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¿Revolución tecnológica o nuevo orden mundial? Desde Silicon Valley, donde el capital de riesgo alimenta la carrera por la supremacía tecnológica, hasta Pekín, que ha convertido la IA en el pilar de su control estatal, pasando por Europa, que sitúa la regulación en el centro de su influencia global, estamos ante un avance tecnológico sin precedentes se ha convertido en la última frontera del poder. «Inteligencia artificial. «Inteligencia Artificial. Cartografía de la revolución» es un libro de geopolítica ilustrada que explica muy bien esta realidad. El autor es Carlos del Castillo, periodista especializado en el impacto social de la tecnología.
Es una visión panorámica de lo que engloba la inteligencia artificial y de cómo está transformando el mundo a base de microchips, datos y algoritmos. Se plantea como seis grandes temas y cincuenta preguntas clave para entender cómo la IA está sacudiendo los cimientos políticos, económicos y militares de nuestras sociedades, así como el impacto social y ambiental que conlleva. Exponemos algunas ideas de su contenido:
Explica que la inteligencia artificial promete progreso pero está resucitando centrales de carbón; se desarrolla en las empresas más ricas del planeta pero depende del trabajo precario de millones de personas; ha abierto un nuevo horizonte en la medicina pero facilita la creación de armas biológicas; promete hacer la vida cotidiana más cómoda pero multiplica las posibilidades de vigilancia masiva. Detrás de cada avance hay también una carrera. Entre países, entre empresas, entre modelos de sociedad distintos. Una competencia que no ha hecho más que empezar y cuyas jugadas se están ejecutando ahora.
El dilema del algoritmo inescrutable
Ofrece una reflexión interesante: si no podemos auditar por qué un algoritmo toma una decisión, no podemos corregirlo ni juzgarlo. El riesgo es delegar procesos críticos, desde los mecanismos de selección de personal hasta la vigilancia estatal, sobre sistemas que se guían por reglas que ellos mismos han diseñado a partir de procesos matemáticos inescrutables. Esto hace casi imposible detectar sus prejuicios o errores de concepto, excepto para los especialistas en el campo de conocimiento sobre el que la IA está operando. Por eso sigue necesitando una supervisión humana exhaustiva y por eso, también, no ha producido en su primera etapa esa debacle en el empleo que muchos anticipaban. Por otra parte, regiones con disponibilidad de suelo y energía renovable están captando la atención de las tecnológicas.
La paradoja climática del desarrollo tecnológico
La paradoja climática. El impacto ambiental es una de las mayores paradojas del desarrollo de la IA. Las instalaciones requieren mucha más energía que las de un centro de datos tradicional y millones de litros de agua para su enfriamiento. Por un lado, los chips son mucho más potentes, pero también generan más calor, lo que implica sistemas de refrigeración cada vez más complejos y voraces para mantenerlos en su temperatura óptima de funcionamiento.
Los centros de datos aumentan las emisiones de carbono de un planeta. Como el reto es encontrar la generación infinita a bajo coste, una de las principales candidatas es la fusión nuclear.
De los Estados a los rascacielos corporativos
Antes, señala, la ciencia de frontera, como la carrera nuclear o la exploración espacial, estaba dirigida por los Estados. Hoy, la revolución biológica lleva un sello de propiedad intelectual de las corporaciones. Si la ciencia se dirige desde los rascacielos de oficinas, ¿hasta qué punto van a tolerar los emperadores tecnológicos la transparencia de los investigadores? ¿Permitirán las alertas sobre descubrimientos peligrosos? ¿Qué ocurrirá cuando indaguen en cuestiones que perjudiquen sus intereses económicos?»
La estrategia de fusión militar-civil en China
Una observación a tener en cuenta: en China, en cambio, esa simbiosis entre la tecnología, los negocios y la seguridad nacional está formalizada, es explícita y respeta la rígida estructura jerárquica del Estado. No es un eslogan, una sugerencia o un programa de incentivos. Es la ley. La «fusión militar-civil» china es una estrategia nacional impulsada por el presidente Xi Jinping que incluye también a las universidades y centros de investigación. Legalmente, cualquier avance que se logre en el país, ya sea en reconocimiento facial, drones de reparto o inteligencia artificial, puede ser reclamado por el Ejército como activo militar.
China ha contestado a las restricciones de chips, software y maquinaria imponiendo un sistema de licencias a la exportación de tierras raras y minerales críticos como el galio y el germanio. Aquí está la jugada maestra: obliga a que todos los exportadores obtengan licencias comerciales especiales y especifiquen los usuarios finales y usos previstos del material, en un proceso que permite al gigante asiático abrir o cerrar el grifo de licencias con precisión. Como una especie de termómetro de relaciones internacionales, ajusta la disponibilidad que un país tiene de determinados materiales en respuesta a los más pequeños movimientos diplomáticos.
Los riesgos del abuso digital y la concentración de riqueza
¿Riesgos? Aunque las instituciones y los medios de comunicación suelen centrarse en alertar de los vídeos que se utilizan para suplantar a representantes políticos, estos son una minoría. La gran mayoría de los deepfakes en línea son imágenes pornográficas no consentidas, y las víctimas son mujeres. El ascenso de la IA ha amplificado dramáticamente el abuso digital, haciéndolo más rápido, más específico y más difícil de detectar. Por lo tanto, el gran negocio sexual del abuso, de la trata de mujeres y del tráfico humano se multiplica.
La revolución digital ha generado una concentración de poder y riqueza sin precedentes. La barrera de entrada para desarrollar tecnología ha escalado hasta ser casi prohibitiva. Es decir, que los cientos de millones de dólares necesarios para arrancar un proyecto dejan fuera a universidades, centros de investigación independientes o cualquier startup que no cuente con acceso a enormes flujos de capital riesgo. Un filtro que también reduce el número de actores que se reparten los beneficios. El próximo Google, afirma Del Castillo, ya no nacerá en un garaje: la revolución tecnológica que promete riqueza para todos exige, como requisito de entrada, ser ya inmensamente rico para poder competir. En definitiva, el lector tendrá en sus manos una guía ilustrada muy bien editada y organizada, que le servirá de análisis para comprender cómo la inteligencia artificial y las grandes plataformas están reconfigurando el poder político y económico.
(Gabriel Cortina)
Inteligencia artificial. Cartografía de la revolución
Carlos del Castillo
Editorial Península
172 páginas




