¡Felipe VI la vuelve a liar! ¡Pide perdón por el descubrimiento de América!
En una intervención que ha provocado indignación y rechazo creciente, Felipe VI señaló que hubo muchos, muchos abusos en el Descubrimiento y Evangelización de América. El monarca afirmó, en presencia del embajador de México, Quirino Ordaz Coppel, en el Museo Arqueológico Nacional. que durante la evangelización “hubo mucho, mucho abuso” y «Hoy en día no puede hacernos sentirnos orgullosos»,
Unas palabras del Rey que no han pasado desapercibidas. En un momento clave para la defensa de la identidad nacional, Felipe VI ha optado por asumir un relato de la leyenda negra que desacredita la historia de España, en lugar de defenderla con firmeza.
Un Rey que asume el discurso de la Leyenda Negra
Felipe VI afirmó: “Los propios Reyes Católicos, con sus directrices y el proceso legislativo, tenían un afán de protección que luego la realidad hizo que no se cumpliera como se pretendía. Y hubo mucho, mucho abuso”. Estas palabras no son neutrales. Refuerzan directamente, en línea con Pedro Sánchez, la Leyenda Negra, una construcción ideológica que durante siglos ha servido para desprestigiar a España y su labor en el ámbito nacional e internacional.
El Rey reconoce un supuesto “afán de protección” mediante las Leyes de Indias, pero insiste en que no se cumplieron. Con ello, reduce un proceso histórico complejo a una narrativa de culpa unilateral.
El contexto que se omite deliberadamente
El discurso del monarca ignora elementos fundamentales. La civilización azteca, en México, practicaba sacrificios humanos masivos y mantenía estructuras profundamente violenta y regresivas. La llegada de España no solo transformó ese mundo, sino que introdujo normas jurídicas, sociales y morales pioneras en defensa de los indígenas. Trajo la religión católica, una cultura y sobre toda una civilización. Sin embargo, ese contexto desaparece. Solo queda la idea de “abusos”.
Este silencio selectivo del Rey no es casual: asume una narrativa que busca debilitar la conciencia histórica de España.
Felipe VI se pliega ante el discurso globalista
La gravedad de estas declaraciones no radica únicamente en su contenido, sino en su intención. El Rey no habla como un historiador. Habla como jefe del Estado, y sobre todo, como Rey de España. Y un jefe del Estado no puede permitirse alimentar discursos que atacan la legitimidad histórica de su propia nación.
La escena resulta especialmente significativa: Felipe VI pronunciando estas palabras bajo la mirada del embajador mexicano, en una conversación difundida por la propia Casa Real. No se trató de un desliz. Fue un mensaje calculado.
La visita, además, no figuraba en la agenda oficial. El propio Palacio de la Zarzuela confirmó que el monarca acudió de forma privada antes de la clausura de la exposición. Este detalle refuerza la sensación de improvisación y falta de transparencia. España necesita liderazgo, no gestos ambiguos ni discursos complacientes con el globalismo. Cuando el Rey asume este discurso, la nación se debilita.
Una historia tergiversada con consecuencias reales
El relato que impulsa Felipe VI sobre los supuestos abusos de los españoles en la Evangelización de América tiene efectos concretos. Alimenta el revisionismo histórico, legitima reclamaciones políticas contra España y refuerza una imagen internacional distorsionada. La propia exposición visitada por el monarca, organizada por el Ministerio de Asuntos Exteriores, la AECID, el Instituto Cervantes y organismos mexicanos, refleja cómo la historia se utiliza como herramienta política.
No se trata de negar errores. Se trata de no aceptar un relato injusto que convierte a España en culpable absoluto y borra sus aportaciones. Se trata de un Rey que renuncia a sentirse orgulloso de una historia repleta de héroes y santos que llevaron la fe católica a un Continente Nuevo y que dio, 400 años antes, los Derechos Humanos a los indígenas.
La responsabilidad de la Corona
La Corona debe actuar como garante de la unidad y la dignidad nacional. No puede alinearse con discursos que cuestionan la legitimidad histórica de España. Sin embargo, las palabras de Felipe VI apuntan en la dirección contraria. En lugar de defender la verdad histórica con equilibrio, elige un relato que encaja perfectamente con las corrientes ideológicas dominantes a nivel internacional.
Felipe VI no puede caer más bajo: una Corona que pierde su sentido
La polémica no es anecdótica. Refleja una crisis más profunda: la desconexión entre la institución monárquica y la defensa firme de España.
Felipe VI no puede caer más bajo. Un Rey que asume la Leyenda Negra no defiende a su pueblo, lo abandona
España necesita referentes que crean en su historia, que la expliquen con rigor y que la defiendan sin complejos. La tibieza, en este contexto, no es neutralidad. Es cesión, es traición. Felipe VI ha tenido la oportunidad de reafirmar el orgullo nacional. Ha hecho lo contrario. Y cuando quien debe representar a España se pliega ante el relato de sus críticos, la pregunta resulta inevitable: ¿quién defiende entonces la verdad histórica de la nación?
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