El chivato que entregó a Miguel Ángel Blanco vuelve al pueblo con honores

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Son las dos caras de una misma realidad. La cruz la simbolizan los Blanco-Garrido, la familia que, devastada tras el secuestro y posterior asesinato de Miguel Ángel, escapó de Ermua (Vizcaya) en busca de un nuevo comienzo. En el otro extremo se encuentran los verdugos del joven concejal, así como quienes les guiaron hasta su objetivo. Entre estos últimos destaca la figura de Ibon Muñoa (Éibar, 1958), el hombre que proporcionó a ETA la información necesaria para perpetrar el crimen y que acogió en su casa a los terroristas. Tras pasar los últimos 20 años entre rejas, el que fuera edil de Herri Batasuna (HB) ha recuperado la libertad y ya es uno más en su tierra, donde los batasunos le han recibido con honores.

Es el tributo que el sector más radical del nacionalismo vasco brinda a los etarras que, como Muñoa, se mantienen firmes durante su estancia en prisión y evitan repudiar la actuación de la banda terrorista. Por el contrario, el exconcejal de HB en Éibar, condenado en 2003 a 33 años de cárcel por su cooperación en el asesinato de Blanco, se mostraba altivo a su salida del centro penitenciario de Córdoba, a cuyas puertas esperaban simpatizantes y allegados entre ikurriñas y consignas en favor de los reclusos de ETA.

Pero el fervor con el que los radicales acogieron a Muñoa no representa el sentir mayoritario en Éibar, donde son muchos los ciudadanos que prefieren cerrar ese negro capítulo de su historia. «La gente está muy cansada de determinadas cosas, tiene otras preocupaciones», señala una vecina del municipio, al que apenas separan cuatro kilómetros de Ermua. «Solo él sabe lo que piensa en sus noches, que esas sí son de él», apunta otro rés.

Hay quienes inciden en que el etarra «ha cumplido con la Justicia», aunque echan en falta una muestra de arrepentimiento hacia las víctimas. «Si no hay un perdón es difícil que la herida se cierre -asevera un antiguo concejal de la zona-. Porque hay una injusticia no reconocida que es muy grave. Esa es la clave».

Familias rotas

Diversas voces aseveran, de hecho, que familiares de Muñoa han dado pasos en ese sentido e incluso han llegado a pedir perdón en sus entornos por todo lo sucedido en aquellos años. Pero más allá del arrepentimiento de los reos, las víctimas exigen el fin de «bienvenidas» como las que se organizaron precisamente en honor a Muñoa, un individuo que «vuelve a ser acogido por sus vecinos» cuando sus víctimas «están fuera». Son palabras de Cristina Cuesta, directora de la Fundación Miguel Ángel Blanco, quien denuncia que en ocasiones en la Comunidad Autónoma vasca «se acoge mejor a los terroristas» que a quienes padecieron la violencia de la banda. «No de manera activa, porque no todo el mundo grita de alegría, pero sí de una manera pasiva, no poniendo objeciones a que se realicen homenajes humillantes», argumenta.

Cuesta asume que Muñoa «ha pagado» por su crimen y «ya está en la sociedad vasca». «Pero la realidad de los hechos es que las víctimas están fuera», añade en referencia, entre otros, a Marimar Blanco, la hermana del concejal asesinado.

«En todos los fregados»

Aún quedan en Éibar huellas de aquella época, como la consultora en la que trabajaba Blanco, Eman Consulting. A apenas unos metros de distancia se encontraba la pequeña tienda de recambios y accesorios de coches de Muñoa, que era asesorada por firma del concejal del PP. Hoy, ese comercio se ha reconvertido en peluquería.

Antiguos concejales recuerdan a Muñoa como un agitador en la sombra. «Sabías que estaba ahí, siempre estaba metido en todos los fregados, pero en el Ayuntamiento era más como un cero a la izquierda», sostiene la popular Regina Otaola, quien califica al exrecluso de ETA como «el menos listo de los representantes batasunos». «O eso, o se hacía el tonto. Prácticamente en los plenos no hablaba nunca, era el que estaba por detrás», afirma.

La ahora diputada en la Asamblea de Madrid tiene un recuerdo amargo de sus años como concejal en Eibar, cuyos plenos «eran muy agrios, con muchos enfrentamientos». Sin embargo, asegura que nunca imaginó que Muñoa «podía llegar a hacer algo así». «Cuando salió todo a la luz nos quedamos congelados», destaca.

(Adrián Mateos. Diario ABC)