España ya no pinta nada en Europa, es irrelevante. Esa es la conclusión inevitable tras la última escena protagonizada por Pedro Sánchez, que mostró su malestar por quedar fuera de una reunión internacional convocada por la italiana Giorgia Meloni. No se trataba de una cumbre decisiva para el destino del mundo. Sin embargo, revela algo más profundo: la pérdida total de peso de España en el tablero europeo.
Lo grave no es la exclusión en sí. Lo grave es que Sánchez se indigne, además, por no salir en una foto sin contenido político real. Eso demuestra que el prestigio ceremonial importa más que la capacidad de acción. España ha pasado de aspirar a liderar a conformarse con figurar. Pero a Sánchez ya no le dejan ni eso.
La Unión Europea ya no decide nada
La Unión Europea se ha convertido en un actor secundario en los grandes conflictos globales. Ucrania, Oriente Medio o Groenlandia se deciden fuera de Bruselas. Las grandes potencias marcan la agenda. Europa solo comenta.
La UE carece de margen estratégico. No dispone de fuerza militar real. No controla su política energética. No influye en los grandes pactos internacionales. Vive de discursos vacíos, comunicados y gestos simbólicos. Pero nada a la hora de la realidad. Son políticos charlatanes los que lideran Europa.
En ese contexto, la pataleta de Sánchez resulta aún más ridícula si cabe. Un dirigente que protesta por no salir en una foto inútil admite que la foto vale más que la política real.
Sánchez: de la autopercepción al vacío
El episodio Meloni-Sánchez muestra la brecha entre autopercepción y peso real. Sánchez se ve como estadista internacional. La realidad lo sitúa como un figurante sin voz, como un actor fracasado que no tiene ningún papel asignado. Es un cero a la izquierda.
España oscila entre la retórica de relevancia global y una presencia internacional marginal. Cada vez más países toman decisiones sin contar con Madrid. Cada vez menos líderes consideran a España un socio estratégico y confiable. Si Europa pinta poco, Sánchez ya no pinta nada. Y eso es lo que le duele.
España irrelevante en Europa
España siempre tuvo capacidad de influencia cuando contó con liderazgo firme. Hoy carece de rumbo exterior. Sánchez ha reducido la política internacional a marketing personal. Todo se limita a discursos ideológicos y gestos simbólicos. Pero en realidad, nada de nada. Es la típica política tercermundista de república bananera. Demagogia nada más.
Mientras tanto, Alemania, Italia, Francia o Polonia defienden intereses nacionales. España solo repite consignas globalistas sin resultados tangibles.
Sánchez es un cero a la izquierda
El caso Meloni resulta anecdótico, pero simbólico. Refleja a un líder obsesionado con la imagen en un momento en que lo importante es la capacidad real de influencia. Sánchez gobierna desde la escenografía. Cree que figurar equivale a ser relevante. Pero la política internacional no funciona así. El respeto se gana con poder, no con selfies.
España no ha perdido influencia por culpa de Europa. La ha perdido por culpa de un liderazgo débil, un soberbio cargado de vanagloria, ideológico y obsesionado con la propaganda. Sánchez ha convertido la política exterior en un teatro de gestos vacíos. Ha renunciado a defender intereses nacionales. Ha subordinado la soberanía a la agenda globalista.
Un país sin voz en Europa es un país condenado a la irrelevancia. Y hoy, por desgracia, eso es exactamente lo que somos gracias a Sánchez.
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