¿Modelos de Familias?|Pablo Garrido Sánchez

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Seguro que hemos oído, en más de una ocasión, hablar de los distintos modelos de familia; y, como ocurre con tantos asuntos, damos por hecho, que la cosa es así. ¿Tiene la familia, en verdad, distintos modelos?

El modelo de familia es aquel que puede ofrecer un modelo paterno y otro materno, con el que se puedan identificar los hijos originados por la comunión de los padres o los esposos. La familia es un núcleo plural con un mínimo de interrelaciones, que posibilitan la vida humana y su desarrollo.  Cuando al sistema nuclear de familia le falta algún elemento o existe una distorsión en alguno de ellos, entonces podemos aceptar dos consideraciones: o la familia nuclear padece alguna carencia compensable, de algún modo; o resueltamente, no existe  familia, y estamos ante otro tipo de uniones, a las que propiamente no podemos llamar familia.

Despectivamente, se alude a la “familia tradicional”, y la identificamos como la formada por padre, madre e hijos. Cuando se vierte la ideología sobre la familia, una de las cosas alteradas es el lenguaje: hay que manipular el lenguaje para cambiar el concepto y el pensamiento del individuo, y, si fuera posible, de la sociedad en general.  Empieza a ser conocido el mecanismo de manipulación, que viene operando alrededor de otros campos sociales como el gravísimo problema del aborto o la eutanasia. El anestésico social principal es el lenguaje.

La ideología de género, que incluye entre sus objetivos laminar la familia nuclear heterosexual, como modelo de familia, lleva muy mal el diálogo sereno y detenido. La adopción de etiquetas identificadas con la homofobia les sirve para bloquear cualquier debate. Si alguien en una tertulia pública, a través de un medio de comunicación generalista, plantea que las uniones homosexuales no constituyen modelo familiar alguno, se podría incriminar al que lo plantea de homófobo; y la cosa no tiene que ser así.  El que discrepe de la idología de género en ese punto, como en otros muchos, puede aceptar, sin mayores problemas, la conveniencia de un aval legal y civil de esa unión entre dos personas, cuya homosexualidad o lesbianismo es notorio. Las circunstancias personales pueden ser muy particulares, y cada caso requiere una consideración propia. Pero  una unión homosexual civil y legalizada no es en sentido estricto un matrimonio, ni será nunca una familia, dado que el modelo paterno y materno no existe, a la hora de crear las relaciones paterno filiales, que precisa el hijo para su correcto desarrollo psicológico.

La introyección de los modelos paterno y materno, a la hora de construir el edificio personal de un hijo, en lo que respecta a su universo de valores, es un hecho que se apoya en la corriente psicoanalítica más  comprobada. En contra de las alteraciones antropológicas, que algunos intentan provocar; un buen número de personas entendemos que el papel de una madre, esencial para un hijo, sólo lo puede llevar a cabo una mujer; y el modelo paterno, también fundamental para el hijo, lo tiene que llevar a cabo el hombre. Si por circunstancias el padre, por ausencia de la madre, tuviera que desempeñar un papel materno, entraríamos en campo disfuncional, que en un principio no está previsto para el establecimiento de una familia.

Cada uno de los miembros de una familia nuclear determina al resto. Los esposos son cada día más esposos, si entre ellos existe una relación adecuada. El matrimonio entre un hombre y una mujer se establece en la familia como eje de la misma y fuente del amor para los hijos. Pero la paternidad y maternidad de los esposos se hace real  con la aparición de los hijos. La paternidad y la maternidad se ejercen y operan en el reconocimiento personal de padre y madre; y lo es en cuanto que se ve en el entramado afectivo de un padre y una madre, que acompañan al hijo en su crecimiento y desarrollo. ¿Quién tiene los derechos a la hora de una posible adopción, el niño o los que adoptan? Existen agentes sociales, que pretenden implantar normas que afectan a las bases antropológicas, sin debate alguno; y eso no puede ser de ninguna manera.

Pablo Garrido Sánchez