El Peñón se aleja de su metrópoli por primera vez en 300 años al asumir el espacio Schengen de la UE. Sin frontera, los vínculos afectivos entre ‘llanitos’ y españoles se incrementarán notablemente

El histórico acuerdo alcanzado este jueves entre España y Reino Unido para que Gibraltar entre por primera vez en el espacio Schengen de la Unión Europea implica el futuro derribo de la Verja, una frontera física -pero también mental y social- que ha dividido durante décadas a los habitantes de la colonia británica de los españoles de la zona circundante del Campo de Gibraltar.

El fin que perseguían los gobierno de Pedro Sánchez y Boris Johnson cuando se sentaron a negociar era evitar un Brexit duro en el Peñón, pero la consecuencia del pacto implica un aspecto completamente novedoso: sin frontera, los vínculos afectivos entre los ‘llanitos’ y los españoles se incrementarán notablemente. 

Cuando se materialice el derribo de la Verja -en principio, dentro de seis meses cuando la UE y el Reino Unido firmen un tratado internacional específico sobre este asunto- y desaparezca el coronavirus, ya no habrá problemas para tomar con los amigos una caña en La Línea o una pinta en la Roca sin miedo a las largas colas en el paso fronterizo.

Los fines de semana han sido siempre una odisea para los gibraltareños que querían salir por la noche por La Línea. O viceversa, cuando los linenses querían apurar una copa en los pubs de Main Street, la calle más populosa del Peñón. Todos ellos tenían el temor a no poder cruzar la Verja a la vuelta. 

González Laya en su comparecencia de este jueves.
González Laya en su comparecencia de este jueves.

Hubo un tiempo no muy lejano, antes de que el régimen de Franco cerrase la Verja, que en Gibraltar había tablaos de flamenco, corridas de toros y los jóvenes eran del Real Madrid o del Barcelona antes que del Manchester United o el Liverpool. Todo aquello se perdió con el cierre a cal y canto de la Verja, de 1969 a 1982.

El Gobierno español se plantea ahora cambiar esta dinámica y ganarse poco a poco «las mentes y los corazones» de los gibraltareños, como afirmaba hace algunos años un negociador español del dossier de Gibraltar. La ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, dejó claro este jueves que la reclamación española del Peñón es irrenunciable, como lo es para los británicos el seguir en la Roca a perpetuidad en virtud del Tratado de Utrecht.

Pero sin frontera física, ¿qué derroteros tomará el contencioso? La jefa de la diplomacia evitó hablar de cosoberanía, pero sí introdujo términos que se acercan a ello. Por ejemplo, subrayó la «interdependencia» que se crea a partir de ahora entre Madrid y Londres para gestionar todo lo relativo a los controles fronterizos. Incluso, deslizó la palabra «corresponsabilidad«, que viene a ser algo parecido a la cosoberanía pero sin banderas.

Cuatro años con Frontex

En Exteriores se valoraba muy positivamente este último día de 2020 por los nuevos escenarios que se abren. Por ejemplo, el Peñón se aleja de su metrópoli por primera vez en los últimos 300 años, al asumir que es mejor vivir en el espacio Schengen de la UE… que le ofrece España con la mano tendida.

Los controles aduaneros en el aeropuerto y en el puerto de Gibraltar tendrán que ser gestionados por la UE, que es casi como decir por España, pues se tiene que saber quién llega a la Roca por aire o por mar para que luego estas personas se puedan mover libremente por el espacio común europeo.

Durante un período transitorio de cuatro años habrá agentes de Frontex realizando estas tareas en coordinación con funcionarios británicos dentro del aeropuerto situado en el istmo y del puerto, la vía de entrada utilizada por las compañías de cruceros.

Nada impide, a priori, que un guardia civil o un policía nacional se coloque un brazalete con la bandera de la UE para realizar este trabajo, aunque lo lógico es que inicialmente sean otros agentes europeos los que sellen los pasaportes para no herir sensibilidades en el Peñón.

Despegue de un avión desde el aeropuerto de Gibraltar.
Despegue de un avión desde el aeropuerto de Gibraltar. Gobierno de Gibraltar.

Otro punto de enorme trascendencia es que a partir de ahora un británico -o cualquier ciudadano de la Commonwealth- que quiera visitar Gibraltar deberá llevar consigo el pasaporte, pues la Roca queda dentro de la UE a efectos de frontera. Es como si a un español se le exigiera lo mismo para viajar a las Islas Canarias.

Los gibraltareños estarán exentos de este trámite cuando salgan o regresen al Peñón, al ser ciudadanos de Schengen como un español o un francés, por poner dos ejemplos, de modo que se rompe un vínculo entre los ‘llanitos’ y los habitantes de la metrópoli. No será lo mismo ser inglés que gibraltareño cuando se quiera viajar desde la colonia.

(Antonio Rodríguez. Voz Populi)

Por Redaccion

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