La superioridad mundial de Estados Unidos está llegando a su fin

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¿Cómo llega el presidente de EE UU a su segundo viaje al continente europeo? ¿Se confirma que “América ha vuelto”?

Estados Unidos no ha vuelto ni volverá a ser lo que era. Los contribuyentes estadounidenses no están dispuestos a pagar la defensa de Europa, ni privilegiar alianzas tradicionales, ni sacrificar prioridades domésticas para seguir jugando el papel de líder mundial. Se están dando cuenta de que la preponderancia mundial de su país está tocando a su fin, como todas las hegemonías del pasado. Así que el presidente Joe Biden debe buscan colaboradores en lugar de los seguidores. Es por haber reconocido su propia debilidad que EE UU está volviendo a una postura de responsabilidad internacional, pero con un hilo de “América First.”

¿Podrá Biden arreglar la deteriorada relación con el presidente de Francia, Emmanuel Macron tras Aukus?

Por supuesto que sí, porque la historia de relaciones internacionales se escribe en letras de arena. Y los vientos son fuertes. Pero no sé si Biden y sus consejeros serán capaces de remediar la quiebra, tras la alianza entre Australia, Reino Unido y Estados Unidos. Luego está el problema de que para los de esa triple alianza anglosajona, el gran enemigo – el brujo y ogro, digamos – es China, mientras que en Europa pienso que nuestra diplomacia es más flexible y  pueden aplicarse, con relativa facilidad, a China, que tiene valores distintos a los nuestros pero intereses más o menos compatibles.

Biden es uno de los grandes asistentes a la cumbre del clima, la COP-26 en Glasgow, ¿hubiera sido importante para el liderazgo de Biden haber aprobado su ambicioso proyecto de ley contra el cambio climático antes de partir a Roma?

Sí, pero su plan no servía a eso sino a intereses domésticos, porque la ansiedad ecológica ha venido a ser un rasgo de un electorado norteamericano volátil y poco fiable, y, por tanto, una manera de ganar votos. Todos sabemos que lo que propone Biden – tanto en materia medioambiental como en los campos económico, fiscal y social – no es factible.

¿Y de cara a lanzar un mensaje fuerte a China, uno de los países más contaminantes del mundo?

La política exterior estadounidense siempre muestra tendencias maniqueas. Los buenos siempre son los mismos. En la etapa actual, los chinos son los malos. Es muy fácil para EE UU, que ya dispone de las ventajas surgidas de dos siglos de profligacia ecológica, gasto de recursos naturales, consumismo a niveles obscenos, y contaminación de la biosfera, de levantar cargos a otros países menos privilegiados.

¿Por qué ha costado tanto lograr consenso en su propio partido?

Es normal. Salvador de Madariaga solía decir que en España, para alcanzar la democracia auténtica, harían falta 35 millones de partidos. En EE UU, con una población siete veces mayor que en España, sólo hay dos. Por tanto, ambos abarcan una gama inmensa de posturas distintas. A veces – por ejemplo en la actualidad, hay más convergencia entre los moderados de ambos partidos que entre las alas progresista y conservadora del partido de Biden. Luego hay que tener en cuenta algo que creo que no se reconoce en general en España: el hecho de que este país enorme que es EE UU está muy descentralizado – y es casi ingobernable por la debilidad del gobierno federal. Cada estado tiene sus propios intereses y la responsabilidad de los representantes en la legislatura nacional es de proseguirlos. Si los sacrificaran a la agenda del gobierno federal, o, mejor dicho, si no se aprovechara, por una especie de chantaje político, de la oportunidad de sacar concesiones favorable a las prioridades locales, los votantes se lo castigarían.

(Con información de Felipe Fernández-Armesto | LA RAZÓN)