El comunismo mata hoy… a la libertad de expresión en la Complutense | Alejandra Soto

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin

Dos y cuarto de la tarde, empieza a llegar gente a la cafetería de la facultad de derecho como un día cualquiera. Sólo hay una diferencia, la seguridad privada de la Complutense y el Decano de la facultad, Ricardo Alonso, rondan inquietos las inmediaciones. ¿Qué estará pasando? La asociación de estudiantes “Adelante” ha convocado conferencia-coloquio allí mismo con el título «El comunismo mata hoy«. ¿Va a poner en peligro la seguridad o salud pública esta charla? No lo parece. Los oyentes comienzan a sentarse en las mesas de 4 en 4, manteniendo la distancia de seguridad y con mascarillas los que no aprovechan para almorzar. Nadie parece alterado, aunque todos se miran expectantes a la llega del conferenciante.

Cartel conferencia Marcia Cuquerella en la Facultad de Derecho

Finalmente llega, se trata de Marcial Cuquerella, ingeniero civil e informático, con dos MBA (IE e IESE), fundador y CEO de diversas empresas y con experiencia como conferenciante en Harvard y Yale. Comienza a hablar, el Decano no tarda ni medio minuto en aproximarse y exigirle que se marche. Cuquerella pregunta el motivo, le contesta que no está consumiendo. Pide un café. Insiste el Decano en que no puede estar allí, vuelve a preguntar el motivo, la respuesta es clara, “porque si, porque es mi facultad”. Con esa justificación no está dispuesto a callarse, la libertad de expresión merece una mejor excusa para ser censurada en una universidad pública.

El Decano desiste pero envía a la seguridad privada. El resultado es el mismo, el ponente no está dispuesto a irse sin una explicación. Continúa la conferencia entre los cuchicheos típicos de una cafetería, las aulas de la Universidad por desgracia nunca hubieran sido abiertas para una conferencia de esta temática. No está bien visto, y a las pruebas me remito.

Cuatro minutos después se presentan dos agentes de la policía secreta, enseñan la placa y con la misma tranquilidad se llevan al conferenciante y piden a los asistentes que dejen de grabar. Se hace el silencio, nadie entiende nada, los organizadores se miran entre ellos, no saben qué hacer. ¿En serio la policía secreta está para impedir conferencias sobre el comunismo? ¿A esto hemos llegado en una universidad pública en pleno siglo XXI? ¿En qué momento la libertad de expresión se convirtió en delito?

Vuelve Cuquerella, habla con los convocantes. “La conferencia ha terminado, salid en pequeños grupos”. ¿Qué han hablado? ¿Qué sucede? Nadie entiende nada. Comienzan a oírse risitas, al parecer entre los oyentes había gente interesada en que el acto se censurara, pero no solo están en la cafetería. Fuera de la facultad aguarda un grupo de jóvenes, no tan sibilinos y comedidos, que esperan inquietos a la salida del conferenciante y su público. ¿Para qué? Sospechamos que no para aplaudirles precisamente. Por seguridad deben salir con cautela del recinto, separados, sin llamar la atención. La historia se repite. Unos señalan, otros ejecutan. Así nace el terrorismo.

Comienzan a salir poco a poco, en reducidos grupos de personas, cada uno tira para un lado, pero la gran mayoría termina de nuevo reunida en la facultad de enfrente, para comentar lo sucedido, lejos de las miradas de sus acusadores. Hoy en la facultad de derecho hemos aprendido que no hay libertad de expresión en España. Los mismos que ayer reivindicaban la libertad del que deseó un piolet en la cabeza de José Bono y un coche bomba para Patxi López, hoy han movido cielo y tierra para que no se digan las verdades del Comunismo en la que debería ser la cuna del intercambio de ideas, la Universidad.

Algo está fallando cuando se invierten más recursos en frenar una conferencia, que en mantener seguras las calles, cuando hay jóvenes que miran sonrientes la cara de ponentes que son censurados antes siquiera de haber comenzado a hablar y cuando lo mejor que tiene que hacer un Decano, un jueves por la mañana, es ir a prohibirles a unos chicos que organicen un sano debate en el seno de la universidad. Luego se quejarán de que las nuevas generaciones sean cada vez más violentas e intolerantes contra los que piensan diferente ¿Acaso no es ese el mensaje que han transmitido hoy en la facultad de derecho, el Decano y compañía?

Alejandra Soto Moreno | Abogada