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El tablero geopolítico global experimenta una transformación radical que busca redefinir las esferas de influencia del siglo XXI. El diario The Wall Street Journal desveló una propuesta de Vladimir Putin que altera la diplomacia internacional y en la que planteó un encuentro de alto nivel con el presidente estadounidense, Donald Trump, y el líder chino, Xi Jinping. La cita pretende celebrarse el próximo mes para abordar, entre otras cosas, el conflicto en Ucrania, el cual arrastra ya cuatro años de guerra.
El pasado 9 de octubre Putin trasladó una propuesta formal a Trump durante una conversación telefónica. Dicho intercambio no se limitó a la propuesta diplomática. Ambos mandatarios cerraron un acuerdo económico sustancial. Estados Unidos se comprometió a adquirir combustible diésel ruso y a facilitar su posterior comercialización en el mercado global.
Shenzhen como epicentro de la diplomacia global
Rusia propuso un escenario estratégico para el desarrollo de este diálogo trilateral y desea aprovechar la próxima cumbre de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) para albergar la reunión. Este foro económico internacional se desarrollará los días 18 y 19 de noviembre en Shenzhen, el principal núcleo tecnológico situado en el sur de China, según ZeroHedge. La elección del lugar no responde a la casualidad, sino a un calculado beneficio mutuo entre Rusia y China.
La organización de este encuentro en territorio chino ofrecería a Xi Jinping un éxito diplomático sin precedentes. China persigue desde hace años la consolidación de su papel como arquitecto de la paz global y actor indispensable en la resolución de grandes crisis de seguridad. El gobierno comunista de Pekín reaccionó de manera receptiva y comunicó que no pondrá objeciones a la celebración de la cumbre si Donald Trump respalda formalmente el formato propuesto por Moscú. China quiere ser vista como el eje de las grandes potencias y, potencialmente, como un mediador entre Estados Unidos y Rusia y anhela proyectar la imagen de una China central, capaz de arbitrar las disputas entre EEUU y Rusia equilibrando la balanza del poder mundial.
El pragmatismo energético de EEUU y el aislamiento europeo
La aceptación estadounidense de este formato trilateral coincide con que Trump quiere frenar la escalada de los precios del combustible en su país, un factor que lastra la economía norteamericana y amenaza las aspiraciones del Partido Republicano ante las elecciones de mitad de mandato. El pacto para adquirir diésel ruso representa una bombona de oxígeno para la administración estadounidense, a pesar de las contradicciones geopolíticas que implica.
En consonancia con este acercamiento energético, el mandatario estadounidense suspendió la aplicación de un paquete de sanciones contra Moscú, diseñado originalmente de forma bipartidista por el Congreso. Altos cargos de la Casa Blanca defienden la medida y argumentan que la falta de alternativas viables para reducir el coste de la energía obligó a adoptar este pragmatismo económico.
Para Rusia, esta cumbre trilateral representa la culminación de un viejo anhelo estratégico. Putin persigue la validación de Rusia dentro del club selecto de las superpotencias mundiales desde su llegada al poder en el año 2000. El diseño de este encuentro tripartito ofrece una ventaja añadida crucial para el Kremlin. El formato excluye por completo a la Unión Europea de las conversaciones. Rusia identifica a los gobiernos europeos como el obstáculo principal para lograr sus objetivos militares y políticos en suelo ucraniano, por lo que su marginación facilita una negociación directa con EEUU y China.
El equilibrismo de Pekín
La celebración de la cumbre en Shenzhen conlleva riesgos evidentes para la proyección exterior de China. A los funcionarios chinos les inquieta que la atención mediática internacional sobre este gran espectáculo geopolítico eclipse la agenda económica original de la APEC. Xi Jinping mantiene un delicado equilibrio diplomático entre su alianza estratégica con Putin y la preservación de los vínculos comerciales con los mercados europeos. Una implicación tan directa en el dossier ucraniano podría desatar represalias económicas por parte de las capitales del Viejo Continente. No obstante, la dependencia europea de las importaciones y exportaciones chinas reduce el margen de maniobra de la Unión Europea para formular una respuesta contundente.
El desdén hacia Zelenski
Por su parte, Donald Trump ya avanzó su plena disposición a participar en la cumbre trilateral en suelo chino y sugirió introducir la desnuclearización en el orden del día. El presidente estadounidense justificó la idoneidad del escenario debido a la reciente visita del líder chino a Estados Unidos.
En paralelo a su aceptación, Trump intensificó su presión política sobre el gobierno de Ucrania, sugiriendo de forma abierta el apartamiento del presidente Volodímir Zelenski. El líder estadounidense defiende la exclusión de Zelenski de las mesas de negociación como vía rápida para detener las pérdidas humanas y alcanzar la paz. “Zelenski es un hombre que debería haber resuelto esta guerra hace mucho tiempo. Si me hubiera escuchado, habría llegado a un acuerdo mucho mejor hace mucho tiempo y tendría a un millón de personas viviendo… Creo que es hora de que otra persona negocie en nombre de Ucrania”
Un nuevo orden tripolar
El regreso a la propuesta tripolar sitúa a la comunidad europea ante un escenario de paz impuesta. El plan ignora por completo las ambiciones de guerra europeas y de Volodímir Zelenski, al tiempo que impone una nueva arquitectura de poder en la que las potencias del Viejo Continente juegan un rol secundario. Con la conformidad explícita de EEUU, Rusia y China, la cumbre de Shenzhen se perfila como el escenario definitivo donde los líderes decidirán el nuevo mapa mundial por áreas de influencia.
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