El miedo a la Luz | Juan de Dios Dávila

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Si hay algo por lo que se caracterizan los tiempos actuales en los que vivimos, es por que todo aquel que tenga una idea diferente a la que promueve la élite económica y digital mundial, propagada por serviles medios de comunicación, es una persona intolerante.

De esta manera se pretende anular la capacidad crítica de las personas y su libertad de expresión. Hoy, pensar es peligroso, porque quien piensa, hace reflexionar a las personas que tiene alrededor y eso es pecado mortal para esa nueva pseudoreligión globalista, que teme que la luz, la libertad, el sentido común pongan en tela de juicio sus propuestas y sus consecuencias para el hombre de a pie.

Esa élite económica que controla la cultura, no quiere que nadie se atreva a pensar, quieren que simplemente traguemos sus ideas sin osar a cuestionarlas. Temen al hombre libre, porque saben que la palabra transforma el mundo al iluminar a la razón y a la voluntad de las personas que están a su alrededor.

Esa élite económica mundial, que controla las principales empresas digitales y financieras, los medios de comunicación con mayor difusión, las más importantes universidades, las mayores editoriales, en definitiva el mundo cultural y económico, despiden sin misericordia a todo aquel que ose pensar y discrepar de la ideología “oficial”. Pero lo expulsan intentando arruinar su honor, su fama, su trabajo, aniquilando a la persona.

Esa élite económica, que se mueve en la oscuridad, no le importa promover una energía cuyo coste arruina al ciudadano medio, pero sin embargo no se atreve a presionar a China que emite tres veces más CO2 que toda Europa; esa élite que promueve la cultura de la muerte promoviendo el crimen del aborto y el suicidio asistido de la eutanasia, todo ello para tener una inmigración cuyo coste laboral sea mucho más barato que el de los países libres; esa dictadura de la ideología de género que hace que la mitad de la población se enfrente a la otra mitad, los hombres contra las mujeres, en lugar de que como familia, juntos y en armonía sean capaces de mejorar el mundo para sus hijos; para esta élite de la cultura de la muerte, el hombre es sólo un mero factor productivo, no lo ve como una persona a cuyo servicio están todos los bienes que a este mundo ha dado la Providencia, es sencillamente algo a lo que usar mientras dé beneficio y desechar una vez que cueste más de lo que produce. La población que aniquilan con el aborto lo quieren cubrir con inmigrantes cuyo coste laboral es inferior y una vez que la persona entre en la vejez y su coste sea superior al valor de lo producido acabar con ellos mediante la eutanasia.

Hoy la oscuridad es grande, pero esa oscuridad teme la luz, porque sencillamente la oscuridad es la ausencia de luz, donde hay luz la oscuridad simplemente desaparece. Por eso, desde esa casta económica globalista buscan socios que impidan que ideas de sentido común puedan ser expuestas libremente.

Es casta materialista, enemiga de la libertad y del hombre, compra voluntades en los partidos políticos que evitan entrar en la batalla de las ideas, asumen la cultura de la muerte; compran medios y periodistas que estén dispuestos a vender su alma por el bienestar de un buen sueldo o fama; compran voluntades en las Universidades usando la vanidad de quien es llamado como consultor de esa casta económica. Su objetivo es que no se permita difundir ideas del disidente de esta nueva religión globalista.

No permiten que se explique que es posible la conservación y el desarrollo, en lugar de someter al hombre a una naturaleza sin alma; no permiten que se difunda que hay una ecología humana que indica que la familia es el mejor ecosistema para el desarrollo equilibrado de una persona; no permiten que la biología indique que hay hombres y mujeres, que lo demás son deseos que no cambian la realidad biológica, y que toda rebelión contra la naturaleza del hombre lleva a su destrucción; evitan que se propague la idea de que la vida de un hombre estará siempre por encima del valor económico de lo que pueda producir; no quieren que las personas tengan una cultura, una familia, una Patria cuyas raíces le hablan de lo justo e injusto, de lo que es bueno para construir una comunidad en libertad; una casta económica que quiere que los hombres estén sometidos a sus deseos más primitivos que les impida sacrificar sus deseos por algo más generoso, justo y elevado y que como drogadictos sin voluntad sólo piensen en buscar su bienestar a toda costa y crean a quien les conceden sus más oscuros y primitivos deseos.

Pero esa casta económica globalista, es un gigante con los pies de barro, basta que haya luz, que haya hombres que sigan pensando y expresando sus ideas que muestran sencillo sentido común, basta que haya luz para que sólo su presencia anule la oscuridad en la que quieren que vivamos.

Ni este gobierno socialista, ni sus socios filoetarras y nacionalistas, ni esa casta económica globalista que controla el mundo digital y financiero, podrán evitar que donde haya luz la oscuridad desaparezca.

Juan de Dios Dávila | Presidente U+D