El resultado de las elecciones presidenciales de 2020 en EEUU se decidirá, al parecer y por ahora, el 6 de enero. Ese día la Cámara de Representantes y el Senado se reunirán en sesión conjunta, con el vicepresidente Mike Pence presidiendo, para votar la aceptación de los votos del colegio electoral de cada uno de los cincuenta estados. Como especifica la 12ª Enmienda de la Constitución de EEUU, esto se hará estado por estado, en orden alfabético.

En Alabama y Alaska, los votos del colegio electoral a favor del presidente Trump se leerán a la asamblea reunida, aceptándolos sin controversia

Pero entonces seguirá Arizona para decidir sus 11 votos del colegio electoral. El vicepresidente tendrá dos listas de votos en sus manos: la lista oficial, certificada por el gobernador de Arizona Doug Ducey para Joe Biden, y una segunda lista, enviada por los electores republicanos del estado, para Donald Trump. Leerá la lista oficial… y varias docenas de congresistas y senadores republicanos se pondrán de pie para objetar.

Argumentarán que el verdadero ganador de las elecciones de Arizona fue Donald Trump, que la lista de votos de Biden debe ser rechazada, y que en su lugar debe ser aceptada la lista de votos republicanos para Trump. En este punto, como lo pide una ley de 1948, la Cámara de Representantes y el Senado se retirarán a sus cámaras separadas para votar si aceptan o no los votos del colegio electoral para Biden.

En relación directa con la mayoría partidaria, la Cámara de Representantes liderada por Pelosi votaría con mínima diferencia aceptando la lista de Biden, mientras que el Senado dominado por los republicanos tendría también una diferencia mínima para rechazarla. Aquí es donde las cosas se complican. La ley de 1948 dice que ambas cámaras deben «simultáneamente» rechazar tal votación «certificada». Por otro lado, tal ley no puede superar la Constitución, que identifica claramente al Vicepresidente como el presidente. Como tal, el vicepresidente Pence podría decidir que, dado que la Cámara de Representantes y el Senado están divididos, la lista Biden de votos del colegio electoral no sea contada. También se puede argumentar que la propia ley de 1948 viola la Constitución, abriendo una apelación de emergencia a la Corte Suprema.

Este mismo proceso se desarrollará con los 50 estados. En total, siete estados han enviado electores de Trump a Washington: Arizona, Georgia, Michigan, Nevada, Nuevo México, Pennsylvania y Wisconsin. Si todos los estados en disputa que han enviado listas de votos del colegio electoral a D.C. son rechazados de esta manera, ni Trump ni Biden ganan los 270 votos necesarios del colegio electoral para ser declarado presidente, y el asunto va a la Cámara de Representantes, donde cada delegación estatal obtiene un voto. Y allí Trump gana, 27 a 21.

El problema con este escenario es que varios senadores republicanos han dejado claro que preferirían no tener que votar en absoluto. Se trata de los denominados RINOs – Republicans In Name Only (republicanos solamente de nombre). Si varios de estos RINOs – como los notables opositores a Trump Mitt Romney y Ben Sasse – votan a favor de la lista de electores para Biden, o incluso simplemente no se presentan a los procedimientos, Biden tendrá éxito en el robo electoral más audaz de la historia de Estados Unidos.

El presidente Trump entiende la necesidad de fortalecer la columna vertebral del partido ante tales intereses egoístas. Es por eso que está alentando a sus partidarios a presentarse en el Washington Mall para la votación del próximo martes. (También me gustaría señalar que el 6 de enero es la Fiesta de la Epifanía. Nunca dejo de lado la intervención de Nuestra Señora).

Hace dos semanas Trump tuiteó: «Estadísticamente imposible haber perdido las elecciones de 2020. Gran protesta en D.C. el 6 de enero. Estar allí, será salvaje!» Siguió el 27 de diciembre con: «Nos vemos en Washington, DC, el 6 de enero. No te lo pierdas”.

Trump ha hecho un llamado, y Estados Unidos responderá. Se estima que más de un millón de partidarios de Trump acudirán a Washington D.C. el próximo martes para apoyar la reelección del presidente. La multitud será una representación transversal de todos los sectores sociales del país. Los empresarios se codearán con los carpinteros. Los conductores de camiones y los propietarios de pequeñas empresas harán causa común. Blancos, negros, hispanos, asiáticos… todos estarán juntos.

La composición de la multitud será un recordatorio para los miembros del establishment republicano, especialmente los que sirven en el Senado, de que ahora este es el partido de Trump. Porque Trump es el corazón del partido, de las clases medias y trabajadoras, y de los patriotas norteamericanos en todo el país.  

Imaginen esta escena: El Senado se ha retirado a su recinto para considerar la lista «oficial» de electores de, digamos, Pensilvania. Mientras que están a punto de votar, un canto estalla desde la multitud: «¡Amamos a Trump! ¡Amamos a Trump!». Seguido de: «¡Cuatro años más! ¡Cuatro años más!».

Se dice que la muerte concentra la mente. Los cantos de la multitud masiva seguramente concentrarán las mentes de los senadores republicanos mientras tengan presente que la gente los está observando. Si mantienen la línea, ganarán aplausos de la multitud. Pero si votan en contra del presidente más popular en la historia reciente de Estados Unidos, estarán cometiendo un suicidio político.

Me gustaría animar a todos los que normalmente asisten a la Marcha por la Vida a asistir al mitin del 6 de enero, y por la misma razón. No hay mejor manera de defender la vida que apoyar un segundo mandato del presidente más pro-vida en la historia de Estados Unidos. Si Biden entra en la Casa Blanca, será temporada de caza para los no nacidos.

Si tienes la posibilidad de unirte al mitin, trae mucha comida y agua, ya que el alcalde de izquierda de Washington, D.C., tratará de cerrar todos los restaurantes y puestos de comida durante todo el día. Aparte de ese inconveniente, todo debería estar bien. Estarán más seguros que en otros lugares en las condiciones presentes de Estados Unidos, ya que estarán rodeados todo el día por un millón de patriotas temerosos de Dios y amantes de Estados Unidos.

Pase lo que pase en ese día histórico, será un evento para recordar. Podrás contarles a tus nietos que estuviste presente en primera línea de batalla de la Segunda Revolución Americana, y que estuviste del lado de los que lucharon por salvar la República.

Steven W. Mosher |
Presidente de Population Research Institute

Por Redaccion

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *