El saqueo de Mahón. Un lejano 4 de septiembre de 1535 que debemos mantener en la memoria | José Crespo

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Voy a referirme ahora a un hecho concreto para luego pasar a lo que considero una prueba de burdo adoctrinamiento que padecemos. Hace unas semanas un amigo me enviaba una bellísima foto de la costa menorquina, y en concreto de una paradisíaca cala, que en momentos de nuestra historia pasada, fue un lugar de crimen y violación. Me refiero a una cala cuyo nombre lo dice todo, me refiero a la ‘Cala del Degollador’, lugar donde desembarcaron los turcos en el Siglo XVI, matando a la mitad de la población, llevándose a la otra mitad como esclavos a Constantinopla. Fue un día terrible que aún se recuerda como el ‘día de la desgracia’. Me comentaba que incluso hoy día quedan en Estambul descendientes de esclavos menorquines. Durante el siglo XVI, la isla de Menorca fue atacada por fuerzas islámicas dos veces, primero sobre Mahón, hoy capital de la isla, y cinco años más tarde sobre Ciudadela.

Recordemos que el ‘Cristianísimo” Francisco I de Francia tenía cedidos algunos puertos a los turcos para que desde allí, empleándolos como bases de operaciones, pudieran atacar las costas españolas e italianas desoladas por la piratería berberisca desde la Edad Media.

Los mahoneses para evitar la esclavitud pagaron un tributo entregando un número de mujeres vírgenes, no así ocurrió con Ciudadela que fue brutalmente atacada el 9 de julio de 1558, reinando en España Felipe II, y en Turquía Suleimán “el magnífico”.

Las órdenes redentoristas llevaron a cabo por todo el imperio español una colecta con la intención de acudir a los puntos de localización de esclavos y pagar por su liberación. Concretamente en lo referente a los esclavos tomados en Ciudadela, el rey Felipe II envió a un fraile unos años más tarde con el dinero del rescate, pero algunos ya habían muerto, algunos se habían podido liberar y se habían quedado por allí, y el resto regresó a Ciudadela que en aquella época era la capital de la isla, capitalidad que se mantuvo hasta la ocupación inglesa durante el siglo XVIII.

El pirata otomano Jeireddín Barbarroja, Hızır bin Yakup, que sirvió bajo las órdenes del sultán turco Suleimán, saquea la ciudad de Mahón capturando 3000 prisioneros la mayoría mujeres y niños para los mercados de Estambul. Jareidín, su hijo Hasán y Sinán de Esmirla con 24 galeras y seis fustas se hicieron pasar por cristianos entrando en el puerto al grito de “¡España!, ¡España!”. El día 5 la ciudad fue totalmente saqueada a pesar de que la resistencia fue heroica al arrebatar a los turcos 6 banderas y ocasionarles 200 muertos.

Jeireddin Barbarroja fue uno de los más conocidos corsarios del siglo XVI junto con su predecesor y hermano Aruj. Ambos habían creado una sociedad pirata que llevó a los magrebíes, bajo los auspicios de imperio otomano, a alcanzar gran poder sobre el comercio del mediterráneo, basado en el saqueo, el robo, las violaciones y el crimen. Barbarroja se convirtió en una verdadera pesadilla para el imperio español de la época y para buena parte de la Europa cristiana de la ribera norte del Mare Nostrum.

 

Plaza del Borne en Mahón

Hoy podemos admirar el obelisco que se yergue en el centro de la plaza del Borne de Ciudadela que tiene 22 metros de altura, erigido en 1857 como recuerdo de la resistencia y derrota de la ciudad durante el ataque de la armada turca en 1558.

Yo me pregunto sobre los muertos, decapitaciones a la entrada de las ciudades, mostrando las cabezas humanas junto con cabezas de perro degollados, las conquistas a sangre y fuego desde la península ibérica, el Cáucaso, y hasta la India. La piratería y trata de esclavos, la ‘trata de blancas’, en el Mediterráneo desde la Edad Media hasta el siglo XIX, los atentados y asesinatos durante los siglos XX y XXI en nombre de Alá, la persecución y el genocidio a los cristianos orientales ocultado por la prensa “progre” en nombre del islam y el Corán… todo esto ¿es pura anécdota?… la verdad es que me induce un amargo sentimiento de pena y vergüenza.

 

Libro de texto sobre la invasión islámica

 

Concluyo estas líneas con un comentario, que me abrió los ojos definitivamente, que me hizo un representante cultural de una mezquita española cuando le hablé de las posibles coincidencias y motivos de colaboración ‘entre creyentes’.

Me dijo que si era así que por qué no me convertía al islam, y al decirle que de la misma manera que aquí en España y en Europa está permitida la libertad religiosa, igual debería ocurrir en los países islámicos, y que del mismo modo que en Europa se construyen mezquitas deberían poder ser construidas iglesias en los países islámicos, pero me contestó de forma categórica, que en materia religiosa “nosotros decimos que dos y dos son cuatro” y los cristianos decimos “dos y dos son cinco” por lo que ellos no pueden admitir que se propague una mentira. La cosa quedó finiquitada cuando concluyó aclarándome:

“Señor tiene usted un grave error de concepto aquí hay una mezquita y otras en otros lugares de España y de Europa, no por la voluntad democrática española o europea, nosotros también creemos en la democracia, en la democracia islámica, si en otro momento perdimos nuestras mezquitas es porque Alá nos castigó, si aquí hoy hay una mezquita es porque ha sido la voluntad de Alá, y tienen ustedes suerte porque en este caso Alá decidió que fuera de una forma pacífica, pero tenga usted muy claro, que los países donde hay un régimen islámico ya no tienen vuelta atrás, y que lógicamente si estamos convencidos de que los cristianos están en un error ¿Cómo esos países van a dejar establecer templos de una doctrina de la que están convencidos es errónea?, sepa que el objetivo y fin último del islam es llegar a todos los rincones y ser la única religión mundial, y así será… mediante la paz o mediante la guerra, y eso… depende de ustedes».

En aquel momento me despedí. Le dije que no podía desearle suerte pues para ello deberían de matar a mucha gente, entre ellos a mí, y eso no es motivo de orgullo, el hecho de expandir una religión matando al que resiste a la conversión.

 

(José Crespo | La Pasaeta)