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Carmelo Álvarez Fernández de Gamarra es un firme defensor de la dignidad humana. Es coordinador de la Plataforma por la Vida de la Fundación Enraizados: siemprevida.org y principal impulsor de la iniciativa ALTAVOZ SIEMPRE VIDA.
En un contexto social donde las etapas más vulnerables de la existencia humana se ven cuestionadas, y frente a lo que él denomina la imposición institucional de una «cultura del descarte», esta iniciativa nace como una respuesta firme, valiente y determinada. Para nuestro invitado, la defensa de la vida no es una postura meramente intelectual o de opinión pasiva; es una llamada urgente a la acción, a la información y al compromiso presencial en el debate público.
Acompáñanos a profundizar en su visión, los objetivos de la Plataforma Siempre Vida y los desafíos que enfrenta en la sociedad actual.
La primera pregunta es obligada. ¿Por qué y para qué nace la iniciativa “ALTAVOZ SIEMPRE VIDA”?
En primer lugar, quisiera agradecer a la Redacción de Adelante España su disposición y amabilidad para darnos voz en este difícil mundo de la cultura por la vida.
El Altavoz Siempre Vida nace para devolver la vida al centro del debate cultural. No pretende ser un acto más ni un ciclo convencional de conferencias, sino un foro estable de diálogo y reflexión. Queremos reunir cuatro veces al año a personas relevantes de la ciencia, la medicina, la cultura, la empresa, el periodismo o el deporte para que, saliendo de su ámbito habitual, hablen de aquello que sostiene todo lo demás: el valor de la vida humana. El Altavoz Siempre Vida nace, por tanto, para informar, formar, despertar conciencias y demostrar que la defensa de la vida no pertenece a un partido ni a una confesión, sino a toda la sociedad.
¿Qué hechos o normativas específicas del Gobierno le llevaron a concluir que se está imponiendo una «cultura del descarte» en el Estado?
Más que una sola norma, me preocupa una dirección política y cultural muy clara. El aborto se presenta como un derecho incuestionable; la eutanasia se ha incorporado al sistema sanitario como una prestación; y se extiende la idea de que el sufrimiento puede resolverse eliminando al que sufre en lugar de acompañarlo y cuidarlo. Cuando una sociedad empieza a valorar la vida según la edad, la salud, la autonomía o la utilidad, entra en una lógica de descarte. El Altavoz Siempre Vida quiere cuestionar esa mentalidad y recordar que la dignidad humana no admite categorías.
¿Cuál fue el detonante exacto en su vida que lo impulsó a pasar de «estar de acuerdo» con la defensa de la vida a «estar presente» activamente?
Siempre he sido un firme defensor de la cultura de la vida, contra el aborto, la eutanasia y los métodos de fecundación “in vitro” que descartan seres vivos. No hubo un gran acontecimiento, sino una pregunta que terminó persiguiéndome: si estoy convencido de que toda vida humana posee la misma dignidad… ¿Por qué permanezco en silencio? Comprendí que las convicciones que nunca salen del salón de casa terminan por no cambiar nada. El Altavoz Siempre Vida es mi manera de pasar de estar de acuerdo a estar presente, de la opinión privada al compromiso público.
¿De qué manera, la iniciativa “ALTAVOZ SIEMPRE VIDA” planea informar y formar a los ciudadanos para que dejen atrás la indiferencia?
El Altavoz Siempre Vida celebrará cuatro encuentros al año, coincidiendo con las estaciones. La primavera estará vinculada al comienzo de la vida; el verano, a su plenitud; el otoño, a su fragilidad; y el invierno, a la dignidad hasta el final. No serán conferencias rígidas, sino conversaciones vivas con una voz invitada, diálogo y participación del público. Además, cada encuentro generará contenidos para redes sociales, vídeos, testimonios y materiales que permitan que el mensaje llegue mucho más allá de la sala.
¿Cree que la vida está siendo cuestionada en sus etapas más vulnerables?
Sí, sin ninguna duda. Se cuestiona antes de nacer, cuando aparece una discapacidad, durante una enfermedad grave y también al final de la vida. Lo más preocupante es que muchas veces, ya ni siquiera percibimos ese cuestionamiento porque lo hemos normalizado. El Altavoz Siempre Vida quiere volver a hacer visible lo que la rutina cultural ha vuelto invisible: que toda vida merece el mismo respeto desde el primer instante hasta el último.
¿Qué estrategias específicas utilizará su organización para promover la defensa de la vida con la «valentía, firmeza y determinación» que usted menciona?
Nuestra estrategia será cultural, pública y constante. El Altavoz Siempre Vida utilizará argumentos científicos, reflexión ética, testimonios personales, presencia en medios y redes sociales, y encuentros abiertos al diálogo. Queremos hablar con claridad, pero sin agresividad; con firmeza, pero sin convertir cada conversación en una trinchera. No renunciaremos a nuestras convicciones, pero tampoco queremos limitarnos a hablar entre quienes ya piensan como nosotros.
¿Cómo define usted el perfil de una persona «informada, valiente y comprometida» en el contexto social y político actual?
Es una persona que piensa por sí misma, busca datos, contrasta la información y no acepta un argumento simplemente porque sea mayoritario. Escucha, reflexiona y, cuando llega a una conclusión, tiene el coraje de defenderla con respeto y sin complejos. El Altavoz Siempre Vida quiere ayudar a formar precisamente ese tipo de ciudadanos: personas capaces de sostener una convicción sin imponerla y de defender la dignidad humana sin esconderse.
¿Qué acciones concretas puede realizar desde mañana mismo un ciudadano común que desee responder a su llamada y «contribuir a la defensa de la vida»?
Puede hacer mucho más de lo que imagina: informarse, hablar con naturalidad de estos temas, acompañar a una mujer embarazada en dificultades, apoyar a las asociaciones que trabajan sobre el terreno, hacerse voluntario de siemprevida.org, compartir contenidos y acudir a los encuentros del Altavoz Siempre Vida. Cada persona puede convertirse en un pequeño altavoz de la vida en su familia, su trabajo y su entorno.
¿Cuáles son los principales obstáculos o resistencias que espera encontrar en las instituciones públicas al difundir el mensaje del “ALTAVOZ SIEMPRE VIDA”?
Es posible encontrar resistencia ideológica, dificultades para acceder a determinados espacios públicos o rechazo a escuchar voces discrepantes. Sin embargo, el mayor obstáculo no será la oposición institucional, sino la indiferencia social. Una sociedad que deja de hacerse preguntas termina aceptando cualquier respuesta. El gran reto del Altavoz Siempre Vida será vencer esa apatía y demostrar que hablar de la vida no es mirar al pasado, sino decidir qué clase de sociedad queremos construir. En este caso, la indiferencia no es solo agachar la cabeza ante lo injusto, es peor, es asentimiento, y esto si que debe espolear nuestras conciencias.
¿Tiene esperanza? Porque el panorama que describe parece muy difícil.
Sí, muchísima. Si no tuviera esperanza, jamás habría puesto en marcha el Altavoz Siempre Vida. La historia demuestra que las grandes transformaciones culturales comienzan siendo minoritarias. Nuestra obligación no es garantizar el éxito, sino hacer lo que consideramos justo, hacerlo bien y sostenerlo en el tiempo.
Si dentro de diez años el Altavoz Siempre Vida hubiera alcanzado su objetivo, ¿cómo sería esa España?
Sería una España donde ninguna vida tuviera que demostrar que merece ser vivida; donde una mujer nunca se sintiera sola ante un embarazo difícil; donde una persona con discapacidad fuera acogida con normalidad; donde los cuidados paliativos fueran un orgullo nacional y donde la dignidad humana dejara de depender de la edad, la salud o la utilidad. Ésa es la España que inspira al Altavoz Siempre Vida y por la que merece la pena trabajar.
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