5 razones que demuestran que la invasión musulmana se hizo ‘con tolerancia y respeto’

Invasión musulmana

La última revisión de los contenidos escolares ha decidido reescribir uno de los episodios más relevantes de nuestra Historia: la llegada de los musulmanes a la Península Ibérica en el año 711. Según los nuevos manuales que se imparten en colegios e institutos, la entrada de las tropas de Tariq ibn Ziyad no fue una invasión, sino un ejercicio ejemplar de «tolerancia y respeto». Esta distorsión flagrante del pasado busca sustituir los hechos documentados por consignas políticas destinadas a anestesiar el espíritu crítico de las nuevas generaciones.

La manipulación de los textos escolares en España

En las aulas, los estudiantes ya no aprenderán que el desembarco en Gibraltar marcó el inicio de ocho siglos de invasión, destrucción y muerte islámica en buena parte de la Península. Ahora, la narrativa oficial presenta el hecho como «un intercambio cultural pacífico» en el que, lejos de imponer costumbres o religión, los recién llegados se limitaron a «convivir en armonía» con los pueblos hispanos, tal como recoge Mediterráneo Digital.. Se adoctrina y se manipula a los niños y se les oculta la complejidad de un proceso bélico de asimilación forzosa, sustituyéndolo por un idílico cuento de hadas multicultural.

Analistas, docentes y expertos denuncian que se trata de una grave manipulación ideológica para blanquear una invasión militar que cambió radicalmente la cultura, la política y la religión del territorio. «Es como decir que la Segunda Guerra Mundial fue un malentendido entre amigos«, ironiza un profesor de Historia que prefiere permanecer en el anonimato para evitar represalias académicas por salirse del dogma políticamente correcto implantado por el Ministerio de Educación.

El lenguaje ‘woke’ aplicado a la conquista del 711

Mientras tanto, las autoridades educativas aseguran que este cambio se basa en una «revisión crítica y descolonizada» del pasado, orientada a fomentar la diversidad y el respeto intercultural. Y así, el desembarco musulmán en la Península pasará a la Historia escolar no como una conquista, sino como la primera gran visita turística con espada en mano. Se vacía el lenguaje de contenido real para encajar el drama de la guerra en los moldes de la corrección política contemporánea.

A este paso, resultará que los musulmanes del 711 fueron los primeros feministas de la historia. Hacían invasiones sí… pero con perspectiva de género. La ridiculez de analizar el siglo VIII bajo las anteojeras ideológicas del siglo XXI solo demuestra el nivel de sectarismo de quienes redactan los planes de estudio vigentes.

Y como dice Pedro Baños en X: «Se les olvida el detalle de que fue llevada a cabo por musulmanes y musulmanas, que se enfrentaron contra visigodos y visigodas, en batallas ecológicas, resilientes e inclusivas». La sátira se queda corta ante un sistema educativo empeñado en transformar el rigor historiográfico en una parodia panfletaria.

5 razones que demuestran su falsedad

Frente a este intento coordinado de reescritura histórica, el rigor de los investigadores independientes se alza como el único antídoto eficaz. Fernando Paz, en el curso de España con una mirada nueva elaborado para Aula Mucha Vida, aporta cinco razones contundentes basadas en las crónicas de la época que demuestran de forma matemática la falsedad absoluta del mito de la convivencia idílica en el territorio peninsular.

1. Al-Ándalus, gran centro de esclavos y comercio humano

Uno de los primeros mitos abordados por el historiador fue el de la tolerancia, convivencia y respeto a los cristianos. De hecho, afirma que Al-Ándalus “fue uno de los grandes centros de esclavos”, convergiendo en el territorio multitud de rutas donde directamente se comerciaba con la población hispana. La realidad económica del califato y de los emiratos posteriores dependía estructuralmente de la mano de obra forzada y de la privación absoluta de libertad de los vencidos.

En muchos sitios reducían a la esclavitud a toda la población cristiana, en otros solo a los guerreros vencidos. No faltaron casos en los que el mando militar, en no pocas ocasiones, ordenó la aniquilación completa de una población”, detalla Paz. Este panorama de tierra quemada choca frontalmente con la imagen de asimilación pacífica que hoy se vende en las escuelas.

Según sus datos, la cifra de esclavos hispanos enviados a Damasco en los primeros años tras la conquista ascienden a los 30.000 y en los siglos siguientes, Al-Ándalus sería para el islam “una permanente fuente de obtención de esclavos en las razias, llegando a organizar expediciones dirigidas específicamente a eso”. Las incursiones militares en territorio norteño no buscaban la expansión territorial, sino la captura de seres humanos para nutrir los mercados de esclavitud locales e internacionales.

2. Las cristianas, concubinas obligadas “para complacer” al opresor

Otro de los aspectos que contradicen multitud de mitos es el del destino de la mujer cristiana en Al Ándalus. La mayoría de estas concubinas eran de procedencia cristiana y se comerciaba con ellas en un “inmenso mercado de esclavas destinadas a clases acomodadas”. La sumisión de la mujer bajo el código legal y religioso islámico era absoluta, convirtiendo sus cuerpos en botín de guerra.

Una vez comenzaban su nueva vida, pasaban a ser “centro de fiestas, banquetes y celebraciones”, siendo “educadas específicamente para complacer a los hombres” y siendo “utilizadas como adornos”. E igualmente, “el varón podía maltratar o vengarse de la concubina del modo que el viniese en gana”. No existía amparo legal ni reconocimiento de dignidad personal para estas mujeres sometidas.

Este régimen de desprotección total contrastaba vivamente con la estructura jurídica del norte peninsular. Mientras en el Al-Ándalus idealizado por los nuevos libros las mujeres eran mercancía, en el mundo cristiano la esposa podía heredar, la mujer era mayor de edad al mismo tiempo que el varón o podía casarse una vez se convertía en viuda así como ser tutora de sus hijos. El derecho romano y consuetudinario visigodo garantizaba una posición social infinitamente superior a la mujer de la que jamás gozó ninguna habitante del califato.

3. Pagando para sobrevivir: la humillación ritual de la ‘yizia’

El historiador también menciona la yizia, “el impuesto por excelencia” sobre la población cristiana -principales dimmíes-. El tributo “partía de la consideración de ser el precio que los dimmíes debían pagar por no ser ajusticiados, si no se pagaba, el cristiano era ejecutado”. La tolerancia, por tanto, no era un valor moral, sino un chantaje económico institucionalizado: o pagabas sumas astronómicas o perdías la vida.

Sin embargo, la económica no era la única vertebración de esta modalidad de impuesto. Aunque lo económico “fuera esencial”, Paz menciona que existía una intencionalidad “especialmente humillante”, pues “el pago se realizaba de un modo degradante” en el que el recaudador cogía del cuello al dimmí obligándole a pagar como “enemigo de Alá”. El ritual buscaba la quiebra psicológica y el sometimiento público del infiel ante la comunidad musulmana dominante.

Dicho recaudador debía ser imitado por todos los que le rodeasen, pudiendo empujar o maltratar al pagador del impuesto. Un espectáculo al que “debía ser admitido todo el que quisiese gozar de él y no había medio posible de evitar tales afrentas, porque según la interpretación de los alfaquíes, el pago de la yizia debía haberse personalmente”. La ley islámica impedía el pago por delegación precisamente para asegurar que cada varón cristiano pasara por el trance de la sumisión obligatoria.

4. El cristiano pagaba hasta diez veces más impuestos que el musulmán

En el mismo sentido, Paz detalla que en lo relativo a impuestos los cristianos debían pagar la mitad de lo obtenido en su cosecha a las autoridades, lo que contrastaba enormemente con el trato que recibían los musulmanes en el terreno conquistado, debiendo pagar únicamente el azaque o diezmo religioso, que oscilaba entre el 5 y el 10%. Esta asfixia fiscal forzaba la conversión masiva por pura supervivencia económica, no por convicción espiritual.

“Mientras, los cristianos pagaban un 50% de forma directa, a lo que debía añadirse la ampliación de otros tributos sobre la utilización de bienes como huertas, ganado, aguas o prados, o la prohibición de disponer de cantidad alguna de su cosecha hasta que hubiesen pagado los impuestos a las autoridades». El campesinado autóctono quedaba reducido a la miseria extrema para sostener el opulento estilo de vida de las élites árabes y berberes.

El sistema de recaudación utilizaba la violencia de manera sistemática para evitar el fraude o la ocultación de rentas. Y si la autoridad sospechaba que los dimmíes ocultaban algún bien, los oficiales los torturaban hasta lograr su confesión.. Las prisiones y salas de tormento califales estaban llenas de contribuyentes cristianos que no podían hacer frente a las exacciones arbitrarias de los gobernantes.

5. Sí hubo conquista, y no fue “ni voluntaria ni amable”

Pero más allá de los impuestos excesivos, la esclavitud o la explotación, la conquista islámica se caracterizó fundamentalmente por su violencia, quedando amplias regiones arrasadas literalmente, según detalla Fernando Paz tras contrastar las fuentes arqueológicas y documentales. Pasaban a cuchillo a las ciudades que ofrecían resistencia y transformaban sus iglesias en mezquitas de inmediato.

Formas de conquista

Una conquista que se produjo de tres formas distintas pero siempre con la violencia con un papel protagonista.

En la primera, por la fuerza militar,los vencidos son sometidos sin ningún miramiento y de forma habitualmente cruel”. Las matanzas servían como aviso ejemplarizante para el resto de las plazas fuertes de la Península.

Con esta, se daba también una conquista por abandono del territorio por las poblaciones locales, “huyendo atemorizadas precisamente porque la conquista no era ni voluntaria ni amable”. El éxodo de miles de hispanorromanos hacia las montañas del norte demuestra que la llegada del islam se percibía como una catástrofe absoluta y no como un benévolo intercambio cultural.

Y en tercer lugar se alude a la “sumisión mediante acuerdo con la población local”. Esta última se produjo mediante capitulaciones entre invasores y vencidos, lo que en ningún momento permite interpretar el pacto como una sumisión voluntaria. Eran actas de rendición incondicional que los invasores dictaban bajo la coacción de las armas. Los pactos locales eran la única alternativa para evitar el exterminio completo de la población civil.

Blanqueamiento de la invasión musulmana

En definitiva, lo que se pretende con la tesis en cuestión es normalizar la invasión árabe como si no hubiera sido excesivamente onerosa para los invadidos, pues hasta ha habido historiador que ha negado que se tratase de invasión alguna. Este blanqueamiento sistemático del año 711 responde a una agenda política contemporánea que busca extirpar la identidad histórica de España para sustituirla por un relativismo cultural sin raíces al principio e islámica al final.


Tags: historia, invasión, colegios, islam, esclavos, impuestos, mitos

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