Por tierras de España: La Selva de Irati. Navarra | José Riqueni Barrios

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Comoquiera que pensábamos hacer varias rutas al norte de Navarra, a finales del mes de julio del año de nuestro Señor de 2013, elegimos un apartamento en el fotogénico y bien cuidado pueblo de Ochagavía (Navarra) y desde allí planificamos escapadas diarias con las que rastrillar sus alrededores.

Ochagavía pueblo es cruce de caminos: Si seguimos al fondo el río que atraviesa su caserío, el río Anduña, nos encaminamos a Izalzu-Isaba, pero si nos situamos en la entrada de dicha población de montaña, las opciones son Irati a la derecha y Escároz-Pamplona a la izquierda. De Sevilla estamos a 997,5 km y hemos empleado 9 h 39 minutos en llegar a este trozo del paraíso.

Nuestra estancia, por puro azar, coincide con días de fiesta en Ochagavía, todo un regalo para unos forasteros:

24 julio: Los Quintos bailan la Jota.

25 julio (Santiago): Fiesta de los Quintos. Orquesta (8pm)

26 julio (Santa Ana): Romería a la ermita de Muskilda, patrona de la localidad.

En esta ocasión, por segunda vez volvíamos a pasear por los bellísimos caminos de Irati, un bosque de ensueño que atrapa a sus paseantes robándoles el corazón hasta quedar grabado de por vida en sus retinas ese mar de hayas en el que uno se sumerge, como nos ocurre desde hace años. Irati siempre te seduce, te enamoras de un lugar que pasa a formar parte de ti, de esa parte de tu yo que conecta con una naturaleza pura y primigenia.

Ochagavía (Navarra)

 Bien entrada la mañana, que las nueve y veinticinco eran por más señas, según consta en nuestro “Cuaderno de Viajes”, el libreto que lleva por título Navarra, sorteamos alguna que otra calleja empedrada y llegamos al cruce que está a la entrada a nuestra población, girando a la derecha en dirección a Irati, no sin antes poner nuestro cuentakilómetros a cero y percibir un estremecimiento interior por ir al encuentro de uno de los paisajes más hermosos de España.

La bella y variada Navarra, casi sin sentirlo, nos lleva de la Ribera a su zona Media y de ahí a las faldas de los Pirineos Occidentales, lugar en el que nos encontrábamos. Navarra es región de hermosas vistas de valles que se suceden en un despliegue de panorámicas y rincones a cuál más fotogénico. Navarra es tierra de arraigadas tradiciones, un patrimonio etnográfico que se conserva con dedicación por los navarros, con plena conciencia de su valor cultural e histórico.

Alto de Tapla. Km 14,30. 9:50 am: El Alto de Tapla es un rellano desde el que contemplamos la sinuosa carretera que nos llevará al corazón de Irati. Aparecen señalizadas dos rutas de senderismo: Una rotulada como “Altos de Abodi” (SL-NA 68), de 6,1 km y duración de 1h 20min; otra llamada “Mirador de Goñiburu” (SL-NA 67), de 5km y 55 min. Encontramos a un pastor y charlamos un rato con él:

–Buenos días, señor ¡Vaya airazo que hace aquí!

–Eso es una brisica, ayer tarde sí que estuvo mal.

–¡Qué cantidad de ovejas lleva usted!

–1.300 ovejas churras.

–¿Viene usted de muy lejos?

–Yo vivo en Ochagavía, a cinco horas de aquí.

–Perdone la pregunta: ¿Esa prenda que lleva le protege del viento que hace en este alto?

–Sí. Se llama espaldero, piel curtida de un choto, el macho de la cabra. Quita el frío y la humedad.

–¿Y esos buitres en el cerro ese, no atacan a las ovejas de allí arriba, las que están repartidas por la ladera?

–Hay más buitres de los que ve usted, habrá entre 200 y 500. Sólo atacan a las ovejas recién paridas y a las enfermas. Hay que estar pendiente. Si se me muere una oveja y la dejo en el campo va Medio Ambiente y me denuncia. Tengo que llamar a un camión, la meten en un cajón y la llevan a la incineradora. Antiguamente la llevábamos a un muladar.

–Supongo que la trashumancia, con tanto animal, se seguirá practicando ¿Dónde lleva usted las ovejas?

–Esto que usted ve, en invierno tiene dos o tres metros de nieve y hasta la mitad de mayo está nevando. Las llevamos a Las Bárdenas (Bárdenas Reales), cerca de Tudela, a seis días de camino.

–Muchas gracias por todo. Nosotros seguimos hacia Irati. Que tenga un buen día, amigo.

–De nada. Buen viaje.

                            Alto de Tapla (Zona del rellano)

 Ermita Virgen de las Nieves. Km 23,50: Subimos una larga escalinata hasta llegar a la ermita y una vez allí, tras observar en detalle continente y contenido de tan alta construcción religiosa, paseamos y contemplamos el hayedo que la acoge, un lugar que nos conecta con nuestra madre naturaleza. Miramos una y otra vez, allá arriba, sus altas copas, pisamos la hojarasca, percibimos el rumor de la brisa entre las ramas y respiramos uno de los aires más puros de la extensa España.

Irati, esa palabra tan singular, en cada una de sus letras, siempre te acompañará cuando eches la vista atrás y tu mirada viajera recorra el álbum fotográfico que has ido completando a lo largo de toda una vida, porque una vida entera necesita España para ser conocida en toda su extensión, que es mucha, como también es cierto que en cualquier lugar, en el más inesperado, un parroquiano te sorprende con una enseñanza de eso que los ilustrados cursis de la capital llaman etnografía, los mismos que no distinguen una encina de un alcornoque.

Parking. Km 24: 2 € pagamos por dejar el coche. Este dinero, al parecer, se destina para el mantenimiento de Irati y lo gestionan las Juntas Generales de los Valles de Aezcoa y Salazar, organismos que funcionan desde hace más de 500 años; en la zona francesa o norte, la administración corresponde a las Comissions Syndicales de Cize y Zuberoa.

Irati es un nombre femenino de la lengua euskera. Estamos en mayor hayedo de Europa, una masa forestal que no conoce las fronteras y que se adentra en Francia. El bosque lo componen 17.140 has que se reparten entre los valles de Aezcoa y Salazar. El resto, en su mayor parte en las laderas más septentrionales, son praderas de montaña dedicadas a la ganadería extensiva de casi 20.000 ovejas y unas 2.000 vacas y yeguas que pastorean en verano.

Un guarda forestal es nuestro guía y nos explica cómo el bosque está dividido en “cuarteles, secciones y subsecciones”; las especies arbóreas del parque se reparten entre hayas, abeto douglas, abeto albar, que puede alcanzar hasta los 50m de altura, también hay alerces, árboles de hojas amarillas que no son rentables para madera; el bosque se regenera solo, ya que el haya arroja hayucos cada año; entre Salazar y Aezcoa se calcula que hay unas 700.000 hayas; en las ramas de algunos abetos prosperan unos líquenes, de ahí que se les llame abetos barbudos, líquenes con propiedades desinfectantes y antibióticas empleados para hacer cataplasmas y curar las heridas de hacha que sufrían los leñadores…Este hombre, el guarda forestal que nos explicaba cosas del bosque, nos dio la impresión de que conocía árbol por árbol y no es una exageración en absoluto.

En un rellano del río llegamos a una casita de pescadores, un refugio en la actualidad está destinado a dar cobijo durante una noche a todas las personas que estén haciendo una travesía a pie o en BIT y hayan accedido a Irati sin vehículo a motor de apoyo, según normativa de la Junta General del Valle de Salazar.

Las leyendas cuentan que Irati era el reino de “Basajaun”, personaje mítico, señor del bosque en el que vivían las “Laminak”, seres mágicos de los ríos.

En la actualidad, este santuario de paz, un bosque caducifolio de hayas que en otoño tiñen sus hojas del color naranja al rojo, ofrece innumerables rutas para caminantes y ciclistas por senderos destinados a tal fin. Un pasado cargado de historia en los que decenas de oficios ya extintos como carboneros, leñadores, cablistas, almadieros y barranqueadores, entre otros, forman parte de un pasado reciente al que debemos rendir el tributo de, al menos, conocerlo, para que el olvido no desmerezca una forma de vida plena que nunca volverá, aquella que existió antaño, la natural y perfecta común unión del hombre con los árboles, el agua de los ríos, el aire de los espacios y los animales.

José Riqueni Barrios | Escritor