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Un dosier elaborado en el Ministerio del Interior clasificó a decenas de periodistas españoles en función de su ideología, su afinidad política y su posición respecto al Gobierno de Pedro Sánchez.
Persecución a los periodistas: el dosier secreto de Marlaska propio de las tiranías
El deterioro institucional en España alcanza cotas alarmantes que amenazan directamente los pilares del Estado de derecho. El Confidencial ha publicado que el equipo de Fernando Grande-Marlaska elaboró un dosier secreto de decenas de periodistas ‘fichados’ por su ideología. Sí, el Ministerio del Interior establece una distinción entre periodistas ‘afines’ y ‘problemáticos’. Esta preocupante realidad evidencia una sistemática estrategia de señalamiento público que busca asfixiar al periodismo crítico. La historia demuestra el peligro inminente de estas prácticas gubernamentales: hoy estás en una lista, mañana estarás en la cárcel. Así funcionan las dictaduras comunistas en todo el mundo, controlando la información para perpetuar sus estructuras de poder.
Esta intolerable clasificación opera desde una institución pública con capacidad de influir en el acceso a fuentes, acreditaciones y trato institucional. No estamos ante una simple anécdota administrativa, sino ante el uso de los recursos del Estado para premiar la sumisión y castigar la fiscalización periodística. La revelación de este listado de comunicadores elaborado por el Ministerio del Interior, en el que se distingue a los periodistas que son afines y los problemáticos, confirma los peores temores sobre la deriva autoritaria del actual Gabinete socialista.
El control ideológico sobre los profesionales de la información
La dimensión de este espionaje político abarca a todo el espectro de la prensa no alineada con las directrices de la Moncloa. La lista incluye a directores de medios, columnistas, tertulianos y redactores, así como a responsables o antiguos responsables de organizaciones profesionales. En ella también figuran profesionales que cubren habitualmente información relacionada con Interior, la Policía Nacional o la Guardia Civil. Al catalogar a los informadores en función de su línea editorial o ideológica, el Ministerio busca amordazar a quienes destapan los escándalos de la gestión de Marlaska y del partido en el poder.
Hay que decirlo claramente: estamos en una dictadura que reprime la libertad de expresión, que clasifica a los periodistas como afines o problemáticas y que mañana los meterán en la cárcel. Ninguna democracia occidental ampara la creación de ficheros ideológicos destinados a discriminar a los profesionales de la comunicación. Esta persecución a los periodistas recuerda a los métodos más oscuros de los regímenes totalitarios comunistas, donde los gobernantes utilizan las cloacas del Estado para vigilar, neutralizar, desacreditar, y cancelar a todo aquel que ose cuestionar el relato oficial del régimen.
La impunidad del poder frente a la pérdida de libertades
Lo más desolador de este escenario es la pasividad con la que las instituciones y parte de la sociedad asumen estos atropellos. Por supuesto que no pasará nada. Marlaska seguirá, Sánchez seguirá, la tiranía crecerá y mientras, la libertad desaparecerá en España. La falta de asunción de responsabilidades políticas en el seno del Ejecutivo socialista perpetúa un clima de impunidad absoluta donde los derechos fundamentales pierden su valor real día a día.
La fiscalización de los cuerpos de seguridad y de la política penitenciaria constituye una labor esencial en cualquier sociedad libre. Sin embargo, la gestión de Marlaska prefiere transformar las dependencias de Interior en un centro de control ideológico. La prensa libre no puede ceder ante el chantaje de las acreditaciones ni ante el miedo al ostracismo institucional. La defensa de la libertad de expresión exige denunciar con contundencia estas listas negras que avergüenzan a la nación ante la comunidad internacional.
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