Esta empresa lleva 5 años implantando microchips a sus empleados

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Como si de un capítulo de Black Mirror se tratase, algunas empresas ya han comenzado a implantar microchips en diferentes partes del cuerpo de sus trabajadores. ¿Los motivos? Cada uno que piense lo que quiera: algunos dirán que es para controlar cada uno de sus movimientos en horario de trabajo; otros, que es para facilitar la vida del trabajador en su puesto. Sin embargo, las intenciones de Epicenter, una compañía sueca pionera en este campo, son muy claras: están diseñados para mejorar la funcionalidad, actuando como “tarjetas de banda magnética” que permitan a los empleados tener «puertas abiertas, operar con impresoras o comprar batidos con un movimiento de la mano”.

Este chip reemplaza una gran cantidad de cosas disponibles en otros dispositivos, ya sean tarjetas de crédito o claves

Patrick Mesterson, co-fundador de Epicenter

“El mayor beneficio es la conveniencia”, dijo Patrick Mesterson, co-fundador de la compañía en una entrevista concedida a AP. Desde 2015, su proyecto lleva colocando estos circuitos bajo la piel humana y, desde entonces, más de 150 trabajadores ya lo han incorporado. “Básicamente, este chip reemplaza una gran cantidad de cosas disponibles en otros dispositivos, ya sean tarjetas de crédito o claves”.

Los interesados en este avance se enfrentaron a una inyección, a través de la cual el microchip (del tamaño de un grano de arroz) era incorporado en una de sus dos manos. Según los responsables, este proceso es totalmente segur, aunque genera demasiados interrogantes en cuanto a la Seguridad y la Privacidad. Por ejemplo, el chip almacenará información sensible, como cuánto tiempo estará trabajando la persona o cuáles son sus gustos gastronómicos al comprar en una máquina.

Es es el chip que llevan incorporado los trabajadores de Epicenter
Es es el chip que llevan incorporado los trabajadores de Epicenter/Foto: Epicentre (nombre del dueño)/Archivo

“Por supuesto, poner cosas en tu cuerpo es toda una gran decisión que tomar y lo fue incluso para mí al principio”, añadió Meterson. “Pero por otro lado la gente se ha estado implantando otras cosas en su cuerpo, como marcapasos o cosas para controlar su corazón (stents, por ejemplo). Eso es algo muchísimo más serio y grave que tener un pequeño chip que sirve para comunicarse con los dispositivos”. Otros, en cambio, advierten de las amenazas potenciales (como la posibilidad de piratear el dispositivo) que podrían dar a los hackers acceso a información sensible, como nuestro estado de salud.

“Los datos que usted puede obtener de un chip que está incrustado en el cuerpo son muy diferentes de los datos que se pueden obtener de un teléfono inteligente”, explicó Ben Libberton, un microbiólogo en el Instituto Karolinska de Estocolmo, a AP. “Conceptualmente, se podrían obtener datos sobre su salud o se podrían obtener datos sobre su ubicación o sobre la frecuencia con la que está trabajando, el tiempo que está trabajando, las veces que ha ido al baño y cosas por el estilo».

Los implantes se valen de la tecnología Near Field Communication (NFC), que permite desarrollar comunicaciones de corto alcance entre dos dispositivos que emiten y reciben una señal. O dicho de otro modo, permite una lectura-escritura en ambos sentidos.

El caso belga

El de Epicenter no es el único caso europeo: también la compañía belga Newfusion ha incorporado esta novedad. Algunos de sus trabajadores también se han implantado un microchip bajo la piel.

Según la información que aparece en Le Soir, dicho implante está situado en la zona entre los dedos pulgar e índice y tiene como objetivo utilizar el cuerpo como llave (puesto que permite abrir puertas) y como clave (ya que los que lo incorporen pueden encender su ordenador sin tocarlo).