El 20 de septiembre de 1519, zarpó desde Sanlúcar de Barrameda una flota de carabelas y carracas formada por:

  • La Trinidad (capitanes Magallanes, Juan Carbalho y Gómez de  Espinosa);
  • La San Antonio (Juan deCartagena, Antonio de Coca, Antonio de Mesquita y Estêvão Gomes);
  • La Concepción (Gaspar de Quesada y João Serrão);
  • La Victoria (Luis de Mendoza, Duarte Barroso, Gómez de Espinosa y Juan Sebastián Elcano),
  • La Santiago, que era una carabela (João Serrão),

y capitaneadas por el portugués Fernando de Magallanes, que había prometido a Carlos I llegar a las Islas Molucas (Indonesia) y, con ello, regar de especias el mercado español. Sin embargo, solo uno de esos barcos, la Victoria, y muy pocos de esos hombres, con Elcano al frente, lograron alcanzar Indonesia y regresar a España.

Tras superar motines y graves dificultades antes de cruzar el llamado estrecho de Magallanes (antes de Todos los Santos), Magallanes al frente de las supervivientes de La Trinidad, Victoria y Concepción se internó el 27 de noviembre en el desconocido océano Pacífico. Aquellas aguas fueron la tumba del portugués, asesinado por la población local de una isla de Filipinas, así como de la mayoría de los 239 tripulantes, hasta el extremo de que solo la Victoria capitaneada por Sebastián Elcano pudo volver a España desde las Islas Molucas, bordeando el Cabo de Buena Esperanza y con los guardacostas portugueses acosándoles a sus espaldas. El 6 de septiembre de 1522 llegaron a Sanlúcar de Barrameda Sebastián Elcano y 17 intrépidos.

Desde la óptica actual resulta incomprensible que aquella pequeña nave fuera capaz de dar la vuelta al mundo, con las imperfecciones de los instrumentos y la construcción naval del periodo. 

Por ello, creemos imposible que la única razón de la expedición de Magallanes y Elcano fuera un motivo comercial.

El comercio de las especias a mediados del siglo XV estaba en manos de los portugueses, que las traían de las Molucas por una ruta terrestre. La nuez moscada y el clavo no se daban más que allí y la pimienta venía, sobre todo, de la India, y la canela, de Ceilán.

Se creía que ésta era la ruta comercial más fácil, no porque se pensara que la Tierra era plana y no había otro modo de ir a las Molucas y comerciar con las especias.

Antes de nada, diremos que la cuestión acerca de si la Tierra era o no redonda no existía a estas alturas de la Historia. Nadie ponía en duda su esfericidad.

En el mundo occidental, así como en el musulmán, la esfericidad de la Tierra se daba por sentada siguiendo esta tradición.

Así pues, al menos todos los hombres de cierto nivel cultural sabían que la Tierra era redonda. Redonda y esférica. La esfericidad de hecho no se discutía, puesto que Dios debió basarse sin duda en formas puras cuando creó el Universo. Este era el pensamiento de la época, sin discusión incluso entre los más preeminentes hombres de ciencia del momento.

Por tanto, esta expedición no «demostró» la redondez del mundo, como tantas veces se ha dicho y nos han enseñado, sino que sería más apropiado decir que la constató

¿Qué sabían sobre las dimensiones de la Tierra antes de partir?

Lo que no se conocía era el tamaño del mundo. Esta era la cuestión de debate del momento, con el asunto encendido tras el descubrimiento de América por parte de España, y la llegada a India e Indonesia por parte de los portugueses después de rodear África, con ambas potencias sumidas en una frenética carrera por ampliar sus dominios y por hacerse de la Especiería y de su comercio.

El tratado de Tordesillas firmado en 1494 entre los Reyes Católicos y el rey Juan II de Portugal organizó los dominios de ambas potencias.

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Dimensionar el mundo era todo un reto.

Durante los 25 años que transcurrieron desde que Colón volviera dando noticia de las nuevas tierras descubiertas, hasta que Magallanes y Rui Falero se presentaron en la corte de Carlos I para mostrarle su más que audaz proyecto de alcanzar las Islas de la Especiería navegando por poniente, la cartografía y la geografía habían pasado a ser las ciencias del momento, propiciadas por la Casa de Contratación de Sevilla, que se convirtió en el Cabo Cañaveral del siglo XVI.

Había una competencia mercantil feroz entre la Corona española y la portuguesa. De ahí la necesidad de limitar la zona de cada uno.

¿Y por qué tanto empeño en llegar a las Molucas y conquistarlas?

Las islas Molucas estaban cerca del antimeridiano de demarcación que se había establecido entre los reinos españoles y el portugués durante el reinado de los Reyes Católicos, en el famoso Tratado de Tordesillas. 

Que la Tierra fuera más o menos grande haría que las Molucas quedaran a un lado o a otro de dicho antimeridiano de demarcación entre las coronas rivales.

Existe un Memorial atribuido a Fernando de Magallanes en el que justifica mediante diferentes datos geográficos que las Islas Molucas se encontraban dentro de la demarcación castellana del Tratado de Tordesillas. (Archivo General de Indias, Sevilla)

Centrándonos en el viaje propiamente dicho, las 5 naves surcaron el océano atlántico hasta las costas americanas sin descanso ni paradas. Magallanes se cercioró para que su primera parada fuera en terreno castellano: en la  llamada Bahía de Santa Lucía, que a día de hoy se identifica como la Bahía de Sepetiba. Está algo más al Oeste que Río de Janeiro. Si nos fijamos, coincide exactamente con la ubicación de la línea de demarcación del Tratado de Tordesillas tomando 370 leguas al Oeste de la isla de San Antón de Cabo Verde, y leguas de 5,5 km.

Bajando por la costa americana llega hasta el estrecho de Todos los Santos, que luego llevará su nombre (Estrecho de Magallanes), Magallanes intenta alcanzar las islas de las especias, las Especierías, navegando hacia el oeste.

Comienza una dura y larga navegación por un desconocido océano.

Tras una serie de incidentes, ya en Filipinas —donde Magallanes muere en combate con los indígenas de la isla de Mactán (27 de abril de 1521), la expedición solo cuenta con dos naves:

  • la Trinidad, al mando de Gómez de Espinosa, que era el alguacil,
  • y la Victoria mandada por Juan Sebastián de Elcano, que había sido maestre de la Concepción.

Después de navegar entre islas, la Trinidad y la Victoria llegan a Tidor (Molucas Septentrionales), donde cargan las naos de especias. Pero por el mal estado de la Trinidad y de común acuerdo, Elcano sale de Tidor (21 diciembre de 1521), con sesenta hombres, quedando la Trinidad en tierra.

“Queriéndonos partir de las yslas de Maluco a la vuelta de España, descobrió una agua muy grande una de las dos naos de manera que no se podía remediar sin ser descargada, e pasado el tiempo de [que] las naos navegaba[n] para Jaba e Malaca, determinamos de morir o con grade honra a serviçio de tu alta magestad, por hacerla sabidora del dicho descobrimiento, con una sola nao partyr estando tal de bromas como Dios quería”. Carta del capitán Juan Sebastián del Cano al Rey, fecha en Sanlúcar de Barrameda el 6 de septiembre de 1522. (Nota: la broma es un parásito de la madera que la descompone).

“Y resolvimos mandar adelante a la nave Victoria para que no perdiese tiempo y llevase las nuevas al Rey mi señor, y nosotros quedamos aquí, donde espero en Dios, haber alistado la nave dentro de cincuenta días y venir por el Darién, donde Andrés Niño hizo las naves, y de allí por tierra firme para dar las nuevas al Rey mi señor”. Carta del escribano Juan Bautista de Punzorol a un personaje que no se nombra, en Tidore 21 de diciembre de 1521. (Nota: el Darién corresponde a los actuales Panamá y Norte de Colombia). 

Por la ruta de los portugueses, Elcano atraviesa el Índico sin escalas (5 meses), doblando el cabo de Buena Esperanza y arrumbando al noroeste. A pesar de que trata de evitar a los portugueses,

“Antes morir que entregarnos a los portugueses”,

el hambre, la sed y las tormentas le obligarán a recalar en Cabo Verde.

Pero, ¿por qué Elcano y la Victoria no volvieron por donde habían venido? ¿Por qué continuaron navegando hacia el Oeste?

La opción elegida por Elcano –y no lo olvidemos, también por los de la Trinidad hasta que en el momento de zarpar descubrieron su avería– implicaba riesgos aún mayores que la vuelta por el Pacífico porque iban a tener que adentrarse en territorio enemigo: la demarcación portuguesa del Tratado de Tordesillas.

Sin embargo, Elcano y sus hombres no dudaron en tomar ese camino porque en ellos se había despertado una enorme ilusión. Después de haber llegado al otro extremo del planeta, se sentían capaces de circunnavegarlo por completo. 

Finalmente, llega a Sanlúcar de Barrameda con 17 hombres el 6 de septiembre de 1522 (3 años menos 14 días).

Fueron los primeros en dar la vuelta al mundo: “Primus circumdedisti me”

La noticia de la llegada de la nao Victoria al puerto de Sevilla tras haber completado la primera vuelta al mundo corrió como la pólvora por toda Europa.

Fue considerada “la mayor y más nueva cosa que desde que Dios crió el primer hombre se vió” en palabras del cronista del. S.XVII Antonio de Herrera.

Y la apasionante historia de este viaje resulta hoy, casi 500 años después, tan atractiva como lo fue desde el primer momento.

Tan grande gesta no se entendería hoy. La valentía, el coraje, la aventura de saltar al vacío, el sacrificio y la generosidad con los demás, el respeto a la Corona, la disciplina y el acatamiento del encargo real no se entienden hoy.

¿Qué le ha sucedido al pueblo español que ya ni sabe ni conoce sus bellas y épicas gestas, nobles batallas y aventuras buscando la gloria de Dios, conversión de los paganos y la prosperidad de sus compatriotas?

¿Qué nos pasa que ni queremos acordarnos de lo que somos, enraizados en lo que fuimos a través de lo que hicieron y vivieron nuestros antepasados?

¿Quizás porque la deuda es enorme y no soportamos tanto peso? ¿Porque tendríamos que ser mejores, no por serlo sino porque esa herencia nos hace mejores sin merecerlo?

Todas estas bellas páginas de nuestra historia están siendo ahora manchadas con la inmundicia del maligno. Y todos somos cómplices, por omisión, por silencio y por inacción de los llamados “buenos”. Porque los “malos” sí que hacen. Escupir en la historia, en la memoria de nuestros muertos y en el mismo corazón de nuestra Nación.

Por Redaccion

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