⏲ Tiempo estimado de lectura: 4 minutos
En la historia de la humanidad y las civilizaciones ha habido muchos desastres, muchas corrupciones, mucho egoísmo, mucha opresión, muchas guerras, muchos desastres naturales, etc. pero la peor degeneración que ha existido en cualquier época y nación, ha sido cuando se ha llamado bien al mal (y viceversa). Y esto se ha dado en civilizaciones totalitarias o en otras aparentemente tolerantes, pero siempre, puede que no inmediatamente, a la larga ha llevado a los mayores abusos y a las peores situaciones de degeneración social y humana.
El origen de las leyes en España: campañas y falta de debate
Vamos a analizar dos casos de esto, que se dan en España: hace 45 años, se aprobó el divorcio, y hace unos 41 se aprobó el aborto.
En ambos casos, tras campañas políticas y mediáticas bien planificadas, y con todos los medios a su alcance. En ambos casos, sin ni siquiera permitir un auténtico debate, más allá de lanzar lemas y eslóganes.
Es más, para el divorcio, hasta TVE lanzó una serie lacrimógena («Anillos de oro») donde el guión era siempre el mismo básicamente, o bien hombre maravilloso con esposa insufrible y perversa conoce a mujer maravillosa y… todo acababa «bien», gracias al divorcio, o bien se intercambiaban los papeles (mujer maravillosa….).
De la excepción al derecho: la normalización de la ruptura y el aborto
Tanto con el divorcio como con el aborto, se hablaba de casos extremos e insufribles, que parecían justificar, al menos excepcionalmente, esas medidas tan extremas. Y siempre se apelaba a la libertad personal y a que no afectarían más que a un número reducidísimo de casos. Eso sí, al mismo tiempo se negaba cualquier alternativa en nombre de esa libertad que servía como excusa, por ejemplo, en el debate de la ley del divorcio se negó radicalmente cualquier opción de que los contrayentes pudieran optar libremente también por un matrimonio sin posibilidad de divorcio. Tampoco se dio ninguna opción a todos los que se habían casado con un matrimonio indisoluble a que opinaran por el cambio de condiciones que les hacían sin consultarles.
Hoy, pasadas varias décadas, vemos el efecto final: de casos extremos a situación normal, de un mal a tolerar por la situación tan calamitosa y excepcional a un «bien» que se considera ya un derecho a imponer, defender y sufragar socialmente.
Por otra parte, la excepcionalidad no solo ha desaparecido (por cada dos nuevos matrimonios, se rompe uno. Hay un aborto por cuatro nacimientos, 3 en alguna comunidad, y eso sin contar los abortos tempranos debidos a las 700.000 píldora del día después dispensadas anualmente), sino que su sola existencia legal (defendida ya como derechos) ha transformado radicalmente a toda la sociedad.
La transformación cultural y la crisis del matrimonio joven
Y eso es tal vez lo más grave y dañino, que la gente lo considere como algo bueno. Incluso una persona formada y las ideas claras, cuando se habla de divorcio en España no puede evitar una cierta asociación inconsciente con la idea de libertad, justicia, etc. debido a la enorme carga ideológica que se ha inculcado y se sigue haciendo a todos los niveles. Sin embargo, con sólo hablar de ruptura familiar, cualquier persona sensata siente inconscientemente su gravedad, su drama para los implicados, sus hijos y familiares y para toda la sociedad, porque efectivamente, la quiebra de un matrimonio es un tremendo mal, a combatir y tratar de evitar por todos los medios posibles.
Y su institucionalización y promoción social (sólo hay que ver, como ejemplo, los restaurantes que “celebran” divorcios) un enorme mal a la sociedad y a las personas. ¡Cuantos jóvenes y adultos se ven privados de tener un matrimonio!
Las causas del declive: del individualismo egoísta al matrimonio defensivo
Bien porque les han educado en el individualismo egoísta, que como mucho aspira a relaciones de bajo nivel (poco o nulo compromiso, poco o nulo proyecto de vida, poca o nula apertura a la vida,…) mientras les daban una imagen deformada del matrimonio, entre una idea irreal “Disney” de relación perfecta y maravillosa donde hasta suenan campanitas para siempre y una idea pesimista de imposibilidad de encontrar y comprometerse con alguien para toda la vida, al mismo tiempo que se promociona cualquier tipo alternativo de “relación”.
O bien porque, una vez casados, el planteamiento negativo y defensivo (desde cuentas separadas e independientes hasta una buena parte del tiempo libre por separado con sus amigos y actividades, etc.) combinado con un entorno negativo al matrimonio (“no le aguantes ni una”, “tú tienes derechos”, “pues si no, rompes y ya está”…) que facilita infinitamente la ruptura en cuanto cualquier problema o crisis aparezca.
Y así vemos que la edad media de matrimonio ya está en los 38,5 años (casi 40 años para los varones), los solteros son mayoría hasta los 40 años, que en ninguna franja de edad los casados llegan al 70%.
El aborto como recurso de estilo de vida
En cuanto al aborto, a pesar de que sus promotores en un principio afirmaban que sería una necesidad transitoria, porque el perfeccionamiento de la anticoncepción lo haría innecesario, se ha instalado con toda normalidad en muchas personas como una posibilidad “inocua” cuando les convenga a su estilo de vida “libre, independiente e irresponsable”, mientras en muchos casos se defiende un ecologismo extremo donde hay que proteger a las crías de nutria por poner un ejemplo.
En definitiva, cuando al mal se le llama bien, la degeneración humana y social es tremenda y no basta con intentar paliar o combatir sus consecuencias. Hay que volver a la raíz del mal y denunciarlo como un mal. Sólo así se podrá cambiar la situación y tratar el problema.
Si el aborto y el divorcio son “derechos” inalienables y maravillosos lo lógico sería promoverlos, ¿no?
Mariano Martínez-Aedo es Presidente del Instituto de Política Familiar (IPF)
Tags: sociedad, españa, divorcio, aborto, leyes, crisis, valores




