Quiebra demográfica | Mariano Martínez-Aedo

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Parecen dos palabras que raramente se asociarían, y sin embargo describen de la mejor manera nuestra situación, la situación de España.  Si todos entendemos que la quiebra económica de una persona, de una familia, de una empresa, de un municipio o de un Estado significa que no puede seguir así porque gasta más de lo que tiene y lo que gana, la quiebra demográfica de una nación significa que su situación vital es insostenible porque va derecha a la desaparición física por desaparición paulatina de sus habitantes, y por tanto de su sociedad.

Los números llevan mucho tiempo mostrándolo, aunque el subidón inmigratorio de los últimos años ocultó la gravedad de la situación, pero el acelerón de los últimos tiempos muestra más claramente cada vez que España se encuentra en una situación de auténtica y gravísima Quiebra demográfica.

En efecto, aunque a 1 de Enero de 2021 había en España 61.609 personas más que un año antes, llegando a los 47.394.223 habitantes, la realidad es que hubo una inmigración neta de 215.465 personas y un decrecimiento vegetativo de 153.724 personas, ya que prácticamente murieron 3 personas por cada 2 que nacieron (492.930 defunciones frente a sólo 339.206 nacimientos).  Y esto es peor si analizamos la situación por nacionalidad, ya que las madres españolas tuvieron sólo 262.982 nacimientos frente a 476.416 muertes de españoles (un 81% más que nacimientos) lo que supuso un decrecimiento vegetativo de 213.434.  Los extranjeros, por el contrario, tuvieron un crecimiento demográfico de 59.710 personas (76.224 nacimientos vs 16.514 defunciones), el menor desde 2004.

Y esto no es sólo por un mal año coyuntural (sin el COVID a lo mejor el déficit de este año habría sido “sólo” de 80.000 personas) sino que es una clara tendencia de muchos años y que va empeorando continuamente entre la apatía institucional y social por una parte y las medidas ideológicas antifamilares de otra.

Y esta quiebra social (muchas más muertes que nacimientos) no es sólo un problema para las estadísticas, sino que representa un cambio social cada vez más acuciante.  En primer lugar, el envejecimiento social que lleva a que los mayores representen un porcentaje desmesurado de la sociedad con todas sus consecuencias económicas, sanitarias y laborales.  Desde el déficit insostenible a largo plazo de las pensiones y del sistema sanitario a un cierto anquilosamiento político debido a su creciente poder de presión por su volumen y sistemática participación electoral.

En segundo lugar, como reflejo en negativo, una disminución de las capas más jóvenes de la sociedad.  Por poner sólo un ejemplo de cómo la pirámide española semeja hoy un rombo que va camino de ser una pirámide invertida, hay 1.981.692 habitantes menores de 5 años.  Bien pues hay que buscar la cohorte de 75 a 79 años para encontrar una con menor número. Y si vamos a mujeres sería ya la de 80 a 84 años.  Esto representa, aparte de los problemas económicos de sostenibilidad ya citados, una menor capacidad de innovación y un futuro con un peso económico agobiante, donde se enfrenten a la necesidad de pagar una cantidad de cotizaciones sociales e impuestos ingente para mantener un edificio social que no podrán resistir sin grandes reformas.

Esta situación de nuestra sociedad con ese enorme déficit demográfico, que es aún más grave por cuanto en demografía las situaciones no cambian de un año para otro, sino que las tendencias aquí tardan años en modificarse, por eso es necesario tomar conciencia de esta auténtica debacle nacional y cambiar completamente de rumbo en todos los aspectos relacionados con la demografía, empezando por la familia.  En una empresa cuando se llega a una quiebra (especialmente si es tan grave como esta) hay procedimientos legales de intervención tajante y profunda que si no llevan a la desaparición, suponen medidas gravísimas y durísimas para intentar salvar lo que se pueda.   En España, asistimos atónitos como las autoridades, los medios de comunicación, la sociedad en general, aparte de algunas voces aisladas y alguna declaración más retórica que otra cosa, ignoran voluntariamente este gravísimo problema y siguen envueltos en sus luchas ideológicas cortoplacistas, empeorando la situación de paso con sus grandes errores.

Ante esta situación, volvemos a reclamar que se tome conciencia urgentemente de esta catástrofe demográfica y se actúe en todos los ámbitos, político, social, cultural, económico, laboral, etc. para revertir la situación en la medida de lo posible.  Que se cree una auténtica política familiar que ayude a las familias a ejercer sus derechos y a tener más hijos (las encuestas demuestran que las mujeres españolas querrían tener de media casi un hijo más pero no pueden por diversas causas).  Que se copie lo hecho por otras naciones y que ha funcionado (desde ayudas directas universales por hijo a préstamos para vivienda a familias jóvenes, con reducciones por hijos que tengan) y, sobre todo, que se cambie la cultura para reconocer realmente el derecho (y la maravilla) de tener hijos.

Respecto a la inmigración, que no se la use como excusa para no resolver este gravísimo problema, porque no puede ser la panacea que todo lo solucione.

Por último, si en caso de quiebra se suele despedir a los gestores que han llevado a la ruina a una empresa, ¿qué habría que hacer con este gobierno y los anteriores que no han tomado medidas sino todo lo contrario, han profundizado los problemas que nos hunden en esta situación?