La Leyenda Negra y los Indios Apaches | José Antonio Ruiz de la Hermosa

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Asisto a una de las conferencias que, dentro de las Jornadas Hispanistas de Cartagena, se celebran en la Universidad Politécnica de esa ciudad. Mi sorpresa es, cuando un hombre menudo, pequeño de estatura, que sin embargo irradia con su presencia poder y tranquilidad. Es un hombre de tez moreno grisácea que denota su pertenencia a otra raza diferente a la mayoría de los presentes.

Al Borrego, Alfonso, se presenta a los concurrentes con un hablar pausado, explicándonos su visita a la Patria de su Rey de España, que para los de su raza y los de su tribu, fue su Rey durante trescientos años, desde que un capitán español, Juan de Oñate, con 120 soldados, 7 clérigos y 430 paisanos, que formaban familias, y que se dirigían desde México hacia el norte del Nuevo Continente, pretendían colonizar aquellas tierras. Nunca confundamos dice Al el significado colonizar en castellano del significado de esa palabra en inglés, pues mientras para los británicos significa expoliar y destruir, para los súbditos del rey de España, significa llevar cultura, lengua, religión cristiana y enseñar a los nativos todo lo que el acervo cultural español conlleva, mientas se incluyen entre ellos en las nuevas tierras por descubrir.

Al es un hombre que habla pausado, que nos advierte, que en los territorios de Texas, sus antepasados carecían de todo aquello que los españoles llevaban y que sin embargo, aquellos hombres, mujeres y niños, algunos criollos, otros españoles y también alguno de origen mejicano, estaban dispuestos a compartir con ellos. Al Borrego, en su forma de expresarse, nos recuerda continuamente el proceder de los españoles y la diferencia con los que varios cientos de años después, en nombre de la civilización y la cultura anglosajona, procedentes del este, se enfrentarían a sangre y fuego con ellos en su intento de colonizarlos a la inglesa. Los gringos habían exterminado a la población indígena del este del Mississippi, con la facilidad que da encontrar a pueblos desarmados y sin la experiencia del contacto con el hombre blanco.

Pero, en Texas, en Colorado, en Nuevo Méjico, en tantos otros lugares del Oeste, los nativos conocían los caballos que habían traído los españoles, disponían de arcos desde que los españoles les habían enseñado a construirlos y usarlos, sabían de la organización y la traición que los gringos, descendientes de los británicos usaban con perfidia y que habían hecho desaparecer a múltiples culturas en el Este, de las que ya no queda ni un solo representante vivo y junto a su Fe Católica y su idioma español, que ahora les unía, iban a ser un hueso duro de roer para los casacas azules, los mineros expoliadores y los que pretendían echarles de sus tierras o asesinarlos.

El antepasado de Al que dirigía a los Apaches contaba con la organización y experiencia que los españoles les habían enseñado. Un pueblo, el español, que le había hecho descubrir que tenían alma y un Dios que velaba por su futuro y su destino. La mezcolanza de españoles había hecho de que en Texas hubiese un estado con pueblos y pequeñas ciudades, con hombres que sabían leer y escribir y que disponían de cédulas reales que justificaban la pertenencia de sus tierras, de sus casas, de sus propias personas como auténticos seres humanos.

Al Borrego nos dio una lección de Leyenda Negra, contada por un hombre menudo y de tez grisácea que nos dijo que el setenta por ciento de la población de Texas es de origen nativo y español, mientras que no hay un solo nativo en Delaware. Al justificaba la no existencia de esa Leyenda Negra en el caso hispano, pero si en el británico. Y nos quedó claro que este súbdito del rey de España, pero que actualmente es ciudadano de los Estados Unidos de América, a pesar de la opinión y deseos de los gringos, es un ser humano que entiende a otros seres humanos que hablan español, el idioma con el que Carlos V hablaba con Dios.

Solo comentarles que Alfonso Borrego es nativo de Estados Unidos, del estado de Texas, actualmente es Presidente del Cultural Heritage Society, que vive en San Eliazario, un pueblecito cercano a San Antonio y que esta muy orgulloso de ser apache, español y descendiente directo del gran jefe “Jerónimo”.

José Antonio Ruiz de la Hermosa | Escritor