El Director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, célebre poeta en conciliábulos posmodernos, se ha erigido en defensor de las horteradas y memeces propias de la sociedad y la cultura que nos rodea. Invita a reescribir El Quijote desde una perspectiva ecológica, de género y de no sé cuántas sandeces más, a través de la propuesta del “artista conceptual”, ahí es nada…, Solimán López.
El citado señor propone la utilización de la inteligencia artificial para reinterpretar la novela de Cervantes, desde una visión contemporánea que incluya la sostenibilidad, el género y la crítica sociopolítica. No se puede ser más mediocre, siempre apelando a los mismos tópicos. Ni el mismísimo Jacques Derrida habría estado más lúcido a la hora de “deconstruir” una obra tan compleja y magistral, para después recomponerla. Esto sí que es un ejercicio de posestructuralismo y filosofía posmoderna.
La verdad es que me sorprende, cada día más, la inquietud de la progresía española con romper las raíces y los valores que nos han hecho desarrollar como sociedad. Esta estupidez de iniciativa, no la debería fomentar nunca el Instituto Cervantes, debería hacer lo contrario, promocionar la mejor novela de la literatura universal, que, aunque les pese es española, y extenderla a todo el mundo. Hasta los ingleses en el siglo XIX alabaron las virtudes de Cervantes y eso que los herederos de Shakespeare, no se dejan avasallar por cualquiera, pero claro, la distancia entre ambos autores no admite discusión, por muy anglófilo que se sea.
Sobre El Quijote solo voy a dar unas pinceladas que sirvan para levantar la admiración del ufano y, a ser posible, el interés del reacio. El Quijote es una novela en la que nada de lo que parece es en realidad lo que se cree. Representa un continuo pasaje de personajes y situaciones, reales e irreales, ficticias o no, donde todo tiene una explicación más allá de la mera apariencia.
El Quijote tiene la virtud de recoger todos los géneros literarios que existían en el momento de su concepción, y todos los que han aparecido después. Cuenta, dentro de la obra, con el género de las novelas pastoriles, como en el relato de Grisóstomo y Marcela, que además de ser un alegato a la libertad, es una crítica a la sociedad, ya que ambos personajes se hacen pasar por pastores, cuando en realidad son nobles. Aparece la novela autobiográfica en El Cautivo, donde Cervantes analiza su experiencia en Argel. Se registra también la novela epistolar, como cuando Sancho Panza se escribe con su mujer y con los duques. La novela cortesana en la que aparecen personajes como Fernando, Dorotea, Cardenio y Luscinda. La novela morisca con el morisco Ricote que vuelve a España disfrazado tras la expulsión de los mismos. La novela bizantina en la que los personajes pasan penitencias que acaban en éxito. La novela fantástica con personajes ficticios como el episodio que narra la aventura en la Cueva de Montesinos. Y por supuesto, las novelas de caballerías, en las que el caballero corre mil aventuras con el fin de exponer sus éxitos a su amada idealizada.
Además de todo esto, y mucho más, El Quijote descubre el teatro narrado. Como es una novela no se suele hablar de su incursión teatral, como la que aparece de forma brillante en la segunda parte con el Retablo de Maese Pedro, donde Cervantes inicia el género del teatro narrado- el titiritero y el trujamán que cuenta lo que está sucediendo-, tres siglos antes de que lo hiciera Bertolt Brecht, presentando el escenario descubierto.
Pero Cervantes no se limita a aglutinar todos los géneros que ya existían, si no que los da la vuelta por completo y los transforma. Este es uno de los grandes logros de El Quijote. Y por supuesto, que también tiene poesía, a la que nunca se menciona.
El Quijote es una novela que no tiene época, la actualidad de su crítica a la sociedad sobrevive a los siglos, debido a que Cervantes parodia el mundo perfecto plagado de idealismos, para hacernos ver que la vida real está llena de rufianes, tramposos y defraudadores. Es decir, nos muestra la España del sanchismo cuatro siglos antes de que nuestros políticos actuales existiesen.
Y ya para acabar solo me queda hablar de la locura de Don Quijote. La locura en la literatura no es como la locura clínica. La locura es el uso patológico de la razón, por eso Don Quijote perdió la cordura, pero nunca la razón. Don Quijote hace cosas que desde la cordura nunca podría hacer y esto amplía su libertad, podríamos decir que es una persona muy cuerda que se finge loca. Como dijo el insigne académico Gonzalo Torrente Ballester: “La locura de Don Quijote es una invención de la cordura de Alonso Quijano”.
Señor García Montero, hay temas con los que no se puede jugar, si necesita hacer parodia de algo, que no sea de El Quijote. Es más, el Instituto Cervantes, que no merece dirigir, debería dedicarse a lo contrario a lo que usted le dedica. ¡Déjese de frivolidades por favor!
José Carlos Sacristán | Colaborador de Enraiados





1 comentario en «El Instituto Cervantes reinventa El Quijote | José Carlos Sacristán»