El Foro de Enraizados en el Senado consolida la Fe católica en la vida pública

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Tras la clausura del II Foro «Lo que aporta la fe católica a España y a Europa» ayer en el Senado, conversamos con el presidente de la Fundación Enraizados, José Castro Velarde.

Su Fundación defiende la necesidad de consolidar la presencia de la fe católica en la vida pública, celebró la realización de esta Jornada afirmando que

“que nuestro objetivo es visibilizar a Dios en la vida pública. Sin El estamos perdidos y no podemos construir una sociedad realmente humana. Como recordó Monseñor Sanz Montes «Él no es rival, sino el mejor de los cómplices, por eso no podemos tenerle miedo»”

Frente a los proyectos políticos modernos que prometen sociedades perfectas o utopías terrenales, ¿cuál fue la primera advertencia que se lanzó en el foro desde el ámbito académico?

El rector de la Universidad CEU Cardenal Herrera, Higinio Marín, abrió el Foro con la ponencia «Política y religión en el siglo XXI». Su primera advertencia fue clara: «No se puede construir el cielo en la tierra».

En un contexto donde el Estado tiende a regular cada vez más ámbitos de la vida privada, ¿qué principio evangélico se recuperó para delimitar las competencias institucionales?

A partir de la experiencia histórica, Higinio Marín explicó que los proyectos políticos que prometen una sociedad perfecta pueden acabar convirtiéndose en sistemas opresivos. El Estado, sostuvo, no puede ocupar el lugar de Dios ni garantizar la felicidad humana. Recordó las palabras de Cristo «Mi reino no es de este mundo» para defender que la fe pone límites al poder e impide convertir las instituciones en salvadoras.

Su segundo argumento partió de otra expresión evangélica: «Hay que dar al César lo que es del César, pero sólo lo que es del César». Marín defendió la necesidad de «despolitizar el bien común» y reconocer la autonomía de las familias, las amistades, las asociaciones y las comunidades, realidades que no nacen del Estado ni deben depender por completo de él. La función de las instituciones es protegerlas, no sustituirlas. Como señaló, ningún político puede hacernos felices.

Existe un debate profundo sobre si las leyes limitan la realización personal del individuo. ¿Cómo se abordó la relación entre el marco legal y la libertad?

El rector relacionó también la libertad con la existencia de normas justas y explicó que «La libertad requiere la norma». Los límites, explicó, no son necesariamente contrarios a la libertad, sino que permiten la convivencia y protegen la dignidad humana. Frente a la idea de que las convicciones religiosas son irracionales o deben quedar fuera del debate público, defendió que la dignidad no puede depender únicamente de acuerdos políticos cambiantes.

El foro mostró una postura muy crítica hacia el crecimiento desmedido del aparato estatal. ¿Qué definición técnica o paralelismo se utilizó para describir el nacionalismo identitario?

Higinio Marín cuestionó que el Estado se convierta en fundamento último de la identidad colectiva y resumió así esta crítica: «El nacionalismo es el software del estatalismo».

Con respecto a las demandas de los ciudadanos hacia los gobernantes actuales, ¿qué perfil de gestor público consideró aceptable el ámbito eclesial?

Mons. Jesús Sanz, arzobispo de Oviedo, reflexionó sobre la relación entre política, libertad y vínculos humanos. Afirmó que le había producido «mucha paz» escuchar que no elegimos políticos para que nos hagan felices, aunque sí podemos exigirles que no nos condenen a la miseria. Lo resumió con humor: «Un político lírico sí, uno delirante no».

La desestructuración familiar ocupó un lugar central en las ponencias sobre los vínculos humanos. ¿Qué frase dura y literal se citó para describir la situación de muchos menores hoy en día?

Monseñor Jesús Sanz centró su intervención en tres realidades esenciales: la familia, la amistad y la soledad. Recordó las palabras del Génesis «No es bueno que el hombre esté solo» y advirtió de que el aislamiento debilita a las personas y las hace más vulnerables a la manipulación. La visión cristiana del ser humano, explicó, parte de que estamos hechos para vivir en relación con los demás. Evocó a san Agustín, que describía a Dios como «un eterno amante, que quiere a un eterno amado y que lo quiere en un eterno amor», y alertó del daño que causa el debilitamiento de los vínculos familiares. En este sentido, recordó la expresión del jurista Gómez Bengoechea: «una generación de niños huérfanos cuyos padres están vivos».

Frente a las ideologías que buscan el aislamiento del individuo, ¿cómo definió el arzobispo el valor y el papel de la amistad en nuestra sociedad?

El arzobispo de Oviedo centró su intervención en las realidades esenciales y afirmó con rotundidad que La amistad nos ayuda a reconocer que no lo sabemos todo ni podemos hacerlo todo por nosotros mismos. Aceptar nuestras limitaciones permite aprender de los demás, recibir ayuda y compartir lo que tenemos. «La amistad es el encuentro solidario de personas que se dejan acompañar y nunca sustituir», afirmó.

Hay corrientes de opinión que presentan la fe religiosa como un obstáculo para la emancipación humana. ¿Qué tesis se expuso en el foro para rebatir esta idea?

Frente a las ideologías que aspiran a controlarlo todo, Monseñor Jesús Sanz defendió que la fe contribuye a la libertad asegurando que «Dios no es un rival, es el mejor de nuestros cómplices, el que nos permite vivir en libertad hasta la plenitud de una auténtica felicidad».

Para los católicos que sienten temor o reparo al manifestar públicamente sus convicciones en el debate democrático, ¿cuál fue el llamamiento directo que se hizo desde el plano político?

El senador por Melilla (PP), Fernando Gutiérrez, reclamó naturalidad y firmeza ante la presión que presenta las ideas inspiradas en la fe como marginales. Por ello, abordó la huella del cristianismo en la sociedad española y la necesidad de reconocerla sin complejos. Aludió a la labor misionera española y a la solidaridad vinculada a esta tradición como ejemplos de una herencia que ha contribuido a formar generaciones. A su juicio, ayudar a los demás no es patrimonio de una ideología política, sino fruto de la educación y de los valores transmitidos a lo largo del tiempo.

Gutiérrez señaló que muchos católicos no expresan abiertamente hasta qué punto sus convicciones influyen en su visión de los problemas sociales y políticos. Defenderlas no significa imponerlas, sino participar con honestidad en el debate democrático. Frente a la presión que presenta las ideas inspiradas en la fe como marginales o irracionales, reclamó naturalidad y firmeza: «Hay que salir del armario y decir que lo que creemos no es ‘delirante’».

El senador alertó asimismo del deterioro del debate público cuando la confrontación emocional desplaza a los argumentos. Contrapuso «la fuerza de la sinrazón y la contundencia de la lógica» y defendió la necesidad de recuperar espacios de deliberación serena, en los que las distintas posiciones puedan escucharse y contrastarse con razones.

El ámbito periodístico también apeló al compromiso de los creyentes. ¿Qué consigna de la Jornada Mundial de la Juventud de 2011 se rescató como una invitación totalmente vigente?

Bieito Rubido, director de El Debate, puso el acento en la confianza con la que los católicos afrontan su presencia en la sociedad. Los avances científicos y tecnológicos, advirtió, pueden alimentar la ilusión de que el ser humano no necesita nada más; sin embargo, experiencias como la pandemia recordaron a muchas personas su vulnerabilidad y las llevaron de nuevo a buscar a Dios. Para Rubido, reconocer esa dimensión de la vida no está reñido con participar activamente en una sociedad plural. Al contrario, animó a los creyentes a conocer sus raíces y compartir sus convicciones sin complejos.

El periodista apoyó esta llamada al compromiso en un recuerdo de la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid de 2011, cuando, desde su responsabilidad al frente de ABC, decidió dar protagonismo a la visita de Benedicto XVI. El lema «¡No os avergoncéis!» sigue expresando, a su juicio, una invitación vigente: no esconder aquello que da sentido a la propia vida. En esa misma línea, evocó a san Agustín y su exhortación «Ama y haz lo que quieras».

Para terminar, ante las dificultades del mundo contemporáneo, ¿cuál es la certeza fundamental que se expuso para cerrar esta cadena de reflexiones?

Bieito Rubido apoyó esta llamada al compromiso compartiendo la certeza que, según explicó, le sostiene en los momentos difíciles: «Mi mayor certeza es creer en Dios».


Tags: Senado, Religión, Libertad, Política, Familia, Sociedad, Valores

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