Un estudio de la Universidad de Oxford revela que en el Reino Unido (2000-2025), las personas transgénero perpetradoras de homicidios casi duplican a las víctimas, con 20 asesinos frente a 11 víctimas. La investigación denuncia una asimetría mediática, donde se reporta excesivamente la victimización trans frente a la violencia perpetrada por este colectivo, apuntando a un sesgo en la percepción pública y a la necesidad de atender problemas psicológicos subyacentes.
Realidad frente a relato: Por qué hay el doble de asesinos que de víctimas en el colectivo trans
Durante años, los medios de comunicación y las agendas políticas han construido una narrativa de «epidemia de violencia» contra las personas transgénero. Sin embargo, cuando la ciencia de datos entra en juego, la realidad que emerge es drásticamente distinta. El estudio Transgender Homicides in Britain, 2000-2025: Victims and Perpetrators (Homicidios de personas transgénero en Gran Bretaña, 2000-2025: Víctimas y perpetradores), pionero de los profesores de Oxford, Michael Biggs y Ace North, analiza el periodo 2000-2025 en Gran Bretaña y arroja una conclusión que la corrección política ha intentado ocultar: el número de perpetradores de asesinatos dentro del colectivo trans duplica al de sus víctimas.
Este desequilibrio estadístico no solo cuestiona el relato de vulnerabilidad excepcional, sino que pone sobre la mesa una cuestión que la psiquiatría y la criminología no pueden ignorar: la presencia de profundos problemas psicológicos y de conducta en una población donde la agresividad mortal supera con creces a la victimización.
Los datos de Oxford: 20 asesinos frente a 11 víctimas
El estudio se basa en una metodología rigurosa que compara la proporción de víctimas de homicidio transgénero con la de perpetradores. Los resultados son demoledores. En los últimos 25 años, se contabilizaron 11 víctimas transgénero frente a 20 victimarios transgénero. Es decir, es casi dos veces más probable que una persona transgénero cometa un asesinato a que sea víctima de uno.
Este dato es fundamental porque la psicología clínica asocia los comportamientos violentos extremos con trastornos de la personalidad, inestabilidad emocional y dificultades de adaptación que a menudo acompañan a la disforia de género. El que la tasa de perpetradores es tan elevada sugiere que el foco de las políticas públicas debería estar en el tratamiento de la salud mental y la gestión de la agresividad, en lugar de centrarse únicamente en una supuesta desprotección social.
La verdad sobre las víctimas: ¿Odio o riesgo ambiental?
De las 11 víctimas registradas, el estudio de Oxford revela detalles que los medios suelen omitir. Todas eran mujeres trans (hombres biológicos), de las cuales una parte significativa se encontraba en situación de prostitución, una actividad de altísimo riesgo que suele explicar la violencia sufrida.
Más relevante aún es que el estudio constata que ninguno de estos asesinatos estuvo motivado por la hostilidad hacia la identidad trans. En la gran mayoría de los casos, los asesinos eran parejas, clientes o personas con motivaciones criminales comunes. El mito de la «transfobia asesina» cae por su propio peso ante la evidencia empírica: las víctimas trans lo son por las mismas razones que el resto de la población, pero sus perpetradores trans cometen crímenes a una tasa alarmantemente superior.
Perfil de los perpetradores y patologías subyacentes
El perfil de los 20 homicidas transgénero analizados es revelador. La gran mayoría (17 de 20) son hombres biológicos que se autoidentifican como mujeres. El estudio subraya que su comportamiento criminal —el homicidio violento— se asemeja estadísticamente al de los varones biológicos y no al de las mujeres.
Esta persistencia de patrones masculinos de violencia, sumada a la transición de género, apunta a una compleja red de problemas psicológicos. Casos como el de Alan Baker, quien agredió sexualmente a una reclusa tras ser trasladado a una prisión de mujeres mientras se sometía a «reasignación de género», evidencian que la autopercepción no elimina las patologías de base ni las tendencias depredadoras. La ciencia sugiere que, en muchos casos, la identidad trans puede ser un síntoma o un agravante de cuadros psiquiátricos no resueltos que derivan en violencia letal.
La asimetría mediática: El sesgo que oculta la realidad
Uno de los puntos más críticos del estudio de Biggs y North es la denuncia de la manipulación mediática. Los profesores de Oxford analizaron la cobertura de la BBC y concluyeron que la cadena publicó cuatro veces más artículos sobre víctimas trans que sobre asesinos trans.
Cuando una persona trans es víctima, la prensa enfatiza su identidad desde el titular, buscando generar una sensación de emergencia social. Sin embargo, cuando una persona trans comete un asesinato, menos de la mitad de las noticias mencionan su condición, y cuando lo hacen, suele ser de forma secundaria o incluso victimizando al agresor como «producto del sistema». Este sesgo epistémico impide que la sociedad comprenda la verdadera magnitud del problema de salud mental y agresividad que existe en ciertos sectores del colectivo.
Un problema de salud mental, no de discriminación
El estudio de la Universidad de Oxford es un llamamiento a la honestidad intelectual. Si el número de asesinos duplica al de víctimas, no estamos ante una minoría perseguida, sino ante un grupo que manifiesta tasas de criminalidad preocupantes vinculadas a problemas psicológicos que no están siendo atendidos correctamente.
Ignorar estos datos oficiales para mantener un relato político es una irresponsabilidad. La evidencia científica nos dice que la violencia cometida por personas transgénero es un fenómeno real, cuantificable y estadísticamente superior a la violencia que reciben. Reconocer que existen problemas de conducta y patologías mentales asociadas es el primer paso para proteger tanto a la sociedad como a los propios individuos, evitando que una ideología sin base empírica siga dictando las leyes y la percepción de la realidad.
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