Este megaproyecto submarino de unos 42 km de longitud despierta profundas alarmas sobre la seguridad y la soberanía españolas.
Ignacio Sánchez-León 04/01/26 06:00
El Túnel de Gibraltar con Marruecos avanza como un megaproyecto estratégico que beneficia a Rabat y multiplica los riesgos geopolíticos, migratorios y de soberanía para España.
Un proyecto geopolítico disfrazado de ingeniería
El Túnel de Gibraltar ha dejado de ser una hipótesis técnica para ocupar el centro del debate estratégico entre España y el Reino de Marruecos. El proyecto surge al calor del Mundial de Fútbol de 2030 y promete unir Europa y África mediante una infraestructura submarina de 42 kilómetros.
El Gobierno presenta la obra como una oportunidad histórica para la logística y el comercio regional. Sin embargo, expertos, agentes sociales y fuerzas de seguridad alertan de graves consecuencias. España asume los riesgos … muchos riesgos, mientras Marruecos recoge los beneficios. Esta ecuación se repite desde hace años bajo el mandato de Pedro Sánchez.
Los peligros reales no nacen de la ingeniería. Nacen de la geoestrategia, la soberanía y el control de los flujos humanos y energéticos. El Túnel de Gibraltar introduce una dependencia estructural que debilita la posición española en el Estrecho.
Ceuta y Melilla, las grandes damnificadas
Uno de los mayores riesgos del Túnel de Gibraltar Marruecos afecta directamente a Ceuta y Melilla. Marruecos desarrolla desde hace décadas una estrategia de “soberanía gradual” sobre ambas ciudades españolas. El túnel refuerza y amplifica esa hoja de ruta.
La conexión directa entre Tarifa y Tánger, en Punta Malabata, deja a Ceuta en una posición logística marginal. Aumenta su aislamiento y su dependencia de Rabat. Con ello, Ceuta corre el riesgo de convertirse en una isla estratégica rodeada por intereses hostiles. España perdería capacidad de maniobra en un territorio clave.
El Gobierno de Sánchez podría aceptar la obra prevista para 2040 como una cesión encubierta a las tesis territoriales marroquíes. El Túnel de Gibraltar amenaza con consolidar esa cesión a cambio de una supuesta estabilidad económica a corto plazo.
Un grifo geopolítico en manos de Rabat
Diversos informes describen el Túnel de Gibraltar como un auténtico “grifo geopolítico”. Una conexión física permanente concede capacidad de chantaje a quien controla uno de los extremos. Y Marruecos controlaría el sur. En cada crisis diplomática, Rabat podría relajar controles y presionar a España mediante flujos migratorios o tráfico de drogas. España ya conoce ese método. Marruecos lo aplicó en Ceuta y Melilla con avalanchas migratorias organizadas.
El Túnel de Gibraltar facilitaría ese mecanismo de presión con mayor rapidez y menor coste político para Rabat.
Chantaje permanente: Migración, energía y amenazas híbridas
El Gobierno disimula y oculta los riesgos migratorios asociados al Túnel de Gibraltar. España ya sufre una presión migratoria constante, agravada desde la cesión unilateral de Pedro Sánchez del Sáhara Occidental, a Marruecos.
Moncloa se escuda en la ONU cuando interesa. Cuando no, la desprecia sin rubor. Esa incoherencia debilita nuestra posición internacional.
El túnel también podría transportar hidrógeno verde, la energía del futuro. Esa dependencia energética colocaría a España en una situación vulnerable. Cualquier disputa menor podría afectar al suministro, a la seguridad y a la economía nacional.
El Túnel de Gibraltar abriría la puerta a amenazas híbridas, sabotajes y presiones constantes sobre infraestructuras críticas.
Gibraltar, Reino Unido y el tablero internacional
La presencia del Reino Unido en Gibraltar añade complejidad al Túnel de Gibraltar . España busca reafirmar su control logístico del Estrecho tras el Brexit. Marruecos y Londres juegan su propia partida. De hecho, fuentes diplomáticas apuntan a un interés británico por conectar Gibraltar directamente con Marruecos, al margen de España. Ese escenario debilitaría aún más la posición española en una de las zonas más sensibles del planeta.
El Túnel de Gibraltar no solo afecta a España. Afecta a Europa y a Estados Unidos por su impacto en seguridad y defensa.
Riesgo social, religioso y cultural
El proyecto también acarrea un riesgo de fractura social en España. Un aumento descontrolado de población de origen marroquí, sin integración real, podría generar conflictos étnico-religiosos. Marruecos extiende su influencia religiosa y cultural en España de forma constante.
Hay que recordar que el rey Mohamed VI actúa como “comendador de los creyentes” para miles de musulmanes residentes en nuestro país. Son sus súbditos aunque vivan y estén nacionalizados como españoles. Podrían actuar como una verdadera quinta columna
Rabat controla mezquitas, imanes, escuelas y cátedras universitarias mediante financiación y prebendas toleradas por Moncloa. El Túnel de Gibraltar aceleraría esa influencia en un contexto ya frágil.
Una puerta permanente en la frontera sur
El Túnel de Gibraltar no representa un seguro de paz. Representa una puerta permanente en una frontera estratégica. Facilita el comercio, pero también multiplica los riesgos migratorios, energéticos y de seguridad nacional.
España no necesita proyectos diseñados a medida de Marruecos. El futuro de España no puede hipotecarse bajo el pretexto de un megaproyecto geopolítico mal planteado que beneficia a Marruecos y perjudica a España.




