La política del engaño y la puesta en escena ha alcanzado su cenit en España. Mientras los focos mediáticos internacionales se centraban en la visita de Sánchez a la Nunciatura para reunirse con el papa León XIV a Madrid, y su posterior discurso en el Congreso de los Diputados, Sánchez ejecutaba con nocturnidad, alevosía y un profundo desprecio religioso el inicio del desmantelamiento del Valle de los Caídos.
La escena destila un cinismo maquiavélico: con una mano el presidente del Gobierno estrechaba la mano del Pontífice entregándole un olivo como falso símbolo de paz, mientras que con la otra ordenaba otro ataque a la Iglesia Católica con la entrada de la maquinaria pesada en el recinto sagrado del Valle. Una jugada milimétricamente calculada de un profanador.
El abrazo de Judas: Una reunión diplomática teñida de cinismo político
La jornada comenzó con una calculada coreografía diplomática en la sede de la Nunciatura Apostólica en Madrid con el encuentro entre Sánchez y León XIV, rodeado de sus colaboradores más cercanos y flanqueado por altos representantes de la Iglesia que, por acción u omisión, han terminado facilitando el camino al rodillo laicista y cristofóbico del Ejecutivo. En la reunión, tal como recoge Alex Navajas en El Debate, participaron también el cardenal secretario de Estado, Pietro Parolin; el nuncio apostólico en España, monseñor Piero Pioppo; y el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares.
Sánchez, en un ejercicio de teatralidad suprema, obsequió al Santo Padre con un bonsái de olivo español de trece años de antigüedad, vendiéndolo ante la opinión pública como un emblema de concordia, diálogo ecuménico y entendimiento entre el Estado y la Santa Sede. Sin embargo, detrás de la sonrisa impostada del profanador socialista se escondía la consumación de una venganza ideológica y de odio anticatólico. Mientras el Pontífice agradecía el gesto, las excavadoras ya calentaban motores en la sierra madrileña.
El Papa se marchará de España, sus discursos ante las autoridades en el Congreso se disolverán en el archivo de la hemeroteca, pero la herida física y espiritual infligida por el sanchismo en el patrimonio religioso e histórico de los españoles permanecerá inalterable.
Las máquinas de la profanación entran en el recinto sagrado sin licencia municipal
El plan de asalto al Valle se ejecutó con el más absoluto de los oscurantismos aprovechando el blindaje del calendario. El Gobierno escogió un lunes, día en que el recinto del Valle de los Caídos permanece cerrado a cal y canto para el público general y los turistas, garantizándose la ausencia total de testigos incómodos, periodistas o fieles que pudieran documentar el atropello. A la misma hora en que León XIV se dirigía a la políticos y a la nación desde la tribuna de las Cortes Generales defendiendo la dignidad humana y los valores espirituales, las brocas de perforación comenzaban a horadar de forma agresiva la gran explanada de granito situada justo frente a la basílica pontificia.
La maniobra se ha llevado a cabo de manera unilateral y vulnerando la legalidad vigente. Los primeros testigos y técnicos locales han denunciado que el Ministerio de Memoria Democrática no ha tramitado ni cuenta con la obligatoria autorización de obras ni la licencia urbanística que debe expedir el ayuntamiento de la localidad. Al Gobierno de Sánchez no le importan los procedimientos administrativos ni los plazos legales cuando se trata de avanzar en su agenda de demolición cultural. El objetivo era fijar los hechos consumados de forma irreversible antes de que la Iglesia o los tribunales pudieran reaccionar, perpetrando lo que la comunidad católica ya califica como una agresión sacrílega en suelo sagrado bajo jurisdicción eclesiástica.
La complicidad de Cobo y Parolín ante el rodillo de la memoria democrática
Este asalto religioso no se explica únicamente por la audacia de los destructores y profanadores, sino por la alarmante pasividad, cuando no complicidad, de determinados sectores de la jerarquía eclesiástica. El papel del cardenal arzobispo de Madrid, José Cobo, y del secretario de Estado vaticano, Pietro Parolin, queda gravemente cuestionado tras este episodio. Ambos prelados han apostado de forma sistemática por una política de entreguismo, vasallaje y sumisión con un Gobierno cristofóbico que jamás ha cumplido su palabra, permitiendo que la Moncloa utilice la figura del Papa como un escudo humano para legitimarse políticamente mientras destruye los símbolos sagrados de la Iglesia en España.
Mientras el Ministro de Política Territorial y Memoria Democrática el filomasón Ángel Víctor Torres Pérez,, y la Secretaría de Estado de Memoria Democrática, dirigida por Fernando Martínez, amenazaba abiertamente en las asambleas de la Conferencia Episcopal con utilizar todos los instrumentos coactivos del Estado para evitar cualquier retraso en el recinto, la respuesta de la archidiócesis de Madrid fue la sumisión pastoral. La firma de convenios del cardenal de Madrid, José Cobo, con el beneplácito de Parolín, y el Ministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños, han pavimentado el camino para que Sánchez ejecute sus planes sin encontrar resistencia real en los palacios episcopales, incluido el Vaticano. La sonrisa de Sánchez durante el saludo papal refleja el triunfo del laicismo y del odio anticatólico de Estado sobre una jerarquía eclesiástica entregada al consenso político.
El proyecto de la infamia: Abrir una grieta de odio en la explanada de la Cruz
Las catas geotécnicas iniciadas de urgencia tienen como objetivo evaluar la estabilidad del subsuelo para la construcción del aberrante proyecto arquitectónico bautizado como La base y la cruz. Esta intervención, lejos de buscar la reconciliación o la cacareada «resignificación», plantea una profanación a través de la mutilación severa del entorno monumental diseñado originalmente. El elemento central de la reforma consiste en la apertura de una gigantesca zanja o grieta artificial que atravesará la majestuosa explanada de lado a lado, rompiendo de forma literal el eje simétrico del conjunto arquitectónico, así como eliminar estatuas de la Cruz así como la reestructuración de la nave principal de la Basílica.
La obra pretende perpetuar la división entre los españoles y escenificar la destrucción y la profanación de un patrimonio religioso que cuenta con la condición de basílica menor y cementerio sagrado. Además de la fractura del pavimento, el plan incluye la excavación de un macrocentro museístico subterráneo de más de 3.500 metros cuadrados destinado al adoctrinamiento ideológico, desvirtuando por completo la naturaleza de oración, paz y memoria para la que fue concebido el templo.
La desacralización del Valle
Esta agresión material y simbólica confirma – cosa que ya sabíamos- que el sanchismo no busca la verdad ni el respeto a los difuntos de ambos bandos que allí reposan con dignidad, sino la ejecución de un plan de nítido carácter cristofóbico y de profundo odio al catolicismo. Es un ataque directo contra los pilares espirituales de la fe y el sentimiento religioso de millones de españoles
Para Pedro Sánchez, la profanación y alteración del conjunto monumental es el trofeo político definitivo. Al hincar las máquinas perforadoras en suelo sagrado, sin licencias municipales y con un absoluto desprecio por el carácter religioso del templo, el sanchismo escenifica un acto de soberbia totalitaria que busca humillar a la comunidad creyente y proscribir los valores cristianos de la esfera pública. Esta estrategia de hechos consumados, diseñada con un odio visceral hacia todo lo que representa la Cruz, busca dejar un legado material de división y demolición espiritual que sobrevivirá a su propio mandato, perpetuando una brecha ideológica que dejará una marca indeleble tanto en el paisaje físico de la sierra de Guadarrama como en la convivencia y el alma de la nación española.
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