El régimen de Sánchez se sostiene sobre una peligrosa ilusión de control que esconde un proceso de decadencia política, institucional y social que avanza hacia el colapso.
El autoengaño como motor de la decadencia
El régimen de Sánchez no se derrumba por una sola crisis o por casos de corrupción, sino por una fuerza más profunda y destructiva: el autoengaño. Sánchez vive convencido de que todo está bajo control o que lo puede controlar. Cree que cualquier problema se puede gestionar con propaganda, subvenciones o decretos.
Esa mentalidad parte de una creencia reconfortante: “todo saldrá bien porque siempre ha salido bien”, «como siempre he salido adelante, incluso de cosas peores, ahora también saldré«. Esa suposición ciega al poder ante la naturaleza real de la crisis. Impide reconocer la decadencia que avanza bajo la apariencia de normalidad.
El régimen de Sánchez evita mirar la realidad. Prefiere alimentar una narrativa optimista mientras el sistema se vacía por dentro. Es la soberbia del poder. Es la soberbia de Sánchez.
El mito del control absoluto
Sánchez, y quienes ostentan el poder, creen disponer de medios ilimitados: reprimir la disidencia, comprar voluntades, imprimir dinero, manipular el relato mediático. El régimen de Sánchez se apoya en esa mitología política: la creencia de que el Estado siempre puede imponer orden y control.
El régimen de Sánchez considera imposibles los resultados catastróficos. Da por hecho que el statu quo puede gestionar cualquier problema – Adamuz, la Dana, el apagón, etc.-. Esa mezcla de soberbia, arrogancia y ceguera crea una dinámica letal. No existe aprendizaje. No existe prevención. Solo existe negación. Solo existe echar la culpa a otros,
Viven desconectados de la realidad. Se continúa en piloto automático; Se precipitan hacia el abismo. En el fondo lo saben, no obstante se niegan aceptar la realidad. Prefieren seguir aunque provoquen catástrofes y muertes,
El régimen de Sánchez aparenta fortaleza, pero en realidad esconde debilidad estructural. La distancia entre poder y ciudadanía se agranda. El discurso oficial ya no conecta con la experiencia real de millones de españoles. Sin embargo como aún le votan millones de fieles y fanáticos seguidores, eso les hace vivir en su mundo irreal.
Nadie observa el deterioro real porque todos se concentran en luchas internas nacidas del instinto de supervivencia. Mientras tanto, el sistema se desestabiliza sin que nadie lo reconozca.
Los disidentes y la planificación frente al colapso
Los poderosos no están acostumbrados a pensar en términos de colapso. En cambio, los disidentes y los desplazados sí lo hacen. Se formulan preguntas incómodas: ¿Cuánto tiempo más podemos seguir así?;
¿Qué debemos preparar?; ¿Dónde podemos ser útiles?
El régimen de Sánchez desprecia estas reflexiones porque rompen la ficción de estabilidad. Pero la historia demuestra una regla constante: los sistemas fallidos funcionan mejor justo antes de derrumbarse. Nada es lo que parece. Es la lucidez previa a la muerte de los moribundos.
El espejismo del último momento
En la fase final, el sistema incluso mejora algunos indicadores. Se proyecta sensación de normalidad. Se multiplican los discursos triunfalistas. El régimen de Sánchez entra así en la etapa más peligrosa: la del espejismo. Todo parece funcionar cuando en realidad todo se descompone. El autoengaño alcanza su máxima expresión.
El régimen de Sánchez no se desmorona por una conspiración externa, sino por su propia negación de la realidad. Autoengaño, arrogancia, decadencia institucional y planificación inexistente forman una combinación explosiva. Cuando el poder deja de mirarse al espejo, el colapso deja de ser una posibilidad y se convierte en un destino.
Sí, el régimen de Sánchez se desmorona. No hay que perder la esperanza. Está vacío y podrido por dentro. Es un cadáver andante.





1 comentario en «Cómo se desmorona el régimen de Sánchez»
Eso de que se desmorona el régimen no deja de ser un buen deseo. Yo no lo veo tan próximo. Desde dentro no se hunde. Mientras lo financien desde Bruselas este tío aguanta. y en Bruselas les interesa que este tío continúe condenando a España a la irrelevancia.
Esto ya lo hemos visto, Zapatero duro hasta que le cortaron la financiación.