El índice es elaborado por la Universidad de Gotemburgo (Suecia)
España en su peor momento institucional
El índice de corrupción en España ha alcanzado su nivel más alto desde el inicio de la democracia. El último informe elaborado por la Universidad de Gotemburgo sitúa a nuestro país en una posición alarmante dentro del contexto europeo.
Según los datos de 2025, referidos al año anterior y publicados por El Confidencial, España registra el peor valor desde 1977. La escala utilizada va de 0, que representa el nivel más bajo de corrupción, a 1, que marca el máximo.
Este resultado refleja un deterioro progresivo del sistema político español bajo el mandato de Pedro Sánchez. El índice de corrupción en España ya no muestra una anomalía puntual, sino una tendencia sostenida al alza que compromete la credibilidad institucional.
El informe forma parte del proyecto internacional V-Dem (Varieties of Democracy), en el que participan cerca de 4.000 expertos. Este estudio analiza la corrupción en los poderes ejecutivo, legislativo, judicial y burocrático, además de los procesos de elaboración de leyes.
El índice de corrupción en España rompe así con la narrativa oficial de estabilidad democrática que el Gobierno proyecta en el exterior.
De la normalidad al deterioro acelerado
La evolución histórica resulta todavía más reveladora. En 2018, año en que Pedro Sánchez llegó a la presidencia, España registraba una puntuación de 0,04, un valor que coincidía con la media histórica entre 1980 y 2010. En 2020, el país alcanzó su mejor resultado con 0,03. Sin embargo, desde entonces comenzó una escalada constante. En 2022 subió a 0,05, en 2023 alcanzó 0,07 y en 2024 llegó al preocupante 0,10.
El sistema de evaluación del proyecto V-Dem se mantiene estable desde hace décadas. Este método permite comparar series históricas con fiabilidad. Por tanto, el aumento del índice de corrupción en España no responde a cambios metodológicos. Responde a un empeoramiento real de los estándares políticos.
El informe también desglosa varios subepígrafes. En corrupción del Ejecutivo, España obtiene en 2024 un 0,10, la peor cifra desde 1976. El índice de corrupción en España refleja así una pérdida de calidad institucional que afecta al núcleo del Estado.
Un problema político, no técnico
El Gobierno intenta presentar estos datos como meras percepciones académicas. Sin embargo, los números dibujan una realidad incómoda. España experimenta un desgaste profundo de sus mecanismos de control y de su cultura de responsabilidad política.
👉 “España ya no figura entre las democracias ejemplares: se acerca a modelos institucionales propios de países fallidos”.
La corrupción no se limita al uso indebido de recursos. Incluye el abuso de poder, la colonización de instituciones, la manipulación legislativa y la falta de rendición de cuentas. Todo ello forma parte del deterioro que denuncia este informe.
Mientras tanto, el Ejecutivo insiste en su discurso de compromiso democrático. Proyecta una imagen de normalidad que choca con los indicadores internacionales. El contraste entre propaganda y realidad resulta cada vez más evidente.
El índice de corrupción en España señala un modelo de gobierno basado en la opacidad, la polarización y la instrumentalización del Estado. Un modelo que erosiona la confianza de los ciudadanos y debilita la separación de poderes. España ya no figura entre los países ejemplares de Europa. Se aproxima peligrosamente a estándares propios de dictaduras o Estados fallidos.
Una advertencia que no se puede ignorar
El índice de corrupción en España no constituye una anécdota estadística. Representa una advertencia seria sobre el rumbo político del país. Bajo el mandato de Pedro Sánchez, las instituciones han perdido fortaleza y credibilidad.
La corrupción no solo destruye recursos. Destruye la legitimidad del sistema, el respeto a la ley y la confianza social. Sin instituciones sólidas no existe libertad real, ni justicia efectiva.
España necesita recuperar el sentido del servicio público, el respeto a la legalidad y la transparencia institucional. Sin estos pilares, cualquier discurso sobre progreso resulta vacío.
El deterioro institucional no se revierte con propaganda. Se revierte con principios éticos y morales, con valores, con responsabilidad política y con un compromiso real con la verdad y la ley. Hoy, el índice de corrupción en España demuestra que ese compromiso no existe.




