El movimiento soberanista y la desconexión de las preocupaciones materiales diarias

Soberanismo y desconexión de problemas

El movimiento soberanista: entre el éxito discursivo y la inoperancia práctica

Es innegable que el movimiento soberanista ha logrado romper tabúes que parecían inamovibles en el tablero político español. La inmigración masiva y la seguridad ciudadana son, hoy más que nunca, pilares de un discurso que conecta con una parte importante de la población que se siente abandonada por el consenso globalista y el sistema partitocrático. El diagnóstico es acertado y la valentía al tratar estos temas es su mayor activo. Sin embargo, existe un peligro latente que amenaza con convertir al movimiento en una fuerza testimonial: la creencia de que la bandera y la identidad pueden sustituir a la política concreta y material que afecta en el día a día a la familia española.

El soberanismo ha sabido señalar las grietas del sistema, pero se muestra peligrosamente torpe a la hora de proponer cómo repararlas. Mientras el debate se centra exclusivamente en la preservación de la nación- que no es poco-, el ciudadano que debe sostener esa nación se encuentra librando una batalla diaria por la supervivencia económica que el soberanismo parece ignorar o, peor aún, despreciar.

La desconexión de las preocupaciones materiales diarias

El ciudadano español medio vive en una realidad marcada por salarios estancados que no han seguido el ritmo de la inflación y una sanidad pública que se desmorona bajo el peso de la saturación y la falta de inversión. Si el movimiento soberanista aspira a ser algo más que un grito de protesta, debe entender que la patria también es el centro de salud y la nómina de fin de mes.

Existe una brecha abismal entre la retórica de las élites del movimiento soberanista y las angustias de su base electoral. Las nulas ayudas a la familia o a la maternidad o el acceso a la vivienda se han vuelto una misión imposible para los jóvenes y las familias trabajadoras, mientras que la incertidumbre sobre la viabilidad de las pensiones genera un ruido de fondo constante en los hogares. Si el soberanismo solo habla de fronteras y olvida la resolución de los problemas concretos del día a día, está regalando un espacio político inmenso a sus adversarios, quienes, a pesar de sus grandes errores, sí saben articular promesas —aunque sean falsas— sobre el bienestar material.

El estigma de los recortes y la contradicción social

En ocasiones, el movimiento se percibe —con razón o sin ella, pero con efectos electorales devastadores— como una formación que aboga por recetas económicas que implican recortes en los servicios públicos. Esta percepción choca frontalmente con la necesidad de protección social que demanda su propia base electoral. No se puede pedir sacrificio por la identidad nacional a una clase trabajadora que se siente desprotegida por el Estado ante la crisis.

El soberanismo entra en una contradicción sistémica cuando flirtea con un liberalismo frío que desmantela el escudo social. La base que hoy apoya al movimiento por una cuestión de seguridad e identidad es la misma que mañana lo abandonará si percibe que sus propuestas económicas solo benefician a las rentas altas. La protección de la nación es indisoluble de la protección del ciudadano; sin servicios públicos fuertes, la soberanía es un concepto vacío para quien no puede pagar el alquiler.

La trampa del «globalismo fallido»

Es cierto que el soberanismo triunfa cuando las élites globalistas fallan, y han fallado estrepitosamente. Pero no basta con señalar el error ajeno ni vivir de la renta del descontento. El victimismo y la crítica constante al «sistema» tienen un recorrido corto si no van acompañados de una capacidad de gestión superior y de resolver los problemas concretos de las personas. Hasta ahora, el movimiento se ha sentido cómodo en la oposición y en cierta batalla cultural – que no toda-, pero ha demostrado una alarmante falta de cuadros técnicos y propuestas detalladas para los problemas económicos estructurales de España.

Señalar que el globalismo destruye la industria es el primer paso, pero el segundo es proponer una política industrial ambiciosa que cree empleos reales. Afirmar que la soberanía nacional es importante está bien pero es estéril sin una política exterior concreta basada en la neutralidad y la independencia. Decir que se es un movimiento profamilia y provida suena a demagógico si no viene acompañado de una política familiar, de natalidad con medidas concretas de apoyo a la familia y la vida. El votante no suele perdonar errores ideológicos, pero rara vez perdona la incompetencia en la política práctica de las cosas de comer.

Hacia una soberanía real o la irrelevancia

El movimiento soberanista se encuentra en una encrucijada histórica. Puede elegir seguir siendo un partido de nicho, centrado en la identidad y la seguridad, o puede evolucionar hacia una fuerza de gobierno que entienda la identidad y el disponer de un armazón ideológico bien estructurado es el alma de una nación, pero la resolución de los problemas del día a día, la economía y los servicios públicos son su cuerpo. Si el cuerpo muere, el alma no tiene dónde residir. Cuerpo y ama son complementarios y necesarios

Si el partido no baja al barro de la vivienda, las pensiones, la política familiar, la educación o la sanidad con propuestas que no impliquen simplemente «recortar por recortar», acabará siendo devorado por su propia desconexión. No hay que ganar solo las batallas culturales – fundamentales, pero insuficientes- sino también la resolución de los problemas de la realidad material que golpea cada mañana a las familias.


Tags: Soberanismo, Gestión pública, Crisis de vivienda, Clase obrera, Seguridad, Servicios públicos, Política española

Comparte con tus contactos:

1 comentario en «El movimiento soberanista y la desconexión de las preocupaciones materiales diarias»

  1. Al ciudadano medio le angustia llegar a fin de mes, poder circular libremente por su ciudad sin restricciones, trabajar y ganarse un sueldo digno, superar el engendro de la agenda 2030 pensado para favorecer a las élites, su seguridad y sus servicios.
    Todo eso está reflejado en VOX
    De donde sacáis que VOX va a olvidar todo eso?
    También vosotros estáis por la labor de desacreditar al único partido que defiende al ciudadano español?

    Responder

Deja un comentario