Lo mínimo, para Europa Laica, es cambiar la Constitución | Alfonso P. Sanz

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El lobby filomasónico laicista presenta diecisiete «propuestas mínimas» para el 29N. Si esto es lo mínimo, mejor no preguntar por lo máximo.

Hay palabras que, en boca de ciertos colectivos, cambian de significado como el camaleón cambia de color. «Mínimo» es una de ellas. Europa Laica acaba de presentar sus diecisiete «propuestas mínimas» para las elecciones del 29 de noviembre, y uno, que es de natural confiado, esperaba algo modesto. Quitar un crucifijo de algún despacho, cambiarle el nombre a algún colegio. Ingenuo de mí.

La propuesta número uno, la mínima de las mínimas, es reformar los artículos 16 y 27 de la Constitución. Ahí es nada. Para entendernos: es como si alguien te pidiera, como favor pequeñito, que le prestaras la casa. Con los muebles.

A partir de ahí el catálogo crece con la alegría de quien escribe la carta a los Reyes Magos, que por cierto acabarán rebautizados como «visitantes multiconvicción del 6 de enero». Romper los Acuerdos con la Santa Sede. Suprimir la casilla del IRPF. Cobrar el IBI a las parroquias. Dejar sin financiación a los colegios con ideario propio, que es una forma educada de decirles a cientos de miles de familias que el colegio de sus hijos sobra. Echar a los capellanes de los hospitales, no vaya a ser que un moribundo pida confesión y se nos contamine el sistema público. Y pasar al Estado los templos inmatriculados de valor histórico, porque nadie cuida mejor una ermita románica que un negociado con horario de nueve a dos.

Pero lo mejor está en las propuestas 11 y 12. Ningún menor inscrito en una confesión, bajo ningún rito, hasta los 18 años. Ningún menor que se confiese hasta la mayoría de edad. Imagínense la escena: la abuela en la parroquia, el niño vestido de marinero y un funcionario en la puerta pidiendo el DNI. «Lo siento, señora, el chaval tiene nueve años. Que vuelva cuando pueda votar». Todo ello, claro, en nombre de la libertad de conciencia. De la conciencia de los padres no se dice nada. Esa, al parecer, no cuenta.

Y ahora, la verdad del barquero. Europa Laica asegura que solo pide que las instituciones no tomen partido por ninguna creencia. Basta repasar la lista: IRPF, IBI, concertada, capellanías, inmatriculaciones, Acuerdos con la Santa Sede. Casi todo apunta al mismo sitio. Eso no es neutralidad. Es una diana con forma de campanario.

Tampoco es neutral su compañía. En 2017 Izquierda Unida se sumó a la campaña de Europa Laica para sacar la Religión de la escuela y registró en el Congreso una iniciativa para derogar los Acuerdos con el Vaticano. En 2019 la asociación presentó sus propuestas electorales a IU, que las recibió con los brazos abiertos. Después respaldó la iniciativa de Unidas Podemos para denunciar esos mismos Acuerdos. Y este año, el manifiesto que llevaron al Congreso contra los Acuerdos lleva la firma de Antonio Maíllo, coordinador federal de IU, y el apoyo de Izquierda Unida como organización y de Derecho a Morir Dignamente, el lobby de la eutanasia. Cuando el Papa fue invitado a hablar ante las Cortes, Europa Laica pidió a los diputados que no acudieran. Podemos anunció que no iría.

Lo mínimo, para esta gente, siempre es mucho. Lo que nunca es mínimo es la coincidencia.

Alfonso P. Sanz | Jurista y escritor


Tags: Laicismo, Elecciones, Constitución, Iglesia, Religión, Impuestos, Educación

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