Carlos de Antonio Alcázar es un coronel retirado del Ejército español. Durante su carrera militar, participó en numerosas operaciones fuera de España, incluyendo Oriente Medio, África y los Balcanes.
El periodista Álvaro Peñas le entrevista. Por su interés reproducimos dicha entrevista
¿Cómo valora los primeros días de la operación militar contra Irán?
La ejecución de esta operación contra Irán representa un nuevo punto de inflexión, con implicaciones estructurales que van mucho más allá del ámbito estrictamente militar. Una vez más, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) operan en plena sincronización operativa con Estados Unidos en la Operación «León Rugiente» («Furia Épica» en Estados Unidos). Desde el principio, los esfuerzos se han dirigido a debilitar la capacidad política y militar del régimen desestabilizando su núcleo de toma de decisiones.
Estamos entrando en el ámbito cognitivo de la guerra, en la guerra híbrida que incorpora elementos cinéticos convencionales, donde se eliminan objetivos estratégicos de alto valor vinculados al liderazgo del régimen. El primer día, según informes, el Líder Supremo Ali Khamenei y al menos diez altos funcionarios iraníes fueron asesinados. Al mismo tiempo, se están concentrando los esfuerzos en destruir infraestructura militar crítica para obligar a Irán no solo a aceptar un acuerdo, sino a avanzar hacia la rendición y un cambio de régimen.
El despliegue militar ha sido, y sigue siendo, excepcional: dos grupos de ataque de portaaviones (con un tercero en camino) y sus escoltas, aeronaves de superioridad aérea, sistemas de defensa aérea, aviones cisterna y de transporte, submarinos y otros recursos. Irán ha intensificado la situación atacando bases, ciudades, instalaciones petroleras y aeropuertos estadounidenses en Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Catar, Kuwait y Jordania.
Se prevé que esta operación se prolongue durante semanas e incluya ataques de precisión contra autoridades militares, políticas y religiosas, instalaciones de seguridad iraníes e infraestructura nuclear. En estos primeros días, la capacidad ofensiva de Irán ha sufrido un deterioro significativo en tres áreas militares clave: la potencia de fuego basada en misiles y drones, el sistema de mando y control, y la infraestructura militar junto con la defensa aérea integrada.
Ya se ha logrado la superioridad aérea sobre casi todo el territorio iraní. Todo esto sugiere el desarrollo de una campaña destinada a neutralizar las capacidades ofensivas de Irán. Israel llevó a cabo un ataque inicial con aproximadamente 200 aeronaves contra más de 500 objetivos en dos oleadas sucesivas. El primer día, Irán lanzó un ataque masivo con misiles y drones con el objetivo de saturar los sistemas de defensa aérea. El segundo día se registró el uso máximo de drones, aunque Estados Unidos e Israel comenzaron a atacar lanzadores móviles, bases y depósitos logísticos. A partir del tercer día, se inició una clara fase de desgaste, con una reducción en los lanzamientos iraníes.
El cuarto día marcó un cambio en el control del espacio aéreo, ya que Estados Unidos e Israel lograron superioridad aérea localizada y expandieron sus operaciones dentro del territorio iraní. El quinto día, el ritmo de los ataques iraníes se redujo drásticamente, con menos andanadas coordinadas y un mayor número de lanzamientos aislados, lo que suele indicar la pérdida de lanzadores operativos y el deterioro del mando y control. El sexto día, este deterioro se intensificó, con ataques a menor escala y más de dos mil objetivos militares alcanzados por la campaña aérea. A partir del séptimo día, la capacidad ofensiva de Irán disminuyó aún más, aunque sigue siendo capaz de infligir daños significativos.
Antes del conflicto, se estimaba que Irán poseía más de dos mil misiles balísticos y varios cientos de lanzadores móviles, además de grandes reservas de drones de ataque. Tras más de una semana de operaciones, varios indicadores confirman el declive de su capacidad ofensiva: una reducción en la cadencia de fuego, el deterioro del sistema de mando y el cambio gradual hacia tácticas más asimétricas. De cara al futuro, el escenario más probable es la evolución hacia un conflicto de intensidad media-baja, basado en ataques esporádicos y operaciones de desgaste. No obstante, subsiste la posibilidad de que el conflicto se extienda mediante la activación de grupos afines a Irán en distintos países de Oriente Medio o, en un escenario de mayor escalada, mediante ataques contra la infraestructura energética del Golfo, la navegación marítima en el Estrecho de Ormuz o las bases militares occidentales en la región.
Marco Rubio afirmó que la operación se precipitó porque Israel estaba a punto de atacar a la cúpula iraní, y algunos analistas sostienen que esto propició cierto grado de improvisación por parte estadounidense. ¿Cree usted que fue así?
No. Planificar una operación conjunta combinada es difícil, y ejecutarla es aún más complejo. Esta campaña militar no fue improvisada. Requirió una planificación sumamente compleja, llevada a cabo minuciosamente durante largos periodos de tiempo.
La preparación incluye la recopilación de inteligencia durante semanas o meses, la identificación y selección precisa de objetivos militares estratégicos, el estudio de rutas aéreas y corredores seguros, la planificación de operaciones de reabastecimiento aéreo y la integración de sistemas de defensa antimisiles en toda la región. Asimismo, requiere una coordinación política y militar extremadamente estrecha.
Dentro de la planificación operativa, existe también una dimensión logística esencial. Los recursos navales y aéreos deben estar preposicionados, las bases avanzadas preparadas, las municiones de precisión almacenadas y las redes de comunicaciones de mando y control e inteligencia activadas. Todo esto requiere tiempo, preparación y coordinación entre las diferentes estructuras militares.
Lo que puede ocurrir —y suele ocurrir en periodos de tensión internacional— es que la decisión política de ejecutar un plan existente se adelante o se retrase con respecto al calendario original. Desde una perspectiva de análisis militar, es importante distinguir entre improvisación y ejecución anticipada. La ejecución anticipada simplemente significa que la planificación ya se había completado y que consideraciones políticas o estratégicas llevaron a la decisión de implementar el plan antes o después de lo previsto inicialmente.
Por lo tanto, no se trató de una operación improvisada. Es mucho más probable que ya existiera un plan militar previamente elaborado y que la evolución de la situación estratégica, junto con una oportunidad percibida, llevara a la decisión de adelantar su ejecución para asegurar una respuesta coordinada y mantener el control sobre el desarrollo del conflicto.
La respuesta de Irán ha sorprendido a los observadores por su magnitud y objetivos, incluyendo ataques contra Turquía y Azerbaiyán. ¿No es un error atacar a tantos países? ¿Qué busca el régimen con esta estrategia?
La intensificación de los ataques iraníes contra varios países —incluso Turquía, Chipre y Azerbaiyán— puede resultar sorprendente. Parece contradecir la lógica militar clásica de concentrar fuerzas y esfuerzos. Sin embargo, desde una perspectiva estratégica, este comportamiento representa una combinación de disuasión, señalización política y compensación por la debilidad militar convencional.
Irán persigue tres objetivos principales: expandir el conflicto para aumentar los costos políticos y militares de la ofensiva en su contra, crear incertidumbre estratégica para Estados Unidos, Israel y sus aliados, y reforzar la narrativa interna del régimen.
Uno de los episodios más delicados fue el lanzamiento de un misil balístico dirigido al espacio aéreo turco, que fue interceptado por los sistemas de defensa antimisiles de la OTAN en el Mediterráneo. Este incidente es extremadamente sensible, ya que Turquía es miembro de la OTAN. La Alianza condenó el ataque y reafirmó su compromiso con la defensa colectiva, aunque no se invocó el Artículo 5. La estrategia de Irán se basa en lo que muchos analistas describen como una «guerra de saturación regional», cuyo objetivo es abrumar las defensas enemigas y multiplicar los frentes simultáneos. Sin embargo, esta estrategia conlleva graves riesgos. Atacar a demasiados países puede producir el efecto contrario: la consolidación de una coalición más amplia contra Irán. En términos militares, cuanto más extenso sea el conflicto, más difícil será para Irán sostenerlo contra potencias con una superioridad tecnológica y aérea abrumadora. En definitiva, la estrategia de Irán se basa en una guerra asimétrica regional integrada. Su objetivo no es derrotar militarmente a Estados Unidos o Israel en una guerra convencional, sino impedirles una victoria rápida y aumentar los costos políticos, militares y económicos del conflicto.
Los ataques iraníes están disminuyendo en intensidad, aunque la República Islámica habla de armas que aún no hemos visto. ¿Existe alguna evidencia de tales “armas milagrosas”? ¿Qué opciones le quedan a Irán si se le agotan sus misiles?
De hecho, los ataques iraníes han mostrado una tendencia a la baja en intensidad. Es improbable que Irán posea sistemas milagrosos o tecnologías totalmente nuevas que no hayan sido ya documentadas por la inteligencia militar occidental y las imágenes satelitales.
Se sabe que Irán posee amplios arsenales tecnológicamente avanzados en comparación con generaciones anteriores. Estos incluyen misiles balísticos de medio y largo alcance con sistemas de guiado mejorados, ojivas reforzadas y cargas útiles de tipo racimo. Estos sistemas han sido estudiados durante años por agencias de inteligencia, institutos de análisis estratégico y periodismo especializado en defensa. Desde la perspectiva del análisis militar occidental, no resultan sorprendentes. La retórica oficial del régimen iraní, que sugiere la existencia de «armas ocultas», forma parte de una narrativa estratégica diseñada para generar incertidumbre y reforzar la cohesión interna.
Si los misiles más sofisticados y los drones avanzados comienzan a escasear, Irán podría intensificar el uso de grupos interpuestos. Estas fuerzas pueden llevar a cabo ataques indirectos, operaciones de sabotaje o acciones de desgaste, extendiendo el teatro de operaciones más allá del territorio iraní. Irán también podría redirigir sus esfuerzos hacia objetivos no puramente militares, como infraestructuras energéticas, rutas de transporte marítimo, sistemas de comunicación, aeropuertos y zonas industriales, con el fin de generar presión política y económica.
En este contexto, las referencias a armas invisibles o «milagrosas» deben interpretarse más como un intento de influir en la percepción estratégica y psicológica del conflicto que como evidencia de un arsenal oculto capaz de alterar decisivamente el curso de la guerra. No obstante, Irán podría, en teoría, utilizar aproximadamente 400 kilogramos de uranio enriquecido para construir «bombas sucias» radiológicas, si bien tal acción sería extremadamente grave.
¿Qué problemas podrían afrontar Estados Unidos e Israel si la guerra se prolonga más allá de las cuatro semanas anunciadas por Donald Trump?
Una campaña militar prolongada implica un consumo constante de misiles de precisión, bombas guiadas y combustible para aviones, helicópteros y buques de guerra. Ambos países poseen una considerable capacidad industrial y reservas para mantener operaciones a gran escala durante más de un mes; sin embargo, el desgaste logístico podría obligar a realizar ajustes en la planificación operativa y limitar la capacidad sostenida para atacar objetivos estratégicos.
Además, aumentaría la probabilidad de que otros actores regionales se involucren en el conflicto, directa o indirectamente. Esto podría incluir ataques de milicias y grupos afines a Irán, así como la posibilidad de acciones terroristas híbridas a nivel global. A nivel interno, Estados Unidos e Israel podrían enfrentar una creciente presión si la campaña militar no produce resultados rápidos. Esto podría implicar críticas de la opinión pública y de los partidos de oposición, debates sobre la necesidad de desplegar fuerzas terrestres y, en última instancia, un cuestionamiento más amplio de la estrategia y la duración de la campaña.
Un conflicto prolongado también podría reducir la flexibilidad política e influir en las futuras decisiones estratégicas. Además, una guerra sostenida en Oriente Medio podría afectar significativamente los mercados mundiales de energía y comercio. Las posibles interrupciones en los envíos de petróleo a través del estrecho de Ormuz, el aumento de los precios del crudo y el gas natural, y la presión económica sobre los países que dependen de las importaciones de energía o las exportaciones industriales podrían generar una mayor presión política sobre los gobiernos de Estados Unidos e Israel para que busquen una solución más rápida.
Hezbolá ha atacado a Israel desde el norte a pesar de las advertencias del gobierno libanés, que ahora exige su desarme. Tras su rotundo fracaso en el anterior enfrentamiento con Israel, ¿acaso no se trata de una aventura suicida?
Sí. La ofensiva de Hezbolá contra Israel es extremadamente arriesgada y roza lo que algunos analistas describirían como una «aventura suicida». En su anterior enfrentamiento, Hezbolá no logró superar la superioridad tecnológica, aérea y de inteligencia de las Fuerzas de Defensa de Israel. La campaña provocó daños significativos a su infraestructura militar, numerosas bajas y la exposición de lanzadores y rutas logísticas a ataques preventivos.
El hecho de que ahora ataque, a pesar de las advertencias del gobierno libanés, añade una dimensión política de considerable riesgo. El propio Líbano podría verse directamente involucrado en el conflicto, afectando a la población civil —muchos de cuyos miembros ya están huyendo— y socavando la estabilidad del país, algo que la organización siempre había intentado evitar. La decisión de atacar puede explicarse por varios factores: presión ideológica interna, un intento de demostrar relevancia regional o coordinación con Irán, dado que miembros de la Guardia Revolucionaria colaboran activamente con Hezbolá.
Los principales aliados de Irán, Rusia y China, no parecen dispuestos a intervenir, y China, en particular, tiene mucho que perder si la guerra se prolonga. ¿Podría Pekín obligar al régimen islámico a llegar a un acuerdo?
Rusia busca debilitar la influencia estadounidense, mantener altos los precios de la energía y seguir fortaleciendo sus alianzas antioccidentales. Rusia e Irán cooperan desde hace al menos tres años en tecnología de misiles y drones. Con considerable cautela debido a su debilitada posición estratégica, Rusia apoyará a Irán diplomáticamente y mediante el intercambio de inteligencia, al tiempo que lleva a cabo una campaña de desinformación contra Occidente.
Por el contrario, China antepone los intereses económicos a los compromisos militares. Su relación estratégica con Irán se basa principalmente en el intercambio económico y energético, más que en alianzas militares o garantías de seguridad. Durante años, Irán ha sido uno de los principales proveedores de petróleo crudo de Pekín. China es fundamentalmente pragmática y prioriza la estabilidad sobre la expansión militar en Oriente Medio. Lejos de estar dispuesta a entrar en un conflicto militar en defensa de Irán, ha expresado su postura a través de canales diplomáticos y condenas retóricas, exigiendo el cese inmediato de las operaciones militares.
Por lo tanto, es muy improbable que China pueda obligar a Irán a negociar. Además, Estados Unidos no aceptaría un papel dominante de China en la mediación, ya que esto podría reducir la influencia estratégica estadounidense en la región, limitar su libertad de acción militar y legitimar a un rival global.
El objetivo declarado de la guerra es el cambio de régimen, algo difícil de lograr sin tropas sobre el terreno. ¿Es viable la opción kurda, o será necesario el despliegue de fuerzas estadounidenses o israelíes?
Un cambio de régimen en Irán sin presencia militar sobre el terreno sería extremadamente difícil. Los kurdos han sido tradicionalmente aliados de Estados Unidos e Israel y poseen experiencia en guerra de guerrillas y control territorial local. En teoría, podrían desempeñar un papel en operaciones limitadas dentro de las regiones fronterizas o áreas estratégicamente importantes de Irán.
Sin embargo, existen limitaciones importantes. Las fuerzas kurdas no tienen la capacidad de ocupar y controlar las principales ciudades ni los centros de poder político de Irán. Cualquier intento de infiltración o ataque a gran escala probablemente sería neutralizado rápidamente por la Guardia Revolucionaria y las fuerzas de seguridad iraníes. Independientemente de la presencia de personal de operaciones especiales estadounidenses sobre el terreno, es importante reconocer que depender exclusivamente de fuerzas interpuestas aumenta significativamente el riesgo de fracaso estratégico y represalias masivas.
La opción kurda podría respaldar operaciones de desgaste o sabotaje, pero no podría sustituir el despliegue directo de fuerzas estadounidenses si el objetivo genuino fuera un cambio de régimen. Una intervención decisiva en Irán requeriría fuerzas expedicionarias de gran capacidad, capaces de controlar ciudades clave y centros de poder político y militar, neutralizar rápidamente a la Guardia Revolucionaria y sus milicias, asegurar las líneas de suministro y el apoyo logístico en un territorio vasto y hostil, y coordinar operaciones aéreas, cibernéticas y terrestres de forma sincronizada. Es posible que Estados Unidos esté considerando tal escenario. Sin embargo, esto implicaría un despliegue sumamente arriesgado y costoso, con una considerable exposición a bajas militares.
Tras costosas y prolongadas experiencias militares en Irak, Afganistán y Siria, Estados Unidos sigue mostrándose extremadamente reacio a desplegar tropas terrestres en conflictos de alto riesgo en Oriente Medio, en particular en Irán, un país vasto y fuertemente militarizado con capacidades avanzadas de guerra asimétrica.
Derrocar un régimen como el iraní es inherentemente complejo y está plagado de riesgos. El régimen se encuentra actualmente en un momento de debilidad y podría seguir cometiendo actos brutales. Sin embargo, debe evitarse el peor escenario: un Irán similar a Libia, otro Irak, el desastre de Afganistán o una «segunda Siria». Esta campaña militar podría representar un camino hacia una paz más duradera en la región y, sobre todo, una oportunidad para el noble pueblo de la antigua Persia. Cabe esperar que alguien haya estudiado detenidamente las lecciones de acciones, conflictos y revoluciones pasadas —particularmente en Oriente Medio— y esté planificando un futuro mejor para el pueblo iraní: un futuro que, aunque imperfecto y en parte incierto, al menos no esté bañado en sangre.
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2 comentarios en «“Derrocar un régimen como el iraní es inherentemente complejo y está plagado de riesgos”»
Versión oficial yanqui.
Ni mínima aproximación al punto de vista iraní.
Ni mención a la legalidad de la guerra.
Nada de dispersión de esfuerzos: se ataca a Israel, las bases y objetivos yanquis, y también los objetivos económicos de ambos y sus aliados (Ormuz).
Ni mención, por supuesto, a la demostración de la incapacidad práctica del cacareado escudo antiaéreo israelí. Ni a la precisión y eficacia de los misiles balísticos (además de su número), entre otras armas.
Tampoco se menciona el patriotismo y decisión del pueblo persa.
Ni mención a los daños encajados por los yanquis en sus barcos.
En fin, ceguera intencionada (es de suponer)
Versión oficial anti-yanqui. El punto de vista iraní es el expresado por los miles de «body bags» con víctimas de su salvaje represión. La legalidad de la guerra, o más bien su legitimidad, está amparada por el concepto de «Responsabilidad de Proteger», aprobado unánimemente por los Jefes de Estado de los países miembros de la ONU en 2005 y renovado en 2025. Lo de la incapacidad del escudo antiaéreo israelí me ha arrancado unas risas. No sé de qué daños a buques yanquis se refiere y no sé de qué «decisión» -globalmente considerada- del pueblo persa habla usted. Y ya no me apetece seguir escribiendo, chim pum.