El indigno Sánchez se niega a declarar Lugar de Memoria a Paracuellos y las chekas

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El sectarismo ideológico del gobierno que preside Pedro Sánchez ha alcanzado una nueva cota de infamia en su estrategia de falsificación del pasado. Mediante un ejercicio de cinismo burocrático, el Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática ha consumado un veto histórico al negar la condición de Lugar de Memoria Democrática al cementerio de Paracuellos del Jarama y a las chekas que sembraron el terror en Madrid durante la Guerra Civil. Esta decisión confirma que la legislación actual sobre memoria histórica no busca la justicia ni la reparación general, sino imponer un relato oficial asimétrico y cimentar un fraude que divide a las víctimas en función de su adscripción política.

El escándalo ha saltado a la luz pública gracias a la labor del investigador Pedro Corral, quien formuló cuatro preguntas directas a la Unidad de Información de Transparencia del ejecutivo nacional según señala Libertad Digital. El escritor cuestionó los motivos por los cuales el Estado mantiene en el olvido institucional a las más de trescientas cincuenta chekas gestionadas por los sindicatos y partidos del Frente Popular. Asimismo, reclamó explicaciones sobre la exclusión del cementerio de Paracuellos del Jarama, que alberga la mayor fosa común de España, y la desatención hacia los campos de trabajos forzados vinculados al denominado Tren de Negrín. La cuarta consulta apuntaba directamente al Palacio de la Moncloa y sus inmediaciones en la Ciudad Universitaria, que registraron ejecuciones sumarísimas en el otoño de mil novecientos treinta y seis.

El doble rasero del Ministerio de Memoria Democrática

La respuesta oficial del departamento que dirige el ministro filomasón Ángel Víctor Torres refleja la arbitrariedad de un ejecutivo que utiliza las instituciones públicas como herramientas de propaganda partidista, de manipulación y falseamiento. La Subdirección General de Divulgación de la Memoria despachó las consultas con un texto idéntico que elude las obligaciones de la propia ley. El documento administrativo afirma de forma literal que el Estado no asume la obligación de declarar la totalidad de los espacios vinculados a episodios de represión o privación de libertad. El ejecutivo limita estas designaciones a los entornos que, según sus criterios particulares, reúnan características de relevancia histórica acreditada para figurar en el Inventario Estatal.

Esta contestación administrativa incurre en una flagrante contradicción con el artículo cuarenta y nueve de la normativa vigente. La ley define un Lugar de Memoria Democrática como todo espacio donde ocurrieron hechos de singular relevancia por su repercusión en la memoria colectiva, vinculados a la represión y la violencia sobre la población. Sin embargo, el gobierno central aplica un filtro restrictivo cuando las víctimas pertenecen al bando que no encaja en su mitología partidista. El texto gubernamental introduce factores ambiguos como la duración temporal del fenómeno o su dimensión social para rebajar la importancia de los crímenes cometidos en el Madrid republicano.

El olvido institucional de las chekas y Paracuellos

La exclusión de Paracuellos del Jarama constituye una de las mayores ofensas a la verdad histórica y a la dignidad de los caídos. Entre noviembre y diciembre de 1936, las milicias del Frente Popular formadas por socialistas, comunistas y anarquistas, ejecutaron a miles de ciudadanos en ese paraje tras extraerlos de las cárceles madrileñas en las conocidas sacas. Las investigaciones independientes elevan la cifra de asesinados a más de cinco mil personas, incluyendo a menores de edad, religiosos, militares y simples sospechosos de simpatizar con la derecha. Los traslados se realizaban en vehículos públicos de la época para proceder a fusilamientos masivos sin la existencia de juicios previos ni garantías legales básicas.

El desprecio institucional se extiende al entramado de las chekas madrileñas, que funcionaron como centros clandestinos de detención, tortura y asesinato sistemático. El propio redactado ministerial admite que la exclusión de estos lugares no implica el desconocimiento de los hechos históricos asociados, pero mantiene la negativa a su catalogación oficial. Esta postura desvela la intención de ocultar un periodo de terror que desmiente la visión idílica que el sanchismo intenta proyectar sobre la Segunda República. Al negar la señalización de estos centros de reclusión ilegal, el Estado desprotege el patrimonio material que atestigua la violencia ejercida por las organizaciones de izquierda.

Los trabajos forzados y el Tren de Negrín

El expediente de Transparencia también revela la nula voluntad del gobierno de Sánchez para reconocer el sistema penitenciario y de trabajos forzados del Frente Popular en la península. La petición de Pedro Corral instaba a la declaración como Lugar de Memoria de los tramos ferroviarios conocidos como el Tren de Negrín o el Tren de los Cuarenta Días en localidades como Nuevo Baztán y Ambite. En estas zonas, cientos de penados sufrieron regímenes de explotación laboral extrema en la construcción de infraestructuras estratégicas para el esfuerzo bélico republicano.

El ejecutivo justifica la exclusión de estos campos aduciendo que la existencia de episodios de trabajo forzado no determina de forma automática su inclusión en el registro nacional. La aplicación de este criterio contrasta con la celeridad que muestra el ministerio cuando evalúa vestigios vinculados exclusivamente a la represión del régimen franquista. El tratamiento diferenciado evidencia un sesgo selectivo donde las violaciones de los derechos humanos adquieren o pierden relevancia según la identidad ideológica de los verdugos.

La Moncloa y la manipulación del relato histórico

La negativa a catalogar los entornos del Palacio de la Moncloa y la Ciudad Universitaria cierra un círculo de desatención que busca proteger la imagen del propio recinto presidencial. Durante los primeros compases del conflicto civil, estas ubicaciones presenciaron decenas de detenciones ilegales y asesinatos. La fijación del gobierno por monopolizar el relato del pasado responde a una estrategia iniciada en la etapa de Rodríguez Zapatero, cuyo propósito final consiste en revertir el resultado de la contienda militar mediante decretos políticos y leyes de parte.

La manipulación de la historia por parte del sanchismo ignora deliberadamente los factores que dinamitaron la convivencia en la década de 1.930. El relato oficial silencia hitos fundamentales como el asesinato del líder de la oposición, José Calvo Sotelo, a manos de la Motorizada, la milicia vinculada al PSOE. Esta omisión deliberada pretende ocultar la responsabilidad del Frente Popular.

La política memorialista del actual gabinete divide a las víctimas de la historia de España en categorías de primera y segunda clase. Mientras unos colectivos reciben homenajes de Estado y recursos públicos para su dignificación, los asesinados en Paracuellos del Jarama o en las chekas sufren la exclusión del inventario oficial. El uso partidista de la memoria histórica por parte de Pedro Sánchez no busca la reconciliación entre españoles, sino la venganza, la revancha, el odio y la explotación de las heridas del pasado para obtener rédito político en el presente.


tags: Sanchez, Paracuellos, Chekas, Memoria, Historia, Fraude, Represion

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