Vamos a contar mentiras… y muertos | Paco Álvarez

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Ahora que vamos despacio, de fase a fase, vamos a contar mentiras: Por ejemplo, que el que no acusen al Delegado del Gobierno de prevaricación, es un triunfo para el feminismo y para el gobierno, como opina la señora ministra del ramo/de la rama. Una cosa es que esté demostrado el delito y otra, muy distinta, es que no esté demostrado que mintieron y ella (si tía) la primera. Grabado y en vídeo es igual que blanco y en botella.

A lo mejor entre tantas mentiras, ésta en concreto parece asunto menor, tal vez no comparable a los millones de tests de la John Hoskins, a la transparencia, las peticiones de unidad… pero si tristemente comparable a las mentiras sobre el número de muertos que por el momento ha causado la pandemia en nuestro país. Un número incierto y misterioso, que sospechamos, pero no sabemos, ya que en uno de los múltiples cambios de criterio del gobierno, la cifra dejó de tener sentido. Por cierto, sobre esto también mintieron, afirmando que los contaban como la OMS dice, cuando hasta en Antena 3 se demostró que lo que dice en los documentos de la OMS sobre cómo contar los fallecidos, no es lo que hace este gobierno que sufrimos. No. No saben ni contar, o mejor dicho, no les interesa que podamos contar.

Allá por el 30 de abril, el VP tildó a un partido de la oposición de “parásitos” por según él: “utilizar a los muertos para hacer política”, pero es precisamente su gobierno el que escamotea las cifras de muertos, cifras terribles que simplifican decenas de miles de nombres de personas que se han ido, que nos hablan de decenas de miles de tragedias familiares, como si fuera una cuestión contable el relatar que a lo mejor cincuenta mil españoles han muerto durante lo que va de pandemia. ¿Por qué no nos dicen cuántas personas han muerto? Las razones sólo pueden ser políticas. Cada semana últimamente, a una mentira se suma otra. Por ejemplo, la última semana ha afirmado el gobierno que han fallecido 27 personas, aunque el total no ha variado en estos cinco últimos días, ascendiendo, según ellos a 27.136 todo el tiempo. Sin sumar ni uno de esos 27 que ellos afirman han sucedido. Pero si vemos los datos diarios, un día nos dicen que no ha habido fallecidos, otro día que uno o ninguno … aunque la suma semanal les dé 27 o los que ellos quieran decir. Así que, con un poco de suerte, el día que falleces el gobierno puede afirmar que ese día no ha habido fallecimientos y no vas a contradecir al gobierno, ¿no?

Luego se preguntan por qué no parecen un gobierno fiable o porqué Alemania, salvo excepciones, recomienda no viajar a España hasta después que termine agosto. La razón es simple, muy simple. Tal vez de aquí a entonces, la “contabilidad creativa” del horror que practica este gobierno, se aclarará. Insisto. No es delito, pero es mentira, como lo de que no sabían nada acerca de ninguna pandemia el fin de semana del 8 de marzo.

Mientras tanto, la Directora General del Instituto de la Mujer y para la Igualdad de Oportunidades (o algo así) se dedica a enviar cartas a un empresario (por lo menos) diciéndole lo que debe de poner, o lo que no, en las placas decorativas para puertas que él fabrica. Realmente, esa es la prueba de la realidad que le preocupa a este gobierno. No cuántos muertos hay, ni qué responsabilidad tiene nadie del gobierno en absolutamente nada, sino que un señor fabrica placas para puertas que dicen: “aquí vive un pirata” o “aquí vive una princesa” perpetuando los roles de género.

Que venga ya el meteorito por favor. Primero, cada quien fabrica, dentro de la legalidad, lo que quiera y nadie hay en el gobierno capacitado para indicar a un empresario lo que debe, o conviene fabricar, insisto, dentro de la legalidad. Segundo. Vaya usted al guano, querido gobierno. Cada quien que fabrique lo que estima que se vende y cada quien que compre lo que quiera para la puerta del cuarto de su hija o hijo. Faltaría que el gobierno que nos ha medio arruinado (todavía les queda tiempo para terminar la tarea) venga a decirnos, como hace cincuenta años, lo que conviene afirmar o no en lo que cada uno hacemos. Mentiras.

Mentiras, como lo de que España sea un país “racista y colonialista” como hemos tenido que escuchar en la manifestaciones realizadas en grupo y sin respetar distancias ni nada (sin que nadie a la izquierda protestase) sobre el fallecimiento de un señor de color a varios miles de kilómetros de aquí, mientras que ni uno de esos manifestantes que gritaban alegremente: “policía asesina” vayan a hacerlo nunca por ninguno de las decenas de miles de muertos españoles en estos tres meses. Por cierto, no vi ni una bandera española.

Además, un tema. A los inmigrantes que opinen que el nuestro es un país “racista y colonialista” les invito desde aquí a que dejen de soportar este ambiente terrible y represivo y regresen a sus países, donde seguramente, no tendrán que soportar nuestro “racismo”. En cuanto abran las fronteras, creo que deberían irse, pobrecillos, lo que tienen que aguantar…

Lo del movimiento “antiracismo” este, ha demostrado ser otra gran mentira. La mejor manera a tenor de lo que se ve, de combatir el racismo, es asaltar violentamente las tiendas de A- Móviles, B- zapatillas deportivas C-Cualquier otra.

Y ya de camino, pintar la estatua de Lincoln, sí, el que abolió la esclavitud en USA, porque fue un racista. O la de Churchill, el que venció al nacismo y al fascismo, por fascista. De paso, censuramos Lo que el Viento se llevó, también por racista. Precisamente la película por la que le dieron un Oscar por primera vez en la Historia (1940) a una artista negra, Hattie McDaniel, quien terminó su discurso de agradecimiento a la Academia con la (muy facha) frase: «Espero sinceramente servir siempre a mi raza y a la industria cinematográfica. Dios los bendiga».

En Minnesota unos pseudo-indígenas derribaron una estatua de Colón y se pusieron a bailar alrededor. Si Estados Unidos hubiera sido parte de nuestro Virreinato de la Nueva España, a lo mejor ahora los sioux no eran el 0,7% de la población, como en Minnesota y serían, sumando los mestizos, el 80% de los habitantes, como en México.

Da igual. Es todo mentira. Es un mantra. En las ensaladas de cierta multinacional de fast food, se ha retirado el huevo para no ofender a los veganos. En la Academia de Hollywood están viendo cómo premiar a las películas que incluyan la diversidad en su elenco (me imagino cómo van a quedar las pelis de vikingos), en resumen, mientras la pandemia mata a decenas de miles de personas en todo el mundo, otros se ofenden por cualquier cosa y convierten a “esa cosa” en una nueva bandera para dividir más a la (poca) civilización que queda y esa división es aprovechada en nuestro país por los políticos comunistas para minar más todavía, nuestras libertades. Y eso, me temo que no es mentira. Si no, que te expliquen por qué en el bus podemos ir todos juntitos, y en cambio, en los teatros o en las playas o en la misma calle, debemos mantenernos a un metro y medio de distancia, aunque llevemos bozal, digo mascarilla. Todo es mentira. Como dijo un soldado de los Tercios en Rocroi: “Contad los muertos”.

Paco Álvarez | Escritor