¿Saldremos más fuertes de la crisis del COVID? | Eusebio Alonso

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España atraviesa en la actualidad una de las peores coyunturas a nivel económico y social del último siglo. Aunque ya se va viendo la salida a la crisis sanitaria, el coste en vidas y sacrificio ha sido inaceptable. A nivel económico, España tiene una deuda que ya supera ampliamente el PIB y el déficit crece año tras año como también lo hacen, de forma recurrente, los gastos del Estado. A nivel social, el paro ha crecido como consecuencia del confinamiento y la detención de la actividad económica durante cerca de tres meses sin que esta actividad se haya recuperado totalmente. Nuestra tasa de paro está ya alrededor del 15% y puede seguir creciendo. Permítanme que haga una reflexión personal sobre si realmente vamos a salir más fuertes de la crisis del COVID.

Hacer frente a la situación actual en España requiere una rápida actuación con la aplicación de medidas eficaces para incentivar la actividad productiva y la creación de empleo. No parece que un gobierno social-comunista sea el más adecuado para hacer frente de forma eficaz a esta grave situación. Ceder a la tentación de nacionalizar empresas, seguir elevando los impuestos y crear nuevos subsidios permanentes para sufragar el voto cautivo, puede ser una medida contraproducente para superar la grave situación económica. Reformar la legislación laboral en estos momentos, de forma no consensuada con los partidos de implantación nacional, supondrá un riesgo adicional para la recuperación económica del país. Saldríamos más fuertes de esta crisis si el gobierno y la oposición tuvieran sentido de Estado y primase el futuro de España por encima de los intereses electorales de los partidos.

Tenemos una clase política privilegiada respecto al resto de los ciudadanos en cuanto a su percepción económica, pago de impuestos y derechos. Además, es extraordinariamente numerosa como consecuencia del ineficaz sistema autonómico. Lo que supone un enorme lastre para el país. Son cerca de medio millón de personas la que viven de la política en España sin que eso suponga más eficacia en la anticipación a los problemas ni en su resolución. Esta clase política es incapaz de trabajar unida para priorizar el interés nacional respecto de los intereses de partido. Desgraciadamente, tampoco parece demasiado dispuesta a renunciar a sus privilegios o acomodar sus ingresos a la situación actual del país. Saldríamos más fuertes de esta crisis si los políticos tuvieran compromiso de servicio y capacidad de sacrificio por España en lugar de valerse de unos privilegios inaceptables que resultan aún más sangrantes en tiempos de crisis.

En España tenemos un modelo productivo antiguo que más temprano que tarde tendremos que mejorar. Algunas de sus carencias son las siguientes:

  • Se sigue sin invertir lo suficiente en I+D para aportar el necesario valor añadido que nos haga más competitivos.
  • Nuestra productividad individual es bastante mejorable.
  • El coste de la energía es muy alto.
  • Los impuestos a la producción son elevados.
  • No hay cultura del emprendimiento consecuencia de la falta de suficientes ayudas y facilidades.

Saldríamos más fuertes de esta crisis si fuéramos capaces de mejorar nuestro modelo productivo siguiendo el ejemplo de otros países, y no me refiero precisamente a Venezuela. También deberíamos respetar, y no combatir, las actividades que han representado tradicionalmente una parte importante de nuestro PIB como son el sector de la automoción y el turismo.

La medida de subida del salario mínimo, sin respetar en consenso previo de los agentes sociales, ha puesto grave en riesgo la viabilidad de muchas pequeñas y medianas empresas, premiando a aquellos trabajadores cuyo nivel salarial es más bajo. Esta medida crea un agravio comparativo respecto a los otros trabajadores, desincentivando la cultura del esfuerzo y el compromiso personal. Saldríamos más fuertes de la crisis si se respetara la independencia de los agentes sociales en lugar de decidir asuntos relevantes de forma irresponsable.

La aprobación de la renta mínima vital solo tiene sentido de forma temporal para paliar situaciones graves de españoles e inmigrantes legales que se encuentren en situaciones de necesidad, pero nunca debe ser un incentivo a la inmigración ilegal ni debe suponer una pérdida de interés en la búsqueda activa de empleo. Decisiones de este calado deberían someterse a referéndum. En Suiza, país con superávit anual, se hizo en 2016 un Referéndum sobre la percepción de la renta mínima permanente para sus ciudadanos (Grundeinkommen). El resultado fue el rechazo mayoritario de la medida por un 76% de la población que creyó que el país no se lo podía permitir, y que la medida desincentivaría la búsqueda de trabajo. En España se ha aprobado esta medida sin saber cuánto dinero va a suponer su implantación, ni quienes van a ser los beneficiados, ni de dónde se va a sacar ese dinero para pagarla. Si el gobierno no da transparencia en este asunto, la oposición tendrá que exigirla. Saldríamos más fuertes de la crisis si el gobierno tuviera sensibilidad por el consenso, así como por la consulta social en asuntos de gran impacto económico o político.

La legislación en materia laboral y educativa sufre continuos bandazos al no primarse el consenso entre las fuerzas políticas sino la imposición del que gobierna en cada momento. Un sistema educativo y de calidad, que facilite la libre elección es fundamental para el futuro de cualquier país. Los cambios constantes en la legislación laboral desincentivan la inversión. Saldríamos más fuertes de la crisis si fuéramos capaces de dar una imagen de estabilidad y consenso en materias fundamentales con respeto a la libertad y a la opinión de todos.

Existe poca transparencia para el ciudadano de a pie sobre donde el Estado se gasta el dinero. Hay organismos, muchos de ellos de corte ideológico, cuyo gasto no es auditable. Tampoco se da la oportunidad de que el ciudadano pueda influir en el destino de sus impuestos, salvo en el caso de la famosa casilla destinada a la Iglesia de la declaración de la renta. Ya me gustaría disponer de muchas más casillas de este tipo en la declaración de la renta para todos los chiringuitos ideológicos, sindicatos y ONGs. Saldríamos más fuertes de la crisis si los recursos se administraran de forma más eficiente, sensata, y se premiara el ahorro y el emprendimiento.

Se echan de menos espacios para el debate público sobre temas controvertidos de naturaleza política. Estos espacios solo se reservan y de forma muy escasa en formato debate antes de las elecciones. Es verdad que esos debates tienen también lugar en el Congreso de los Diputados, pero allí se permite con frecuencia licencias que en un medio de comunicación con amplia audiencia no se permitirían, como por ejemplo el no ceñirse al tema de debate contestando con evasivas o descalificaciones personales. Que la gente no reclame estos espacios demuestra un inexplicable desinterés en los asuntos políticos y una falta de pensamiento crítico alarmante. Saldríamos más fuertes de la crisis si se ofreciera más transparencia a los ciudadanos, llevando el debate político a los medios de comunicación con participación de los partidos con mayor representación e incluso la participación ciudadana.

Hay demasiados escándalos abiertos ante los que la mayoría de los medios de comunicación prefieren ponerse de perfil para ayudar al olvido colectivo. Saldríamos más fuertes de la crisis si el periodismo fuese más imparcial y su financiación fuese transparente.

Una democracia se fundamenta en la separación de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial. Teniendo en cuenta que la mayoría parlamentaria decide el gobierno de la nación y que los cargos de los órganos de control de jueces y fiscales se forman por decisión política, no veo dónde está esa independencia ¿Es que esto no le preocupa a nadie? El tribunal constitucional, cuyos miembros son elegidos por el poder político, tiene sobre la mesa asuntos sobre los que no se ha pronunciado en demasiado tiempo. Cuando lo haga, la sentencia será de poco o ningún valor. Me refiero en particular al recurso de inconstitucionalidad sobre el estado de alarma y a la ley Aido del aborto que lleva ya cerca de 10 años en un cajón. Saldríamos más fuertes de la crisis si la elección de los miembros de los organismos de control de la judicatura y de los altos tribunales no la realizaran los políticos sino los profesionales de la judicatura. Preferiblemente aquellos sin afiliación política.

La gobernabilidad de España se apoya actualmente en algunos partidos que defienden el golpe de estado contra la nación y justifican el terrorismo. Los intereses de esos partidos no son precisamente el beneficio de España. Se puede suponer que para conseguir este apoyo habrá habido cesiones por parte del partido que gobierna. Estas alianzas fueron expresamente rechazadas en campaña electoral. Sin duda estas cesiones ahondaran en desequilibrios entre regiones y en perjuicio de la nación. Saldríamos más fuertes de esta crisis si la oposición y todos los ciudadanos pudieran conocer el detalle de esas cesiones, así como si se creara el delito electoral que sancionase a los políticos con la inhabilitación cuando se miente en campaña electoral.

Recientemente hemos conocido las injerencias del poder político en el desempeño del deber de los cuerpos y fuerzas de seguridad de Estado. Estas injerencias han castigado el respeto a la ley de algunos responsables de la Guardia Civil que han sido cesados por cumplir con su deber. Saldríamos más fuertes de esta crisis si se pensara más en el respeto a la ley y en los intereses de la nación que en los de cada partido.

El hecho de estar en la Unión Europea supone una cierta tranquilidad de cara a poder encontrar una salida a esta grave situación económica, aunque de seguro la solución no va a ser una patente de corso para seguir comprometiendo un gasto insensato. Es muy posible que finalmente acabemos siendo intervenidos por los tecnócratas de la Unión Europea con aplicación de importantes recortes. Eso demostraría la falta de confianza de Europa en nuestro gobierno para hacer frente a esta difícil situación. Saldríamos más fuertes de la crisis si fuéramos capaces de transmitir seriedad a nuestros socios europeos tanto en la gestión como en el gasto.

Con estos mimbres, permítanme que dude que la mayoría de los españoles salga más fuerte de esta crisis. Tal vez el partido del gobierno si lo consiga, porque habrá probado que en España algunos pueden hacer lo que quieran sin que nadie les exija responsabilidad alguna. Me preocupa que eso pudiera ser un primer paso hacia una involución totalitaria ¿Nos protegerá también Europa de esto?

Eusebio Alonso