Juan Carlos Corvera: “Cuando una sociedad ya no sabe qué es el hombre, tampoco sabe cómo educarlo”

Desafíos educativos y responsabilidad de los padres

El periodista Javier Navascués conversa con Juan Carlos Corvera, presidente y fundador de la Fundación Educatio Servanda, sobre los desafíos educativos actuales, la responsabilidad insustituible de los padres y la necesidad de recuperar una educación basada en la verdad sobre el hombre. Por su interés reproducimos fragmentos de dicha entrevista

¿Por qué consideran que estos tiempos son difíciles para la educación de los hijos?

Las dificultades tienen muchas causas, pero como decía antes, sin duda la más profunda es la crisis antropológica que atraviesa nuestra cultura. La modernidad que trajo la sustitución de la mirada teocéntrica a la mirada antropocéntrica ha tenido como consecuencia que el hombre, separado de su Creador, ya no sabe quién es. “Solo Cristo revela el hombre al propio hombre”, como recordaba San Juan Pablo II. Cuando una sociedad pierde claridad sobre qué es el ser humano, inevitablemente pierde claridad sobre cómo educarlo.

A esto se suman factores muy concretos: la hiperexposición de los jóvenes a las pantallas, la presión cultural que a menudo transmite una visión superficial de la vida, la dificultad para educar en el esfuerzo y la frustración o la introducción de determinadas ideologías en el ámbito educativo.

Todo esto crea un entorno que exige a los padres mayor formación, mayor atención y mayor responsabilidad. Pero también conviene decir algo importante: las dificultades no deben llevarnos al pesimismo, sino a tomarnos la educación mucho más en serio.

¿Cuáles son los principales criterios y herramientas educativas que ofrecen a familias y docentes?

El Congreso combina reflexión de fondo con propuestas concretas para la vida familiar y la enseñanza. No se trata sólo de diagnosticar problemas, sino de ofrecer criterios prácticos para educar mejor.

Uno de los ejes será la formación del carácter, recuperando virtudes como el esfuerzo, la fortaleza, la responsabilidad o la capacidad de afrontar la frustración en una sociedad que tiende a evitar cualquier sacrificio.

Otro aspecto esencial es la formación de la conciencia moral. Educar consiste en ayudar a los hijos, a los alumnos, a distinguir el bien del mal y a orientar su libertad hacia la verdad.

También abordaremos cuestiones muy actuales, como el impacto de la inteligencia artificial y de la tecnología en la vida de los jóvenes, desde una mirada humanista que permita usar estas herramientas sin que terminen dominando la vida personal.

¿Por qué en un mundo marcado por la aceleración tecnológica, la educación sigue siendo clave para formar personas libres, responsables y abiertas a la verdad y a la trascendencia?

Precisamente por esa aceleración tecnológica. La tecnología amplía enormemente las capacidades humanas, pero no responde a las preguntas fundamentales de la vida: quién soy, para qué estoy aquí, qué es el bien o qué significa ser libre. Por este motivo vemos una vuelta a la fe de la juventud, buscan lugares, movimientos y experiencias que den respuesta a sus grandes interrogantes existenciales.

La educación tiene la misión de ayudar a integrar conocimiento, libertad y responsabilidad. No basta con formar individuos técnicamente competentes; necesitamos formar personas capaces de pensar, de discernir y de orientar su vida hacia la verdad y el bien.

¿Qué papel tienen los padres en la educación de los hijos y qué relación debería existir entre la familia y la escuela católica?

La educación corresponde primariamente a los padres. Los hijos no son del Estado, ni su educación y formación es una función delegada por él, sino una responsabilidad que nace del propio hecho de haber dado la vida a los hijos.

La escuela —también la escuela católica— cumple una función muy importante, pero es una función de colaboración con las familias en el campo de la enseñanza. Cuando la relación entre familia y escuela funciona bien, se establece una verdadera alianza educativa que beneficia enormemente a los alumnos.

Cuando los padres, muchas veces superados por su día a día, o por no tener respuestas claras a los problemas que sus hijos les plantean, tienen la tentación de delegar en las escuelas también la educación de sus hijos.

Y cuando esto sucede, se dan contradicciones como pedir a los colegios que no dejemos a los niños utilizar el teléfono en las aulas, teléfono que previamente ha sido comprado por ellos. Por eso es tan importante recuperar la conciencia de que educar es una misión irrenunciable de los padres y que la escuela debe ser una aliada en esa tarea, no un sustituto.

¿Qué mensaje le gustaría transmitir a los padres católicos que hoy sienten incertidumbre o miedo a la hora de educar a sus hijos?

Que no tengan miedo de educar con claridad y con convicción. Los hijos necesitan padres que sepan orientar su vida, que les transmitan criterios y que no renuncien a enseñarles qué es el bien y qué es el mal.

Muchas veces la cultura dominante transmite la idea de que educar es simplemente acompañar sin intervenir demasiado. Pero educar implica también proponer, exigir, corregir y ayudar a crecer.

Los padres no están solos en esta tarea. La Iglesia, las comunidades educativas y otras familias pueden ofrecer apoyo y acompañamiento. Pero lo fundamental es que los padres recuperen la confianza en su propia misión.

Educar siempre ha sido una tarea exigente, pero también es una de las misiones más nobles y más fecundas que existen. Y hoy, quizá más que nunca, necesitamos padres que asuman esa responsabilidad con valentía.


Tags: Juan Carlos Corvera, Educatio Servanda, Educación católica, Libertad de enseñanza, Rol de los padres, Crisis antropológica, Formación moral, Virtudes

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