Su República | María Sánchez

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin

Un homenaje a ellos y ellas que fueron los pioneros de nuestra democracia. Y esos valores republicanos por los que pelearon, y por los que han seguido peleando sus hijos y nietos” — Pablo Iglesias, Vicepresidente Segundo del Reino de España, a fecha: martes 14 de abril de 2020, en el aniversario de la proclamación en 1931 de la II República.

Es bien conocida por todos la labor de persecución y difamación que está sufriendo D. Juan Carlos I, Rey Emérito de España, por parte del Gobierno actual (no podría exculparse al Partido Socialista Obrero Español, puesto que por omisión o inacción también ocurre la comisión).

En esta entrada no se pretende analizar la importancia (o no) de la Monarquía en España, subrayando los hitos históricos que ésta hubiera traído a la Nación (y los que dejó de hacer por complacencia de todos) y el papel que el Borbón hubiese desempeñado en la Transición (si es que consideramos el modo en el que se llevó a cabo la Transición como un bien para los españoles).

¿Sabes por qué esta entrada no está para esto? Porque hemos tenido casi 45 años para meditar estas cuestiones. Quien no lo haya hecho aún, se dejará llevar por el juicio mediático, sin ejercicio alguno de la libertad de pensamiento. Y no seré yo quien limpie los fatales errores del Rey Emérito, pero tampoco quien mancille su honor mezclando medias verdades con mentiras completas y sacando de contexto la Historia.

Pero lo importante, ¿por qué es preferible una Monarquía en España? (Hago especial hincapié “en España”, por su trayectoria histórica, probablemente en otras Naciones una República sea lo más idóneo)

En la vida para tomar decisiones, hay que tener muy claro lo que quieres o, al menos, lo que no quieres. En este caso tomaremos la postura de lo que los hechos han demostrado que no es bueno para España y los españoles.

Como ya nos adelanta Pablo Iglesias en la cita de apertura, la democracia que ellos quieren (como si hubiera una democracia socialista y otra conservadora) es la que está impregnada de valores republicanos. Observemos más de cerca estos valores: sabotaje de elecciones, golpes de estado incesantes (algo así como “el que la sigue la consigue”), declaración de independencia de Cataluña (¿déjà vu?), violentas ejecuciones (sí, la República en un periodo de tiempo 5 veces menor ha matado tres veces más personas que ETA), 23 estados de alarma para concentrar todo el poder (en toda la democracia solo se han declarado 2 estados de alarma… ¿Adivinas con qué partido? Dejo a tu reflexión la idea de si la declaración de un estado de alarma ha sido y es usada como método de control), una reforma agraria que perjudicó la producción agrícola (aunque era de sentido común, pues las huelgas eran el “pan de cada día” y ya sabemos que “no solo de pan vive el hombre”) y consecuentemente cayó en picado el PIB.

Expuestas las razones de peso con las que cualquier español -que no se alimente por las mañanas, tardes y noches de otra cosa que no sea ideología– estaría de acuerdo en oponerse a una República en España, voy a revelar lo que en mi opinión es la raíz del problema. En mi opinión, aunque contrastado con hechos (que la ignorancia es muy atrevida).

Es muy sencillo: la Cruz. Esta podríamos llamarla la legislatura del diablo sin careta. No quiere decir que haya sido la primera o la única. Esta es la que, entre otras, se destaca por su manifestación pública de odio hacia Dios. Y realmente no creo que sean ateos, lo que más les remueve por dentro es no ser ellos los dioses que su pueblo merece -y debe- adorar. En definitiva, promueven el laicismo para imponer su panteísmo.

A buen entendedor, pocas palabras bastan.

María Sánchez | Jurista