Por cada muerte por suicidio hay 25 tentativas

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Considerado un tema tabú en la sociedad y en los medios de comunicación, la problemática del suicidio va cobrando cada vez más importancia. No en vano, es la principal causa de muerte no natural por encima de los accidentes de tráfico entre los jóvenes.

Por su importancia, reproducimos fragmentos de la entrevista del diario The Objective a Alejandro de la Torre Luque, director del Grupo de Investigación en Epidemiología Psiquiátrica y Salud Mental de la UCM que explica en esta entrevista sus objetivos y analiza los efectos de la pandemia en la tentativa de quitarse la vida.

El suicidio es uno de los problemas más importantes en el ámbito de la salud mental. ¿Existe un perfil definido de la persona que se quita la vida?

Para considerar el perfil hablamos de dos dominios. Por un lado, el ámbito sociodemográfico, donde encontramos que las personas que más intentan quitarse la vida son jóvenes menores de 25 años, pero quienes tienen más éxito en conseguirlo son los mayores de 65 años. Generalmente suelen ser hombres, aunque quienes más lo intentan sin éxito son las mujeres.

A nivel de perfil clínico, nos encontramos que las personas con estado de ánimo triste o deprimido son aquellas que tienen un mayor riesgo de mortalidad por suicidio. También aquellas que son más impulsivas y que suelen tener problemas para manejar emociones difíciles.

¿Son esos jóvenes menores de 25 años el colectivo que más preocupa a la investigación?

Sin lugar a dudas. Donde más estragos está dejando la pandemia a nivel de salud mental es en la población joven. Algunos estudios hablan del incremento de los ingresos hospitalarios por trastornos de conducta alimentaria respecto a antes del coronavirus. Estos a su vez llevan asociados más intentos autolesivos, no con intención de matarse, pero sí de regular sus emociones. Es una población muy sensible y tenemos que empezar a hacer ya cosas.

Hay políticas regionales que están poniendo en marcha algunas iniciativas y otras que vienen por parte de asociaciones, pero hay que seguir trabajando en ello.

El mapa de la situación del suicidio en España muestran una tendencia al alza. ¿Os ha llamado la atención alguna zona geográfica en particular?

No hay ninguna provincia en España que no tenga un incremento por mortalidad de suicidio en los últimos años. En 2020, año de comienzo de la pandemia de covid-19, según datos del INE se observa un aumento, pero la tendencia creciente se lleva viendo desde 2016.

Por cada muerte por suicidio hay veinticinco intentos, estamos ante una temática que necesita ser atajada ya. En general todas las provincias van en una misma dirección, pero nos llamó la atención cómo algunas que forman parte de la llamada España despoblada han mostrado un incremento más significativo de esta tendencia. Ávila o Segovia han registrado un incremento significativo desde que comenzó la pandemia. Sin embargo, Lugo y Jaén nos han llamado la atención porque tenían un incremento bastante significativo en los últimos años, pero la pandemia no les ha afectado tanto.

¿A qué puede deberse?

Esta diversidad de realidades por provincias es algo que estamos analizando. Pensamos que pueden ser movimientos demográficos o el impacto de las medidas que se han tomado por Comunidades Autónomas, pero quedan muchas preguntas en el tintero y las estamos analizando.

Cuando vengan los efectos de la postpandemia vamos a tener un auténtico tsunami de conductas suicidas. Aunque ya vamos un poco tarde, desde mi punto de vista, todavía estamos a tiempo de revertir muchas cosas. Animamos a las instituciones públicas y privadas a inmiscuirse en esto y a formar parte de nuestras iniciativas.

Estamos advirtiendo que el suicidio se aborda más ahora en medios de comunicación y redes sociales que hace unos años. ¿Es positivo el cambio?

La respuesta es rotunda y clara: sí, siempre que se abordan problemas de salud mental, reconocer la realidad suele ser un síntoma de que se está trabajando con ello. Aunque hay que considerar un pequeño matiz. El suicidio ha sido tabú durante muchos años porque cuando se comunicaba de forma sensacionalista se consideraba que producía un «efecto llamada» en los días siguientes, aumentando la mortalidad.

En los últimos años hay más formación en comunicación para amortiguar el efecto contagio.

¿Qué gran reto destacaría en 2022 en materia de suicidio?

El reto principal en España es que se aborde a nivel nacional, que se creen planes comunes compartidos y basados en datos reales. El camino que tenemos que recorrer es bastante largo. El esfuerzo que se ha hecho para eliminar los accidentes de tráfico está dando su fruto. Necesitamos crear planes que tengan un impacto similar a nivel de la conducta suicida.