Rafael Nadal Parera o cuando la suma se hace casi imposible | Francisco Alonso-Graña

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“Érase una vez…”, así podría yo empezar este artículo con el ánimo admirado y al mismo tiempo rebosante de satisfacción porque intentar decir algo sobre Rafael Nadal parece como empezar a contar un cuento fantástico sobre un hombre que ya se ha convertido en leyenda del deporte universal y orgullo del nuestro en el que afortunadamente brillan a gran altura no pocos y variados personajes. Hoy es actualidad, ya que está en la cima entre las mayores figuras que nos podamos imaginar. Para nosotros los asturianos, que solemos ser muy familiares y algo confianzudos (sin que este adjetivo sea considerado peyorativo), este deportista, esta figura de tremenda altura internacional es, cariñosa y simplemente, Rafa, pues ha estado presente tantas veces en nuestras casas que nos parece un pariente muy cercano y del que nos gusta presumir llenos de orgullo. Tan grande es su figura, tan inmensa, tan gigantesca y perdonen tanta repetición, que se sale del canon habitual y cotidiano para convertirse en algo tan universalmente presente que ha conseguido la facultad de ser tan nuestro que podemos imaginarlo saliendo o entrando en cualquier habitación de nuestra casa como lo más natural del mundo y saludando con un “buenos días o buenas tardes, no me esperéis a comer o cenar pues hoy tengo partido.”

 Es el hombre que con su extraordinario juego, su gran capacidad de competición y su fuerza mental ha podido ganar a los muy buenos, a los buenos y a los no tan buenos y también ha sabido perder siempre con la mayor sencillez y elegancia sin que de su boca haya salido nunca una mala palabra que encierre algo negativo, sin que su expresión haya sido nunca de enfado o desprecio hacia sus contrincantes. Su perenne sonrisa ha sido invariablemente el gesto y la actitud ante victorias y también ante derrotas, tomadas siempre éstas con la mayor deportividad. Ningún adversario, vencedor o vencido, habrá podido sentirse ninguneado ni ofendido ante la gigantesca figura de nuestro deportista número uno. Rafa será siempre Rafa, el chaval que ya a los dieciocho años saboreaba las mieles de grandes victorias, el chaval que fue sumando triunfo tras triunfo hasta llegar a un total que difícilmente soporta añadidos.

Con este cainismo tan nuestro también, algunos aficionados ejercieron inoportunamente de adivinos hace pocas fechas, intentando borrarle del número uno para sustituirlo por una nueva y gran figura cuyo historial victorioso apenas acababa de empezar, pretendiendo juzgar la enorme carrera de Rafa por un solo partido. Tras ello, nuestro héroe hizo callar a todas esas voces con una sensacional victoria en París. Admiro a Pablo Alcaraz, sin duda próxima gran figura para nuestro orgullo deportivo, pero de eso a querer situarlo ya por encima del que lleva casi veinte años triunfando y luchando a los mayores niveles contra grandes contrincantes y graves adversidades, entra en el terreno de la ciencia ficción, siempre adelantada a los acontecimientos. Rafa es hoy único, no cabe la menor duda y en la historia de nuestro mundo del deporte, seguirá siendo único porque superarle va a ser algo poco menos que imposible sobre todo en estas circunstancias en que nos ha tocado vivir en las que cada día domina más la molicie, la ineptitud, la ausencia de esfuerzo, de sacrificio y en las que la trampa, la envidia y la mala intención están presentes en todos los ambientes.

Rafael Nadal es hoy y no cansaremos de repetirlo, el mejor y más grande de todos nuestros deportistas y su ejemplo de esfuerzo y superación con toda seguridad es de esperar que será fuente y modelo de muchos jóvenes y menos jóvenes que verán en su enorme tesón y descomunal valentía el espejo en que contemplarse para conseguir los fines más apetecidos bien sea en el deporte o en cualquier otra recta actividad.

Y aunque en el título del artículo aludimos a la gran dificultad que en este caso presenta la suma, esperamos que nuestro Rafa todavía la haga posible. La verdad es que, conociéndolo, no nos extrañaría.

¡Bravo Rafa! ¡Eres el mejor! Serás inolvidable. Elegido para la gloria en palabras de mi admirado Luis Herrero, hecho de la misma pasta que los sueños en expresión que creo ya antes había sacado a la luz aquel gallego genial, mago de las letras, Álvaro Cunqueiro. cuyo recuerdo se ningunea también.

Francisco Alonso-Graña | Escritor

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