pesa más que los principios.
Claves políticas del apoyo español
Esta decisión de España en la ONU no es un hecho aislado, sino la confirmación de una mutación geopolítica profunda. El alineamiento del Gobierno de Pedro Sánchez con el régimen de Irán se interpreta como un paso decisivo hacia un bloque de influencia ajeno a los valores tradicionales de la Alianza Atlántica.
La incoherencia ideológica socialista como política de Estado
Resulta esperpéntico observar cómo un Ejecutivo que se autoproclama «el más feminista de la historia» y que hace bandera del feminismo en cada mitin doméstico, es capaz de estampar su firma para dar poder a un régimen dictatorial que considera a la mujer un ciudadano de segunda clase. Mientras en España se legislan los matices más ínfimos de la convivencia social bajo la lupa del feminismo, en la ONU, el Gobierno de Sánchez ha permitido que los verdugos de miles de personas se sienten en la mesa donde se deciden las prioridades estratégicas de los derechos humanos globales.
Esta es la diplomacia de la deshonra. Al apoyar que Irán influya en los presupuestos y estrategias de la ONU hasta 2029, España no solo ignora la realidad, sino que se convierte en cómplice necesario de la legitimación internacional de una dictadura islamista.
¿Por qué el giro estratégico?: de Occidente al eje globalista-islamista
El apoyo a Irán en la ONU – a la que hay que añadir la reapertura de la embajada de España en Teherán -marca un nuevo punto de ruptura en la política exterior española, consolidando un giro hacia un nuevo bloque de poder donde convergen el socialismo del siglo XXI y el islamismo radical.
Claves
Esta maniobra se analiza bajo las siguientes claves:
- Abandono del Eje Transatlántico: Mientras Estados Unidos y otros aliados tradicionales mantienen una postura de firmeza y sanciones contra el islamismo iraní por su historial de terrorismo y represión, el Gobierno de Sánchez opta por la «distensión», el reconocimiento y el blanqueamiento. Este alejamiento de Washington debilita la cohesión de Occidente y posiciona a España como una «pieza suelta» dentro de la OTAN.
- La mirada puesta en los BRICS: La sintonía con Irán —miembro oficial de los BRICS desde 2024— sugiere un intento del Ejecutivo español por buscar relevancia en este foro alternativo liderado por Rusia y China. Al validar a los socios de este bloque en organismos como la ONU, Sánchez prepara el terreno para una política exterior «multipolar» que prioriza las relaciones con regímenes dictatoriales de izquierda e islamistas sobre las democracias liberales europeas.
- El «Tercermundismo» diplomático: Este movimiento rescata la vieja retórica de la «Alianza de Civilizaciones». Al abrazar a Irán, España se encuadra en una corriente geopolítica que utiliza el antiamericanismo como nexo de unión, permitiendo que el islamismo político gane espacios de legitimidad en Europa a cambio de cuotas de influencia internacional.
- Pérdida de la identidad Occidental: El mensaje enviado es devastador para la credibilidad de España: los derechos humanos y la libertad individual pasan a ser secundarios si el objetivo es congraciarse con el bloque que desafía la hegemonía de Occidente. España deja de ser un baluarte de los valores europeos para convertirse en un puente de conveniencia para regímenes que desprecian, por definición, el estilo de vida occidental.
Cuando la política ignora la verdad
La decisión de España de apoyar a Irán en la ONU no constituye un simple gesto diplomático. Refleja una forma de entender la política internacional donde el consenso importa más que la justicia. La defensa de la mujer no puede depender de intereses políticos ni de equilibrios diplomáticos.
El sanchismo ha demostrado que su feminismo es un producto «fake», de consumo interno, carente de valor cuando cruza las fronteras. No se puede defender la igualdad en Madrid y abrazar a los islamistas fanáticos en Nueva York. Cuando la política ignora la verdad y los derechos fundamentales se convierten en moneda de cambio, la sociedad se vacía de contenido.
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