La fundación de Podemos ha desempolvado el tarro de las esencias comunistas de Pablo Iglesias. El denominado Instituto 25M que dirige Juan Carlos Monedero reclama ya una “república plurinacional”, algo que dará alas a todos los partidos separatistas que dan soporte a Pedro Sánchez; la quiere con “democracia directa en todos los niveles”, al más puro estilo del experimento de Manuela Carmena para sacar las decisiones de sus ámbitos establecidos legalmente -los plenos o los parlamentos-; y todo ello bajo una consigna: “No es necesario desarrollar ninguna tecnología radical para entender las limitaciones de la forma de gobierno de la monarquía”. Se olvida Podemos de que la forma de gobierno de España no es la monarquía, sino la monarquía parlamentaria. Sensible diferencia.

La fundación de Podemos ha cerrado el año debatiendo el futuro de la economía española, pero también, de paso, de la política. Y las indicaciones de este denominado Instituto 25M desvelan abiertamente un plan comunista basado en la “nacionalización de los sueldos”, la generación de una “política industrial estatista” y, por supuesto, un paso hacia una “República plurinacional”.

Las recetas de Podemos y su fundación figuran en un documento elaborado por este Instituto 25M. Un informe bajo el título “Democratización Radical” define nuevos esquemas de gobernanza para España.

Allí se señala que “en ocasiones, las nuevas herramientas tecnológicas suponen una oportunidad para avanzar en los procesos de democratización y transparencia que requieren las instituciones. En este sentido se han dado interesantes iniciativas a nivel local, como las de Barcelona, que han puesto a la ciudadanía en el centro a la hora de pensar la nueva administración digital. Sin embargo, no han sido escaladas hacia el conjunto del Estado, donde la iniciativa (y los contratos) para la transformación digital eran delegadas a corporaciones privadas”.

El paso que quiere dar Podemos parte de controlar ellos ese proceso, porque “no se trata de digitalizar a fin de construir un sinfín de instituciones Smart, abriendo así nuevos espacios de acumulación al capital”. Se trata de “caminar hacia una República plurinacional donde los intereses y sensibilidades de los distintos territorios se encuentren representados de manera equitativa”. Y ahí, según la fundación de Podemos, “la soberanía tecnológica puede ser una responsabilidad común, pero para ello debe imperar la diversidad y no el centralismo en las instituciones del Estado”.

Por supuesto, todo partiendo del deseo de acabar con la monarquía parlamentaria española: “No es necesario desarrollar ninguna tecnología radical para entender las limitaciones de la forma de gobierno de la Monarquía”, destaca el informe.

Varias claves

Las claves de este cambio son varias. En primer lugar, “la esfera pública digital no puede ser un espacio para la administración, sino para la deliberación. Para ello deben crearse mecanismos de control y participación política asentados sobre la democracia directa en todos los niveles. Estos pueden fortalecerse gracias a plataformas públicas de medios de comunicación”.

Es más, “en el plano de los medios de comunicación, debiera crearse un Fondo de Innovación para el desarrollo de softwares no orientados a la comercialización del contenido, sino a mejorar las capacidades de investigación de los periódicos”. Todo planeado por Podemos, claro está.

La obsesión por el papel de los medios de comunicación libres queda clara: según Podemos, se debe “descentralizar el poder de las grandes corporaciones mediáticas, en su mayoría apoyadas por empresas con intereses políticos determinados, y reimaginar los medios de comunicación».

El informe añade que «lo mismo podría decirse sobre otros sectores culturales, donde los artistas que compiten de manera individual por el me gusta en Youtube podrían gozar de una plataforma pública”.

Los mecanismos decisorios también incluirían asambleas digitales: “Una asamblea digital permanente que una a actores políticos, sociales y académicos (tanto en el ámbito de la investigación social como tecnológica) para asegurar que los procesos de contratación pública se ajusten a las necesidades de la población. La asamblea digital permanente no es un órgano centralizado, sino una plataforma sobre las que los diferentes niveles de la administración desarrollarán sus herramientas de participación ciudadana y contratación pública”.

El nuevo orden podemita se completa con “organismos para la regulación algorítmica que ayuden a las instituciones a lidiar con las nuevas formas de implementar normas colectivas, fomentando la aplicación de los valores y principios democráticos que los algoritmos puedan tener (pues no deben por qué tenerlos) sobre los derechos individuales y colectivos».

Estas agencias de control algorítmico, entre otras funciones, desarrollarían «tareas de monitorización sobre el racismo, sexismo o clasismo presentes en sistemas automatizados de toma de decisiones. Estas iniciativas deben estar encaminadas a radicalizar las burocracias para sacar ventaja de las nuevas infraestructuras digitales, pero no pueden cambiar los sesgos sociales y las jerarquías existentes por sí mismas, sino velar porque una vez la sociedad se haya emancipado del capitalismo no se repitan de manera inconsciente sus antiguas lógicas».

Traducido: teledirigir con esos mecanismos a la sociedad hacia la erradicación del capitalismo, cuestión que según el instituto de Podemos ya ha elegido ese pueblo al que ellos dicen querer llevar hacia la “democratización radical”. Tan radical, que la primera decisión la toma Podemos por todos los votantes.

(Carlos Cuesta. OK Diario)

Por Redaccion

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