Pedro Baños: «China ha desarrollado un misil hipersónico que puede ser imparable»

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Cuando se supo que China había probado un nuevo misil hipersónico con capacidad nuclear, algunos analistas dijeron que era un punto de inflexión que tomó por sorpresa a Washington. 

Dos veces este año, el ejército chino lanzó un cohete al espacio que dio la vuelta al planeta antes de acelerarse hacia su objetivo.

En la primera ocasión, no logró alcanzar su objetivo por aproximadamente 40 km, según personas informadas con datos de inteligencia que hablaron con el Financial Times, el diario que dio a conocer primero la historia.

Mientras algunos políticos y analistas estadounidenses se alarmaron por el aparente progreso de China, Pekín se apresuró a negar los reportes, insistiendo en que se trataba de la prueba de una nave espacial reutilizable.

Pero, ¿qué implicaciones tiene?

El coronel Pedro Baños en una entrevista de Rubén Arranz de Voz Populi, ofrece su punto de vista y que en Adelante España, por su importancia, reproducimos en su integridad.

Pregunta: Veamos, ¿vivimos un conflicto a gran escala? ¿Han comenzado ya las hostilidades?

Sin lugar a dudas. Lo que pasa es que hoy en día hay que tener en cuenta que la guerra se realiza con instrumentos muy distintos a lo que tenemos en mente. Nosotros pensamos todavía en la guerra del siglo XX, que se libraba con armas militares convencionales. Hoy en día eso ha cambiado y se utilizan instrumentos económicos –embargos o sanciones- y también se recurre al ciberespacio, donde se libra permanentemente una batalla a través de los intentos de imponer narrativas o de la manipulación mediática.

P: También hay evolución tecnológica y nuevas armas convencionales…

R: Se está utilizando un armamento muy novedoso, dentro del terreno de la guerra convencional. Pero la fórmula de invadir países ya no es quizás el objetivo. Ahora se utilizan otras formas de control. Y todavía hay mucha gente que es incapaz de comprender esta nueva realidad.

P: Parece que la destrucción mutua alejó la forma convencional de hacer la guerra…

R: Vamos a ver, hasta ahora hablábamos de armas nucleares estratégicas, que es lo que estaba regulado en los tratados. Pero también podemos hablar de las armas nucleares tácticas; o de las que tienen elementos electromagnéticos, que se emplean en bombas lógicas que tienen la capacidad de destruir los sistemas electrónicos de los lugares a los que se ataca. Esto se hace a sabiendas de la importancia de la tecnología para los grandes países. Por tanto, su poder destructivo es muy grande.

P: China ha apagado los radares de navegación internacional. El otro día varios medios se hicieron eco de esta medida. ¿Un nuevo paso dentro de la escalada de tensión?

R: En este escenario que vivimos, todo lo que sea actuar en ese espectro electromagnético es prioritario. Es lo que se puede llamar ‘la guerra electrónica’ y entre el gran público no sabemos muchos detalles de ella. De los aviones que generan interferencias o de las señales que se envían en los ‘cuellos de botella’ de navegación para confundir a los barcos y alejarlos de su trayectoria.

P: Y todavía hay quien defiende que no existe la maldad, pese a lo retorcidos que somos…

R: Eso sería muy inocente. El ‘buen salvaje’ de Rousseau no existe; el mundo es absolutamente hobbesiano y lo va a seguir siendo. La tecnología cambia a un ritmo vertiginoso, como nunca había sucedido; y los que no inviertan en tecnología van a quedar sometidos por los que sí lo hagan. Pero lo que nunca varía es el componente humano: las pasiones, las debilidades, los pecados capitales… y la ambición por intentar imponer la voluntad propia a los demás, bien sea la de de una persona o la de un Estado. Y muchas veces parte de estos logros tecnológicos pretenden establecer controles sobre el resto.

P: Hablemos del misil hipersónico chino. ¿Debemos temerlo?

R: Pues mira, el peligro de un misil depende de la carga que lleve. Es decir, de su cabeza. Pero es cierto que hablamos del novedoso ámbito de las armas hipersónicas. Aquí debemos distinguir dos tipos: por un lado, los vehículos de desplazamiento hipersónico (HGV), que son una especie de planeadores que son enviados al espacio en una especie de nave espacial y, una vez que alcanzan la órbita, sueltan a ese trasbordador y entran en la atmósfera con trayectorias erráticas e imprevisibles.

Es decir, no siguen trayectorias balísticas convencionales y eso hace que ningún sistema de defensa antiaérea pueda destruirlos. Estos pueden emplearse como un arma convencional, por ejemplo, utilizando su velocidad para destruir un objetivo; o bien para que mientras de forma hipersónica (volando a más de 5 mach), puedan lanzar un misil contra medidas electrónicas que estén actuando contra él.

P: Hay otro tipo de armas…

R: Sí, son los misiles de crucero hipersónico (HCM). Estos se pueden lanzar desde un submarino y alcanzan velocidades hipersónicas de mucho más de 5 mach. Esto es el misil avangard ruso, que vuela a más de 20.000 kilómetros por hora, que puede realizar maniobras laterales y verticales de varios miles de kilómetros y es totalmente invulnerable contra los sistemas de defensa conocidos.

Este misil puede llevar una carga nuclear y eso le convierte en temible. Pero, como decías, los chinos parece que acaban de descubrir una tecnología que aventaja a la rusa. Y, ojo, Estados Unidos va muy atrasado en estas armas. Está haciendo grandes esfuerzos, pero hay quien piensa que tiene un retraso de 20 años con respecto a las otras dos potencias. Otras potencias, como Reino Unido e India, han iniciado programas para desarrollar estas armas.

P: Estados Unidos en problemas…

R: Ha tenido algunos fracasos, aunque en septiembre ha conseguido su primer éxito. Pero, de momento, se puede decir que está muy atrasado en este tipo de tecnología. Vaya, que China ha desarrollado un tecnología que es, hoy por hoy, imparable.

P: Hay una carrera armamentística, varias potencias…Esto recuerda un poco a los primeros años del siglo XX…

R: El ejemplo que pones es perfectamente válido, lo que pasa es que, por ejemplo, uno de los motivos que llevó al hundimiento de la URSS, fue la guerra de las galaxias iniciada por Ronald Reagan. Básicamente, porque se comprobó que los soviéticos no resistían el ritmo de desarrollo tecnológico.

¿Y si ocurriera ahora lo mismo con Estados Unidos con respecto a China? Es cierto que Estados Unidos cuenta con el poder económico que otorgan los JP Morgan, Blackrock, Vanguard, Blackstone…pero también tiene una situación económica muy delicada. Con lo cual, puede ser que se invierta la tortilla y puede ser que los norteamericanos no puedan mantener el ritmo.

P: Y, entre medias, Taiwán…

R: El secretario de Estado de Estados Unidos ha llegado a decir que estarían dispuestos a entrar en guerra si China ataca Taiwán. Y China la reclama para su territorio al considerar que es una región histórica que le pertenece. Además, está haciendo una campaña muy inteligente -todo hay que decirlo- para intentar atraer a esta isla hacia su seno y que va más allá de lo militar.

Es una campaña económica y política. Están transmitiendo que China va a dominar el mundo y que los taiwaneses no tienen necesidad de seguir aliados con los perdedores. China quiere expulsar a todas las potencias europeas de Asia, al igual que hicieron los estadounidenses con la doctrina Monroe.

P: ¿Ese sentimiento de hacer gestos a China por si logran la hegemonía ha impregnado ya a España?

R: ¿Sabes lo que pasa? Que tenemos que ser conscientes del rumbo que sigue el mundo. Y ojo, queda por ver la reacción del mundo anglosajón ante la pujanza de China, que puede ser peligrosa y violenta, como demuestra la historia con las potencias en declive. Pero en España debemos saber por dónde va el mundo y sopesar con quién nos interesa aliarnos. Y eso no implica ni mucho menos aceptar su sistema político.

También hacemos negocios con teocracias feudales que no respetan los derechos humanos. Quizás con una China tan sumamente pujante hay que hacer negocios dejando a un lado la política. Mira, ellos se están convirtiendo en el primer mundo y nosotros, cada vez más, en el tercero. Si ahora tú vas a la mejor ciudad estadounidense y, al día siguiente, vuelas a un lugar puntero chino, te da la impresión de llegar desde el pasado. Es una transición absolutamente rápida.

(Entrevista de Rubén Arranz para Voz Populi)