España se queda sin hijos y se sitúa como el país europeo con más mujeres sin descendencia, solo por detrás de Japón, según un informe del BERD.
Un dramático y alarmante liderazgo demográfico
España se queda sin hijos y encabeza un ranking que nunca debió existir. El Informe de Transición 2025-2026 del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD), y que recoge El Debate, confirma una realidad inquietante: España presenta hoy la mayor proporción de mujeres sin hijos de toda Europa. A escala mundial, solo Japón registra cifras superiores.
El dato refleja un cambio profundo en apenas una generación. Entre las mujeres nacidas en los años cincuenta y sesenta, menos del 10 % no fue madre. En las cohortes nacidas desde 1970, la cifra roza el 20 % y ya la supera en algunos grupos. Es la no maternidad.
Una no maternidad que se ha duplicado en una sola generación. Este fenómeno no responde al azar ni a decisiones aisladas. España se queda sin hijos dentro de una tendencia global de baja fecundidad, envejecimiento poblacional y debilitamiento del relevo generacional.
Cuando la maternidad se convierte en un riesgo
España se queda sin hijos porque el sistema convierte la maternidad en una amenaza económica. El informe del BERD identifica causas claras y persistentes.
El retraso en la edad del primer hijo marca el inicio del problema. La precariedad laboral, los salarios bajos, el precio de la vivienda, la falta de ayudas a la natalidad y a la familia, así como la cultura antinatalista empujan a posponer decisiones vitales.
La edad media de maternidad se acerca ya a los 33 años. España mantiene una de las tasas de fecundidad más bajas de Europa, en torno a 1,10 hijos por mujer. El reemplazo generacional exige 2,1 hijos por mujer. España queda muy lejos de ese umbral. Es una nación que se vacía, se suicida.
El propio informe advierte que empezar tarde reduce las posibilidades reales de tener más de un hijo. Es una obviedad biológica, En muchos casos, elimina cualquier posibilidad de maternidad.
A esta realidad se suma la penalización profesional que sufren muchas mujeres tras ser madres. El sistema castiga la maternidad en lugar de protegerla.
Políticas ineficaces y soluciones cosméticas
España se queda sin hijos pese a décadas de casi nula políticas familiares mal diseñadas. Casi ningunas ayudas directas y fiscales, así como permisos y subvenciones que no han revertido la tendencia.
El BERD señala que estas medidas generan efectos limitados y transitorios cuando no se acompañan de cambios estructurales. Sin estabilidad laboral, sin acceso razonable a la vivienda y sin conciliación real, la natalidad no remonta.
La política ha promovido parches ideológicos cuando no de ataques a la familia y la natalidad. El resultado salta a la vista.
Mientras tanto, el discurso dominante margina el valor de la familia natural y trivializa la maternidad como proyecto de vida.
Consecuencias sociales, económicas y morales
España se queda sin hijos y ya sufre las consecuencias. El envejecimiento acelerado altera el equilibrio social y económico. Menos trabajadores sostienen a más jubilados.
La presión sobre el sistema de pensiones aumenta cada año. Era un sistema que estaba basado en una natalidad superior a 2,1 hijos por mujer. Con el déficit de natalidad actual se convierte en una bomba de relojería.
Las grandes ciudades concentran empleo y retraso en la maternidad. Las zonas rurales se vacían y pierden futuro. Este desequilibrio territorial rompe la cohesión nacional y debilita la unidad social.
Más allá de los números, emerge una crisis más profunda. Una sociedad que renuncia a la vida renuncia también a la esperanza.
España se queda sin hijos y afronta una decisión crucial. O cambia el modelo político, económico y cultural, o profundiza su declive.
La disyuntiva es clara: Sin hijos, España envejece y muere. Con vida, España renace.




