La embajada de Marruecos en Madrid es un nido de espías

Fachada exterior de la Embajada de Marruecos en Madrid con su bandera.

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Infiltración marroquí en Madrid: la sumisión de un Gobierno ante el espionaje extranjero

El Estado español sufre una quiebra absoluta en sus sistemas de defensa y soberanía nacional por culpa de la alarmante sumisión y vasallaje del actual gobierno de Sánchez ante Marruecos. Las filtraciones de datos confidenciales destapan una realidad intolerable: La lista de espías de Marruecos incluye a cinco miembros de su embajada en Madrid.

Los servicios de información del país vecino operan con total impunidad en suelo español gracias a la debilidad de un gabinete que prefiere proteger sus pactos políticos antes que salvaguardar la seguridad de los ciudadanos españoles.

La gravedad de la situación obliga a llamar a las cosas por su nombre, sin paños calientes ni lenguaje diplomático: La embajada de Marruecos en Madrid es un nido de espías. Los números ‘tres’ y ‘cinco’ de la delegación marroquí aparecen en el listado filtrado por los ‘hackers’ de Jabaroot. En un país normal y serio – España no lo es con Sánchez-, se les echaría de inmediato. Ninguna nación con un mínimo de orgullo propio consentiría que una delegación extranjera utilizara sus privilegios institucionales para coordinar operaciones de vigilancia y desestabilización en su propia capital.

La traición de la quinta columna en la política nacional

El verdadero peligro de esta telaraña de espionaje no proviene únicamente de la audacia de los agentes enviados por el rey Mohamed VI, sino de la colaboración activa de políticos españoles que traicionan a España. Hay que resaltar que si ya de por sí es preocupante el número de espías marroquíes en España, lo es más el número de políticos españoles, generalmente del PSOE – pero no los únicos-, que le hacen el juego a los intereses marroquíes por encima de los españoles. Esos son peores porque son traidores. Esta quinta columna política desarma al Estado frente a las presiones de Rabat y entrega las llaves de la política exterior a un régimen autoritario.

Según The Objective, los documentos informáticos del CNI identifican a 73.381 marroquíes a sueldo del espionaje de su país. Este archivo desvela que al menos cinco miembros destacados de la Embajada de Marruecos en Madrid compaginan su estatus oficial con labores clandestinas de captación de datos y control de objetivos estratégicos. El Ministerio de Asuntos Exteriores de José Manuel Albares actualizó la lista de representantes extranjeros el pasado 31 de julio, justamente un día después de registrarse la avalancha masiva de inmigrantes marroquíes en la frontera de Ceuta. ¿Casualidad?

Los cinco nombres del aparato de información en la capital

Cinco funcionarios marroquíes, que representan el 15% del personal de la delegación, disfrutan de la protección de la inmunidad diplomática mientras los archivos informáticos los señalan como agentes secretos. Los expedientes identifican formalmente a Adil El Alami, Khalid Lahsaini, Tarik Sabil, Thami Belcaid y Al Amir al Alam como piezas clave del engranaje de Rabat en la península. Los piratas informáticos de Jabaroot también detectaron incoherencias graves en las identidades de otros consejeros y secretarios destinados en las oficinas madrileñas.

Adil El Alami ostenta la condición de ministro plenipotenciario y ejerce como el número tres de la embajada en España, situado jerárquicamente por detrás de la embajadora Karima Benyaich y del encargado de negocios Khalid Atlassi. Este agente ingresó en las estructuras de información marroquíes en el año 2007, justo tras finalizar sus estudios de ciencias políticas en París. En internet, El Alami cuida su imagen pública y utiliza las redes sociales para interactuar con ciudadanos españoles.

Perfiles veteranos y agentes de campo en territorio español

El número cinco del escalafón diplomático de la embajada marroquí corresponde a Khalid Lahsaini, cuyo reclutamiento por el espionaje de Rabat data del año 2009. Lahsaini acumula experiencia previa en las delegaciones de Suecia y en diferentes destinos de la convulsa región de Oriente Próximo antes de su incorporación a la capital de España en septiembre de 2024. Los datos públicos de este diplomático coinciden punto por punto con los registros que los hackers informáticos publicaron en la red.

La lista incluye también a Tarik Sabil, Thami Belcaid y Al Amir al Alam, quienes ingresaron simultáneamente en el aparato de inteligencia marroquí en el año 2007. Sabil trabaja como agregado de la embajada desde dos mil dieciséis y figura como el segundo miembro con mayor antigüedad en la legación. Por su parte, Belcaid opera formalmente como agregado de Interior debido a su condición de comisario de la Dirección General de la Seguridad Nacional, una de las dos ramas principales del espionaje de Marruecos. Belcaid ya cumplió funciones similares en España durante mandatos de ejecutivos del Partido Popular.

El chantaje fronterizo y la inacción de la Moncloa

La trayectoria de Belcaid incluye su participación en delegaciones que visitaron la Escuela de Policía de Ávila en el año dos mil doce, donde negoció intercambios formativos para que profesores marroquíes enseñasen lengua árabe a los agentes españoles. El último integrante del grupo, Al Amir al Alam, consolidó su llegada a la delegación de Madrid a principios de febrero de este año para iniciar sus labores de campo en el territorio nacional.

La filtración de estos datos debilita la estructura operativa de la Dirección General de la Vigilancia del Territorio, el equivalente marroquí al CNI español para el control interior. El grupo Jabaroot amenaza ahora con difundir las órdenes de misión de los agentes marroquíes que coordinaron los sucesos fronterizos de Ceuta. Mientras tanto, el presidente del Gobierno calla y otorga, demostrando que el chantaje de Rabat paraliza por completo las decisiones de la Moncloa y deja desprotegida la soberanía de España.

Exigencia de expulsión inmediata ante la pérdida absoluta de dignidad

La publicación detallada de las identidades de los espías marroquíes integrados en su delegación en Madrid despoja al Gobierno de cualquier excusa para mantener su complicidad con el régimen de Marruecos. El contraespionaje internacional asume con normalidad que las delegaciones diplomáticas alberguen agentes encubiertos entre sus funcionarios acreditados, pero la quiebra absoluta del secreto operativo altera por completo las reglas del juego. Una cosa es que las embajadas tengan espías, otra es que se sepa quiénes son. La divulgación de sus nombres, sus trayectorias y sus ingresos en los servicios secretos convierte su permanencia en suelo español en una humillación intolerable para nuestras instituciones de seguridad.

La pasividad de la Moncloa ante esta humillación pública confirma el estado de sumisión de un gabinete paralizado por los chantajes exteriores. Si España tiene un mínimo de dignidad debería expulsarlos ya mismo del territorio nacional mediante una declaración inmediata de personas non gratas. Mantener en sus despachos de la capital a funcionarios formalmente desenmascarados como agentes de una potencia extranjera constituye un acto de cobardía política sin precedentes. El ministro Albares y el presidente Sánchez deben abandonar sus poses propagandísticas y proceder a la expulsión fulminante de estos cinco individuos para demostrar al mundo que España todavía conserva un ápice de soberanía y respeto hacia sus propias leyes.


TAGS: Embajada, Espías, Marruecos, Madrid, Filtración, Traidores, PSOE

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