Patriotismo forestal (I) | Javier Toledano

abandono administraciones e incendios.

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Lo recuerdo perfectamente. Hará cosa de unos veinte años, un alto cargo de Zapatero concedió una entrevista al diario El Mundo. El andoba ése dio el siguiente titular: “detrás de los incendios hay personas con corbata”. Era la consigna entonces. Los proyectos urbanísticos y el fuego que allana la recalificación del terreno, los ingredientes básicos de la fórmula magistral. La izquierda colgó la corbata del galán de noche y cambió de paradigma: la omnipresente y atorrante divisa del cambioclimatismo. Se ha creado un lenguaje alusivo para enfatizar el sesgo apocalíptico del asunto: “domo de calor”, “incendio de sexta generación” (el de “séptima” cómo será) y, por qué no, “hecatombe térmica” o “geocidio climático”. Te apabullan con tan gruesas expresiones que uno se queda pasmado, sin palabras, como si le aplastara un mastodonte.

Ya van años con la monserga abrasiva del “cambio climático”. Esas luminarias urbanitas que tanto lo invocan, señalan como a apestados a quienes sostenemos que cambios en el clima los ha habido siempre, pues el clima es cambiante: alternancia de glaciaciones, templados y óptimos calóricos. Lo entiende hasta un débil mental. Cambios los habrá in aeterno, y no necesariamente por mano del hombre (“antropogenia cambioclimática”). Nos llaman “negacionistas”. Pero esas personas tan concienciadas y sabihondas no dan con el menor atisbo de solución para mitigar las desastrosas consecuencias, entre ellas los incendios que devastan nuestros bosques, del tan cacareado cambio climático que, insisto, conocen a la perfección y vieron venir de un rato lejos. ¿Cómo que no tienen soluciones? Acaso porque ni las buscan. A qué esperan para combatir sus perniciosos efectos esos listos cardones, con tanta ciencia encima, pero siempre a salvo del calor en sus despachos climatizados.

Y no las buscan (soluciones) porque ni sabrían hacerlo, ni les interesa. Porque de dar con una, siquiera por casualidad, se les acabaría el cuento. A esa gentuza ya le funciona de maravilla repetir hasta la saciedad la cantinela “cambioclimática” porque la verdadera función del artefacto conceptual es ideológica y sirve para fragmentar la sociedad entre los iluminados climatistas y los orcos, los trogloditas del “negacionismo”, ayunos de sensibilidad ecológica. Forma parte de los antagonismos (siempre hay que dar con “el enemigo necesario”) que integran el relato woke hegemónico. “En el lado correcto de la Historia”, así lo dicen con gran prosapia e inmodestia, se conjugan las etiquetas interseccionales positivas: progres, cambioclimatistas, multiculturalistas, pro-inmigración ilegal, pro-arcoiris (ideología de género), antitaurinos, pro-okupas, pro-cine español, pro-memoria selectiva de la Guerra Civil, pro-lenguas cooficiales, pro-Hamás y esas izquierdas antiespañolas de todas las leches, incluidas las partidarias del terrorismo. Y al otro, la fachosfera… aquellos que en cada encrucijada del itinerario tomamos, en su opinión, la senda equivocada. Cambioclimatismo, pues, como factor de división social.

Si se tomaran en serio el cambioclimatismo, habida cuenta que llevan años dándonos la chapa con el hallazgo, habrían atisbado protocolos de actuación, por insignificantes que fueran, en el caso de los incendios. Una hoja de ruta, una octavilla, si me apuran. Pero se les da una higa, que en la calle dicen “les importa una mierda”. Les basta y sobra con subvencionar las llamadas energías renovables, supuestamente “no contaminantes”, trufadas de amaños, corruptelas y comisiones, como es fama sucede con los molinazos de viento y Forestalia. ¿Retirar piñas y matorrales de una zona natural protegida? Ni hablar del peluquín, que son muy necesarios, auténtica yesca combustible, para que se propague el fuego y de ese modo mantener el argumentario cambioclimático cautivo, sujeto del rabo, hasta el día del Juicio Final.¿Limpiar de cañas los barrancos secos? Nanay, que hay que dejar a su albur a la naturaleza y así aseguran un elevado índice de mortandad en la próxima riada. Cuando no reclaman a la brava, con ignorancia supina, e irresponsabilidad cuasi homicida, la devolución de ríos de crecida estacional, que han sido desviados, a su cauce anterior… como dijeron del Turia. Para que en lugar de morir 250 personas, la siguiente se lleve por delante 5.000 a su paso por Valencia. Munición para desatar una controversia partidista a un paso de la degollina callejera, multitudinaria. Son los paladines del cambioclimatismo, negacionistas radicales del mundo rural y artífices del abandono del campo, que lo mismo indemnizan a un ganadero con cuatro chavos si el lobo o perros asilvestrados le matan una docena de reses, que suscriben acuerdos con otros países para que la berza o el melón autóctonos dejen de tener “prioridad nacional” ante los foráneos, aunque se les llene la bocaza de “kilómetros cero” agropecuarios. Los mismos que mantienen averiados en los hangares, muerta de risa, media flota de hidroaviones contraincendios y sin haber adquirido una aeronave nueva en muchos años. Y eso, estando al caso como están de la “emergencia climática”, es una negligencia criminal, monda y lironda, por la que habrían de ser encausados penalmente y “cancelados” en las urnas. ¿Y a ellos, qué? Esta tormenta de fuego apocalíptica les va como anillo al dedo para abrir un nuevo frente de llamas en su estrategia bastarda de confrontación según el modelo fratricida de la memoria guerracivilista. Y si no saben qué hacer o decir, fácil, sale Pedro Sánchez por la tele y, no es coña, critica a Ayuso por las altas temperaturas registradas en las aulas madrileñas. ¿Hay más? Se vienen cositas. Y se dirán, si hay ocasión, en “Patriotismo forestal (II)”.

Javier Toledano | escritor


Tags: Clima, Incendios, Izquierda, Negligencia, Campo, Sánchez, Ecologismo

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