«Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y de la forma correcta, eso ciertamente, no resulta tan fácil» (Aristóteles).

Se dice de ellos que se dedican a una disciplina inútil, que utilizan una terminología que nadie más entiende -fenomenología, ¿qué es eso?- o, directamente, que viven en el mundo de las ideas. Pero se lo toman con filosofía. No hablan para contentar a nadie. Ah, ¡y dicen amar la sabiduría!

Son filósofos. Y, por si esto no resultara suficientemente transgresor, denuncian los excesos de unos y otros. Señalan culpables. Rechazan los populismos. Hablan de problemas incómodos. Proponen soluciones ideales. Y exigen cosas tales como ejemplaridad, diálogo y consenso.

EL ESPAÑOL pide a seis de los pensadores españoles más activos que analicen la violencia dialéctica que inunda la política española. Javier Gomá, Fernando Savater, José María Torralba, Miguel Ángel Quintana Paz, Pedro Insua y Diego Garrocho Salcedo reflexionan sobre cómo se ha alcanzado esta «crispación», las consecuencias sociales que puede acarrear y la posible salida a este clima envenenado.

«La filosofía no tiene ningún predicamento en la política española«, admiten. De hecho, actualmente son labores antitéticas. Una requiere de la reflexión, otra de la acción. Una apela a la razón a través de argumentos, otra apela a los sentimientos. Una rehúye de las descalificaciones, mientras que la otra -actualmente- vive de ellas.

Gomá: «La ejemplaridad está en desuso»

Javier Gomá Lanzón (Bilbao, 1965) es filósofo, escritor y ensayista, autor de Tetralogía de la ejemplaridad. En esta obra, Gomá considera que los ciudadanos debemos hacer un uso virtuoso de la libertad, comprendiendo que todos tenemos la responsabilidad del ejemplo.

La ejemplaridad, defiende el filósofo bilbaíno, es una práctica política en desuso. Y no le sorprende. Gomá cree que la filosofía no debe preocuparse por lo concreto, sino por lo ideal. Por eso ve tan lejana la política. Lo bueno de esta postura, asegura, es que jamás se sentirá decepcionado por un político.

-¿La política necesita filósofos? Gente comprometida con la verdad, que ame la sabiduría.

-La función de la filosofía es crear un ideal. La perfección no existe en la realidad, la realidad es imperfecta. No se puede trasladar la perfección de la filosofía a la imperfección de la política.

Preguntado acerca de la crispación, Gomá responde: «Un filósofo es un especialista en ideas generales. A mí no me preguntes cómo se hacen las cosas, yo propongo un ideal, como hace Platón en La República. Un filósofo debe proponer ideales. Yo no me siento decepcionado con la política porque entiendo su naturaleza, que es la misma desde Pericles hasta Trump: la obtención y el mantenimiento del poder».

Gomá reivindica a Maquiavelo como el filósofo que mejor entendió la política: «Maquiavelo en El príncipe dice lo que la política es, no lo que debe ser. Cuando comprendes qué es la política, sin moralizarla ni idealizarla, dejas de llevarte decepciones. Los agentes de la política van variando sus estrategias pero mantienen el mismo objetivo: el poder».

-¿A qué atribuye la crispación política actual?

-Yo creo que esta situación de crispación es consecuencia del populismo. El populismo tiene tres características: es simplificador, moralizante y sentimental. Si combinas que la política busca la obtención del poder con la polarización inherente al populismo, obtienes como resultado una situación parecida a la que vivimos. España no está dividida entre izquierda y derecha, está dividida entre populistas y quienes creen en la democracia liberal.

-¿Quiénes son los populistas y quiénes los que creen en la democracia liberal?

-Esta división tiene que ver con el populismo de extrema derecha y extrema izquierda frente al bipartidismo, los defensores del sistema del 78. El bipartidismo ha traído excesos y corrupción, pero marcaba una clara división entre izquierda y derecha sin poner en entredicho el régimen actual.

Savater: «El Gobierno demoniza la derecha»

Fernando Savater (San Sebastián, 1947) es uno de los pensadores españoles más lúcidos y polémicos de las últimas décadas. Filósofo y escritor, ha dedicado gran parte de su labor a la reflexión en torno a la ética. Savater, no obstante, jamás ha evitado mojarse al dar su opinión política, ni cuando esto suponía exponerse ante ETA. 

El filósofo donostiarra tiene claro dónde está el origen de la crispación que hoy vemos en el Congreso: «Remontémonos al comienzo de este Gobierno. Desde que se constituye, lo hace como un gobierno de parte. De alguna manera, su única carta de presentación era evitar que la derecha gobernase, su discurso es demonizar a la derecha. Bueno, en realidad, para la izquierda solo hay ultraderecha. Los partidos con los que se alió el PSOE para formar Gobierno son activistas políticos, radicales que buscan el enfrentamiento con la derecha. El PSOE podría haber constituido una mayoría con el PP frente al separatismo. Desde el principio, este Gobierno ha buscado la polémica y el combate contra la postura moderada».

En esta línea, Savater considera que el actual Gobierno de coalición entre PSOE y Unidas Podemos «se constituye con una vocación polémica, frente a una mitad o más del país».

Entonces, es «lógico» que suceda esto: «El mantenimiento a toda costa del 8-M venía en ese sentido. Era imprescindible porque se trataba de una manifestación feminista y de izquierdas, contra la derecha. Todos los partidos que no fueran de izquierdas estaban vetados. Si el Gobierno se ha formado con partidos sectarios, no debería extrañar la crispación«.

-¿La derecha ha contribuido en algo a que esta tensión aumente?

-A mí no me lo parece. Cayetana, el otro día, fue muy criticada por un discurso que me pareció soberbio. Fue un discurso duro, pero dentro de lo que estoy diciendo. El PP ha apoyado tres veces el estado de alarma. No tiene una postura obstruccionista.

-¿Entiende que la sociedad española está polarizada por la política?

-La gente lo que está es harta del estado de alarma y de la situación extraordinaria que nos ha tocado vivir por la epidemia. La política la soportaríamos si no tuviéramos la amenaza de la epidemia, los muertos sin contabilizar, etc.

-¿Y por dónde pasa la construcción de una sociedad que se articule en torno a la concordia?

-Pasa por una democracia. La concordia democrática es polémica, no rechaza la discusión. El Parlamento es una representación virtual de la Guerra Civil. Para evitar la guerra, se crea el Parlamento, que teatraliza esos enfrentamientos sin que llegue la sangre al río. Hay discusiones, batallas, y acto seguido se van a tomar una copa al bar de al lado.

Torralba: «Falta una sociedad civil activa»

José María Torralba (Valencia, 1979) es profesor de Ética en la Universidad de Navarra. Colabora habitualmente en medios como La Razón, donde habla de su preocupación por la filosofía fundamental: la educación y su poder transformador.

«En estos momentos puede ser útil recordar qué hizo posible la Transición democrática. Ciertamente no fue el aparato del Estado, sino una sociedad civil activa, que reclamaba sus derechos, decidida a implicarse en lo público. Eso es lo que se echa hoy en falta. Quienes somos hijos de la Constitución, no recordamos un momento de la vida política tan bajo y tan pobre«.

«La culpa es nuestra, de quienes nos dedicamos al pensamiento que -salvo honrosas excepciones- callamos o adoptamos actitudes servilistas ante el poder. En otros países, hay una clara conciencia social crítica: hay debate sobre los grandes temas, los intelectuales son voces de referencia… ¿Dónde están aquí los debates sobre los grandes temas del Estado? Por ejemplo, la educación. Ni hay debate público, ni lo echamos de menos. Como sociedad, el problema es que no somos conscientes de que tenemos un problema», arguye Torralba.

-¿El ambiente político es guerracivilista?

-Aunque me duela decirlo, pienso que sí. La retórica que se escucha en el Parlamento, así como la actitud sectaria y excluyente de unos y otros, recuerda a lo que estudiamos en los libros de Historia. La Segunda República no fue una etapa idílica, fue un momento de grandes tensiones que terminó con una insurrección militar.

-¿En qué se manifiesta esa «actitud sectaria y excluyente»?

-Me parece sintomático lo que sucedió hace unos pocos meses en Twitter. Diego Gago (dirigente de las Nuevas Generaciones) felicitó en un tuit a Omar Anguita (dirigente de las Juventudes Socialitas) al tomar posesión de su escaño en el Parlamento. En los últimos años habían trabado amistad, a pesar de sus discrepancias ideológicas. Sin embargo, ese gesto cordial, propio de la educación, se hizo viral e incluso despertó susceptibilidades en sus partidos. Ese es el problema de la política actual: el partido, la ideología, está por encima de las personas.

La clave para salir de esta situación, piensa Torralba, es «la educación«: «Vivimos en un país donde unos la ignoran y otros hacen un uso ideológico de ella. Por eso, los intelectuales, académicos y profesores tenemos una responsabilidad que no deberíamos rehuir. El futuro está en nuestras manos porque el futuro está ahora sentado en los pupitres. Es preciso enseñar a las nuevas generaciones que la soberanía reside en el pueblo. Hace falta una nueva revolución, la revolución de la democracia».

Quintana Paz: «No preveo una salida temprana al problema»

Miguel Ángel Quintana Paz (Salamanca, 1973) es profesor de Ética y Filosofía Social en la Universidad Europea Miguel de Cervantes (Valladolid). El filósofo «charro y wittgensteiniano» se prodiga mucho por medios de comunicación y redes sociales, consciente de que la tarea de un pensador que no llega al público es en vano.

Para Quintana Paz la pregunta no es si está bien o mal crisparse, sino si hay factores de la situación política actual que justifican que uno se crispe: «Si me crispo cada vez que el vecino me saluda, tengo yo un problema; si me crispo cada vez que el vecino me llena el jardín de basura, el problema es culpa de él. Por tanto, la pregunta es: ¿hay factores en la situación política que justifican el que la sociedad se crispe? Y ahí solo tengo que remitirme al argumento de autoridad del actual presidente del Gobierno, Pedro Sánchez: según él, la mera entrada de partidos de extrema izquierda como Podemos o Izquierda Unida en el gobierno justificaría perfectamente que él, y entiendo que también la mayoría de españoles que no somos de ultraizquierda, no pudiésemos dormir. Y si no duermes, estar crispado es de lo más razonable y natural».

– Entonces, ¿son muchos los ciudadanos españoles que están crispados?

– Remitiéndome de nuevo a la autoridad de nuestro presidente del Gobierno, si son millones de españoles los que no pueden dormir al tener a Pablo Iglesias al mando de nuestro país, parece que el problema afecta a esa mayoría de la sociedad que no es ultraizquierdista. Ante esto, en una democracia representativa, me parece normal y bueno que los políticos representen en el parlamento ese nuestro atribulado insomnio.

– ¿A qué atribuye ese insomnio colectivo?

– Aparte de Pedro Sánchez, que incluyó en su Gobierno a personas que reconoce que dejarán sin dormir, y por tanto crispados, a millones de personas, parece claro que el otro gran culpable es aquel que no nos deja dormir: el modo de entender la política de Unidas Podemos. Cuando hablamos de que son populistas hay que entender qué significa esto desde un punto de vista filosófico: no se trata tanto de que sean más o menos demagogos. Se trata de toda una doctrina perfectamente elaborada por uno de los referentes intelectuales de Podemos, Ernesto Laclau, en que se aboga explícitamente por generar en la sociedad antagonismos. Antagonismos en que por una parte estará el pueblo -lo que Podemos haya definido como pueblo- y por otra ‘los malvados opresores del pueblo’. Es una forma de entender la política similar a los nacionalismos, por cierto. De ahí que nuestra extrema izquierda se lleve tan bien con ellos. Ahora bien, si tu política se basa en fomentar antagonismos, es normal que se genere crispación.

Ante este problema, el profesor de Ética ve tres reacciones políticas al problema: «La del Ciudadanos actual, que es la de fingir que en el fondo no pasa nada grave: algo natural, teniendo en cuenta que es un partido que nunca se enteró de que hay una cosa llamada guerra cultural. La del PP, que oscila entre la inopia de Ciudadanos y una postura más batalladora, como es la de Cayetana Álvarez de Toledo, una de las figuras más inteligentes de nuestro panorama. Y, por último, la de Vox, que a veces en sus ansias de batallar, no siempre en su punto, echa para atrás a todos aquellos intelectuales o ciudadanos que, sin ser socialistas o podemitas, quieren seguir viviendo vidas tranquilas. Es un panorama poco halagüeño, y por ello no preveo una salida temprana al problema«.

Insua: «Se aferran a discursos de los años treinta»

Pedro Insua Rodríguez (Vigo, 1973) es profesor de Filosofía e investigador asociado en la Fundación Gustavo Bueno, además de colaborador habitual de este medio. Insua es autor de distintas obras que reivindican la Historia de España y combaten la Leyenda Negra, como 1492. España contra sus fantasmas o El orbe a sus pies. Magallanes y Elcano: cuando la cosmografía española midió el mundo.

Para Insua, el guerracivilismo del Congreso «se ha amainado un poco» en las últimas semanas, pero sigue ahí. Así explica su razón de ser: «Ante la dificultad de establecer diferencias claras a nivel político, la izquierda y la derecha se aferran a discursos de los años treinta para confrontarse. Económicamente están de acuerdo en lo fundamental. Nadie propone nacionalizar la banca o nadie propone salir del euro. Yo creo que están adoptando discursos manidos: rojo, facha… Ni uno ni otro son esas cosas».

Esta vuelta a los discursos de los años treinta se refleja, según este filósofo, en el auge del discurso «anticomunista»: «Sorprende cómo ha calado el discurso del anticomunismo. Yo no pensé que pudiera ser un movimiento tan fuerte como lo es, por ejemplo, el antifascismo. Sobre todo porque el PCE fue integrado en el sistema a partir de la Transición. Esto demuestra que hay una adopción de discursos de los años 30».

Preguntado por los culpables de esta situación de crispación, el discípulo de Gustavo Bueno lo tiene claro: «Podemos«. Y se explica: «Podemos es una derivación del PSOE, y el PSOE siempre ha utilizado el dóberman del fascismo cuando ha querido, aunque tenía otros mecanismos. Podemos se alimenta exclusivamente de eso. Es eso, la alerta antifascista. No tiene otro discurso, es el vacío absoluto».

-¿Y por parte de la derecha?

La derecha es menos culpable, pero también ha contribuido. La otra facción política se ha desatado a raíz de la pandemia, aunque es menos culpable. Vox ha adoptado un discurso disparatado y el PP le ha seguido, queriendo ser más papista que el Papa. Vox ha hablado de genocidio, de Gobierno socialcomunista, de checas… palabras gruesas y absurdas.

Preguntado por los efectos sociales que pueden derivarse de esta escalada dialéctica, Insua opina que «la sociedad española está envenenada»: «Podemos ha comenzado lanzando veneno y Vox ha querido darle de su propia medicina. El problema es que no le ha devuelto el golpe, ha machacado más a la sociedad«.

Garrocho: «El debate en el Congreso es grotesco»

Diego S. Garrocho Salcedo (Madrid, 1984) es profesor en el Área de Ética y Filosofía Política en la Universidad Autónoma de Madrid. Autor de Sobre la nostalgia, un ensayo en el que nos habla de esa pulsión tan bonita y tan común a toda vida humana. Una pasión positiva que opone a las que imbrican la política de un tiempo a esta parte.

«El Congreso de los Diputados es la casa de la palabra pública, el lugar al que deberíamos confiar el libre concurso de ideas, argumentos y razones, y de un tiempo a esta parte se ha convertido en un escenario grotesco donde vemos una versión desfigurada y atroz de nosotros mismos«, reflexiona Garrocho.

«La crispación es una forma de temeridad política en democracia», prosigue. «Si la política tiene como vocación agregar voluntades e integrar colectivamente distintas sensibilidades e intereses, la crispación es una voladura controlada de ese propósito, un fracaso de la inteligencia y una renuncia de las maneras propiamente políticas. La crispación es también un síntoma de la calidad moral de aquellos que la protagonizan y la alimentan».

-¿Qué efectos perniciosos puede tener en la sociedad esa crispación política?

El peor efecto pasa porque asumamos en carne propia el enfrentamiento; que pensemos que nuestro compañero de trabajo, nuestra vecina o nuestra cardióloga son verdaderamente el enemigo por pensar de manera distinta.

-¿Qué contexto político debe darse, y se está dando, para que triunfe la crispación?

-La crispación solo es posible en un contexto político de alta emotividad. Las pasiones políticas que se están cultivando son siempre emociones de gestación súbita, inmediatas y negativas, como el desprecio y el odio. Si a ello le sumamos el cortoplacismo de los mensajes, una cultura política construida a base de memes y una espectacularización banal del discurso, el cóctel será explosivo.

-¿Cómo salimos de esta situación?

-Si castigásemos electoralmente la crispación, quizá algunos dejarían de situarla en el centro de su estrategia.

En este sentido, su propuesta para una sociedad «próspera, igualitaria e informada»: «Estas sociedades son mucho más inmunes a las tentaciones populistas que aquellas en las que la gente encuentra buenas razones para la ira, la indignación y el enfado. Nuestra obligación colectiva es procurar soluciones, tejer consensos y habilitar una reparación urgente para la convivencia política».

(Marcos Ondarra. Diario El Español)

Por Redaccion

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